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| Mentiras y mentirosos |
| Estrategia y Management | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 20 de Julio de 2007 16:18 | |||
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Todos somos mentirosos. Mentimos cuando decimos una cosa y hacemos otra; cuando elaboramos algo para engañar; cuando omitimos información; cuando la presentamos con un ángulo diferente para dar otra apariencia. En las juntas de negocio y presentaciones de power point, se si pusiera un timbre fuerte que pitara por cada mentira, omisión, sobre o sub-estimación de las cosas presentadas, no dejaría de timbrar. Quizá hasta ensordecería a los asistentes y no los dejaría pensar. Es que las presentaciones en muchos casos están maquilladas, retocadas, seleccionadas. Se ensayan, se revisan, una y otra vez, hasta que quedan “convincentes” ¿Cómo te fue en la junta? Esta es la pregunta más común, y trae la connotación de si la libraste? Te felicitaron? Te pescaron en algún error o desinformado? He visto gente buena que no sabe presentar bien y la crucifican sistemáticamente. He visto gente floja, incompetente, sin ningún interés por la empresa, pero que las presentaciones las maneja de maravilla, sabe qué y cómo armar las filminas además de presentarlas como lo harían los mejores actores. Y ¿qué es lo que acaba pasando? Al bueno desarticulado lo dejan ahí en su puesto, mientras que al malo, articulado, seguro, buen actor, lo promueven. Es que los jefes en ocasiones están tan apartados de su gente que sólo con las presentaciones mensuales los miden. Y los subordinados que ya le entendieron el juego político, y leyeron bien al jefe, simplemente se pulen y se afinan en esa fecha crítica y listo. Los subordinados le mienten a los jefes, los jefes a sus jefes, y los jefes a sus directores funcionales; luego la mentira llega al director general y éste a su vez miente al Consejo de Administración. Si la empresa cotiza en bolsa, entonces una vez más se miente a los inversionistas y al público en general. Basta con ver los escándalos por fraude que aparecen por el mundo donde la mentira ya no fue sostenible. Y estos son los que agarran y que son compañías públicas que de plano no pudieron tapar. Abundan los casos en que, en privado, optan por hacer borrón y cuenta nueva. Dicen que los números no mienten pero el que miente es el que los calcula y los presenta. Brevemente menciono algunas de los “ajustes” más comunes en los números: Se reportan ventas que todavía no lo son, o se desfasan de período; cancelaciones que no se contabilizan o se desfasan para ejercicios con mejores resultados; pagos a proveedores que se hacen parcialmente, en abonos, y que no se reportan en cuentas por pagar vencidas; cuentas incobrables no reportadas o no registradas por cambios de criterio; utilidad bruta alta pero el costo de ventas está erróneo o se diluye al repartirlo en otras cuentas; falta de efectivo por excesos de inventarios no reportados o sobre-inversiones en activo que no se monitorean; esfuerzos apantalladores en reducciones de gastos pero que impactan poco. Algunos directores generales me dicen que ellos pueden leer las maquinaciones con sólo echarle un vistazo a los Estados de Resultados pero no siempre es en buen tiempo. Si realmente quieren saber la infinidad de formas de alterar los números hablen con los auditores internos y externos, ellos son los expertos en esto. También están los cambios estéticos, algunos ejemplos: una gráfica de cambio porcentual luce muy diferente si se presentan, o no, períodos anteriores; lo mismo si toman en cuenta pesos o dólares o si los parámetros en una gráfica los amplían o los reducen. Y eso que hablo de números, ni para qué imaginarse cómo se amplía el panorama para mentir, o representar de manera sesgada, cuando se involucran aspectos cualitativos, en particular los de personas. El dilema clásico es entre corporativo y las divisiones; entre central y las sucursales; entre los que están cerca del jefe y los que están lejos; entre doméstico e internacional; entre el área dominante y la que quiere dominar. Y están las broncas personales, los piques entre los directores, los celos, la competencia, las proyecciones. Hay negocios tan buenos y tan nobles que venden y ganan tales utilidades que le dan margen a la gente que los maneja a que se la pasen haciendo “grilla”, reportitis, presentitis, juntitis, y todas la “itis” del mundo. Se generan trabajo unos a otros porque el negocio se maneja sólo. Échenle, peléense, desgástense, que el negocio aguanta. Hasta que ya no aguanta. En buena medida, mentir y hacer política se ha relacionado a la psicología evolucionista y se ha visto como un medio más de supervivencia de la especie; incluso nuestros primos hermanos, los chimpancés, tan pronto aprenden a utilizar el lenguaje de signos manuales, se les ha visto mentir para obtener más alimento o para que nos los regañen. Douglas MacGregor, de los bastiones de la administración científica, tenía su Teoría X y Y, donde decía que había dos perspectivas básicas sobre las personas. Una decía que la gente era esencialmente floja y mañosa, la otra que la gente esencialmente era trabajadora y honesta; pero no todo mundo está de acuerdo con esto. Me lo dijo un amigo español: el 80% de la gente que tenga la ocasión, roba a la empresa; el 10% siempre la va a robar aunque no tenga la ocasión y sólo el 10% no le va a robar aunque tenga la ocasión. El resumen está bravo: hay que cuidarse del 90% de la gente. Me lo dijo un jefe puertorriqueño: si quieres agarrar a alguien en curva, sólo revísale bien las cuentas de gastos, ahí los agarras a casi todos. Me lo dijo un jefe mexicano: no es que siempre te quieran robar dinero, es que no quieren quedar mal y maquillan los números. Y llega el momento que una empresa buena ya no lo es o simplemente perece. Las preguntas clásicas: ¿Por qué nadie dijo nada? ¿A quién le tocaba esto? ¿Cómo permitieron esto otro? Artículo leído: 1140 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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