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Escrito por Horacio Marchand   
Miércoles 20 de Enero de 2010 17:05

El macho alfa, ése que con su liderazgo nos ayudó a sobrevivir a través de cientos de miles de años, que dominaba y orquestaba la cacería,

que solía reservarse los mejores alimentos y las más atractivas compañeras, está vivo en las oficinas corporativas y empresas de hoy.

Se observa caminando por los pasillos, alto y atlético, vestido impecablemente, portando un reloj de moda, zapatos boleados y corbata roja. Lo ubicas fácilmente interactuando en las juntas donde el primer punto en la agenda siempre es establecer su jerarquía, liderar la conversación, hacerse notar, resumir las ideas y disparar acciones.

Cuando se juntan varios machos alfa, en particular si pertenecen a tribus diferentes (otras compañías o sucursales) es fascinante observar que el primer 20% de la reunión está cargada de tensión.

El requisito para los buenos acuerdos es que todos salgan bien librados en su ego. 'Saving face' es la condicionante para que fluya la discusión y se construya a partir de ahí. Si alguien es atacado en su ego, malo el cuento. El que se siente agredido inmediatamente se revierte a sus "cerebros inferiores" y la capacidad de raciocinio, la objetividad y la lucidez se escapan por la ventana.

El macho alfa que es agredido en su ego tensa su postura, polariza su posición y prepara el ataque de regreso. En la primera oportunidad dispara y si logra su objetivo, se tendrá a otro macho alfa herido y a partir de ahí la junta de negocios ya no funciona.

Comparar al macho alfa, y para el caso a toda la especie humana, con otros primates puede herir algunas susceptibilidades pero es que es imposible no hacerlo.

La teoría de Darwin fue un escándalo en su época pero se encargó de abrir el camino para otros científicos de diferentes disciplinas como psicología evolutiva, antropología y etología que acabaron, quizá sin quererlo, por enriquecer su tesis.

El más famoso de los etólogos contemporáneos, Desmond Morris, bautizó al homo-sapiens como el "mono desnudo", por la ausencia de pelo en la piel en comparación con otros primates, por la similitud conductual y en particular porque el 98% del ADN de un chimpancé es idéntico al nuestro. Para darnos una idea del grado de similitud: el número de las diferencias genéticas entre humanos y chimpancés es unas 10 veces menor que la diferencia entre ratas y ratones (semanario científico Nature).

Es por esto que conviene detenerse y mirar a los ejecutivos de una empresa, así como líderes políticos, como primates interactuando unos con otros que buscan incrementar su dominio, acumular más poder, imponer sus reglas y tener mayor acceso al sexo femenino.

El primate de un ejecutivo está escondido detrás del traje y la corbata.

El pelo lo elimina o lo modela: se rasura todos los días, se quita el pelo de orejas, nariz y, en algunos casos, hasta de pecho; su olor "primitivo" lo oculta con una ducha diaria, se pone loción y desodorante; no camina, como lo hicimos por milenios: llega en Audi, BMW o Mercedes; sus necesidades fisiológicas las bloquea: horas en junta sin pararse al baño, sus ruidos corporales se los aguanta; sus cerebros reptiliano y límbico los esconde tras un halo de civilidad y sofisticación de lenguaje.

También conviene recordar que tenemos "tres cerebros", conforme lo describe el neurólogo P. MacLean: El cerebro primitivo es el reptiliano, el "intermedio" es el límbico, y el superior es el cortical, que se divide en dos hemisferios y en cuatro lóbulos.

Por más que neguemos la evidencia de nuestra configuración primitiva, nos hagamos ilusiones de nuestro distingo racional frente a otros animales; por más que seamos herederos de movimientos ideológicos como el Renacimiento, la Ilustración y la Revolución Industrial, somos primero carne y hueso, reacciones bioquímicas y descendientes de cavernícolas y "salvajes".

Por más que el método científico nos genera una ilusión de control y de sapiencia, seguimos siendo primates. Nuestra similitud biológica con el chimpancé y las características históricas de nuestra evolución, siguen vivas y tan evidentes como en el caso del macho alfa, así como en manifestaciones conscientes e inconscientes en nuestras conductas, pensamientos y creencias.

Y ensimismados en nuestra ilusión, arrogantes en nuestro alcance, nos encargamos de destruir al medio ambiente, de contaminar nuestro aire, de acabar con los ecosistemas, de violar sistemáticamente el flujo natural y sobre todo, de confundir lo que significa progreso.

Artículo leído: 959 veces.
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Inovercy said:

Equivocado.
Te equivocas amigo NO SOMOS PRIMATES SOMOS HOMINIDOS!! aunque sea un solo cromosoma en que nos separara de los primates ese unico nos haria una especie distinta.. similar pero no igual. otra el macho alfa humano no es el metrosexual que describes.. el macho alfa viene en formas distintas cada vez y de apariencias diversas.

 
febrero 22, 2010
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Última actualización el Lunes 22 de Febrero de 2010 10:27
 

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