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Estrategia y Management
Escrito por Horacio Marchand   
Viernes 28 de Febrero de 1997 10:17
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Cada año, el Gobierno estadounidense decide de manera unilateral, qué países califican como "socios" de Estados Unidos en la guerra al narcotráfico.

 

 

La certificación no es una estrellita en la frente. El país que no sea certificado, no sólo se gana una mala reputación. También se hace acreedor a una serie de sanciones económicas y comerciales. Las consecuencias para los reprobados son serias.

Nos encontramos a escasas horas de que la decisión de Estados Unidos sea tomada en relación a México... todo parece tomarse en cuenta: que si nos merecemos la certificación, que si fueron suficientes los arrestos, que si hicimos lo mejor que pudimos, que si nos parecemos a Colombia, que si somos una narcodemocracia, etc.

En medio de este baile político-económico-social, sería bueno analizar la lógica detrás de la política de la certificación bajo las leyes del mercado; bajo la perspectiva de oferta y demanda.

La certificación en sí misma tiene connotaciones de que el problema radica en los países productores de drogas. Se presiona, y se piden resultados, a los Gobiernos latinoamericanos a que controlen a su gente. A que castiguen, a que luchen y gasten recursos para combatir al narcotráfico antes de que llegue a Estados Unidos.

Pero atacar el lado de la oferta y restringirla, ocasiona que cualquier producto, incluyendo las drogas, suba de precio. Las leyes del mercado dicen: al haber menos oferta, y mantenerse la demanda, el precio tiende a subir. También sube el margen de comercialización, se hace más atractivo el negocio y de ahí el interés de entrar o permanecer, a cualquier precio, en el negocio de las drogas.

Para confirmar lo anterior, basta con analizar las partidas del presupuesto solicitado por la administración Clinton: el 66 por ciento, va destinado a un ataque frontal hacia el lado de la oferta, un 23 por ciento está destinado a un rubro medio vago denominado "reducir costos a sociales" y solamente el 11 por ciento a la prevención y campañas publicitarias.

Otro sería el efecto si lo que se disminuyera fuera el consumo; si se influyera en la demanda en lugar de la oferta. Al bajar la demanda, y mantenerse el nivel de oferta, entonces el precio tendería a la baja. Como consecuencia, los márgenes de comercialización se disminuyen y deja de ser tan atractivo el dedicarse a las drogas.

Entonces la conclusión obvia es que la batalla principal de los estadounidenses no está al sur del Río Bravo. La lucha está en el mismo corazón de Estados Unidos. En un mercado que paga bien la droga y parece que, infelizmente, cada día quiere más.

Una demanda fuerte es un imán para empresarios. Un alto margen de comercialización atrae inversionistas. Hacer el negocio más atractivo limitando la oferta sólo hará que sea mejor negocio. Concentrarse a disminuir la oferta para solucionar el problema no soluciona nada, es una ilusión.

Hagamos otra analogía para ilustrar las fuerzas del mercado. La inmigración ilegal es otro espinoso asunto entre Estados Unidos y México que se puede ver bajo la perspectiva de oferta y demanda.

Pero antes midamos la dimensión del fenómeno. En un estudio realizado por el periódico El Financiero, se asegura que si el flujo de dólares de los indocumentados mantiene su tendencia, para el año 2000 representará el tercer rubro de entrada de divisas a México, después del petróleo y del turismo. A los llamados "ilegales", no se les puede detener. Ni "la Migra" más sofisticada, ni la Helms-Burton; el fenómeno de los indocumentados no se soluciona "amarrando" a los mexicanos y forzándolos a que se queden en su País. Tampoco poniendo bardas, que nos recuerdan al muro de Berlín, como la que existe en la frontera de Tijuana y San Diego.

Aunque el verdadero fondo del problema es que no hay empleo en México, volvemos a caer en un problema de mercado. Si no les dieran trabajo en Estados Unidos (demanda), es decir si no "consumieran" trabajadores, se acababa el problema. Pero mientras el mercado siga pagando mejor que en México, a pesar de todas las humillaciones que reciben, los trabajadores seguirán trasladándose a Estados Unidos. El hambre es peor que la humillación. Qué pena.

Aunque ambos problemas, el narcotráfico y los indocumentados, no están necesariamente relacionados, se les puede buscar una solución de mercado.

Pero regresemos al asunto de la certificación. Bajar el consumo es la única manera real de combatir el narcotráfico. La pregunta es ¿cómo? Una posibilidad sería la publicidad, y vaya que los estadounidenses en eso son muy buenos. El mensaje podría ser algo así como: usar drogas es tonto, está fuera de moda, es para los perdedores y ya no tiene encanto.

Por ejemplo, en un anuncio reciente en televisión que sale al aire en Estados Unidos, aparece una bella rubia de 18 años mofándose de los muchachos que utilizan drogas. La chica se ve "mainstream". No parece "nerd" ni "fresa", al contrario, parece una de esas típicas jóvenes colegialas que todo mundo quiere invitar al baile de graduación. El mensaje es: si quieres salir conmigo, cerciórate que no seas de ésos que usan drogas.

Otro anuncio que ya no se ha visto últimamente, es el de los huevos fritos. El anuncio empieza cuando se ponen los huevos frescos en el sartén con aceite caliente, y de inmediato se empiezan a cocinar haciendo el clásico ruidito del ¡ssszzzsss! En medio del cocimiento, el humo, el olor y el ruido a quemado, se oye una voz que dice: "esto es lo que las drogas le hacen a tu cerebro".

Ambos anuncios han tenido una buena aceptación, pero estos intentos se han visto tibios para lo que un Gobierno como el estadounidense pudiera hacer. Hacen falta más anuncios anti-consumo, con una concentración tan intensa como si fuera una campaña de Miller Lite, McDonaldís o Nike. Falta más consistencia, más bombardeo, más compromiso y más confianza en que esto pueda ser una solución.

El narcotráfico es un problema demasiado complejo; pero entre tantos intentos por solucionarlo, es inevitable examinarlo bajo una perspectiva de mercado y de industria... ojalá fuera así de sencillo.

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