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| Bardas e ilegales |
| Vida y Marca Personal | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Jueves 08 de Diciembre de 2005 08:43 | |||
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Hace años conseguí un trabajo en Alemania en una firma de consultoría. Tomé clases de alemán, leí sobre su cultura y me fui. El trabajo era en castellano porque buscaban la expansión a España, pero hablar cotidianamente alemán en la calle no fue sencillo; sentí que no tenían paciencia para la velocidad con la que articulaba las palabras. Desesperado, un amigo alemán me dijo que quizá me confundían con un ilegal italiano o turco y que esa era el problema. Lo resolví hablándole inglés a todo el mundo en la calle. De inmediato mi vida cambió. La gente pasó de ser indiferente e impaciente, a interesada y esforzada. Cuando a algunos les daba vergüenza su inglés, tímidamente y sonriendo, como excusándose, le hablaban a un compañero para atenderme. Aunque hoy la inmigración se considera un problema mundial, no siempre ha sido un “problema”. Hay contundencia histórica de que el intercambio y el movimiento de gente facilita procesos de desarrollo, de descubrimiento e invención. La migración le da fuerza a los países porque se amalgaman talentos, visiones y energías que precipitan el crecimiento y el auge económico. Y como en todo avance, hay costos. Hay precios que se pagan cada vez que se hace u ocurre algo que provoque cambio. Hasta México, exportador de millones de trabajadores, se siente invadido con los centroamericanos que cruzan por el sur. Los mexicanos nos quejamos del trato que reciben los paisanos en Estados Unidos, mientras que los centro y sudamericanos se quejan del trato que reciben en México. Estados Unidos se siente rebasado y busca detener el problema. Y digo “busca detener” con énfasis porque la solución estaría en “busca controlar. Es que nadie puede detener algo inmerso en las leyes de mercado impactadas por dinámicas y desequilibrios de oferta y demanda. Nadie puede, aunque Lou Dobbs, en su influyente programa televisivo de negocios-política, diga que Estados Unidos es tan poderoso que puede hacer lo que quiera si se lo propone. Y existe en el Congreso norteamericano la discusión de triplicar la barda metálica divisoria entre California y México. Al paso que vamos, no es descabellado pensar que se construirá eventualmente una gran barda a lo largo de toda la frontera. Es inevitable pensar en el Muro de Berlín. En ese muro divisorio y castrante equipado con guardias cargando metralletas. Y es inevitable pensar en el júbilo y la celebración mundial que causó cuando se destruyó. Niños, jóvenes y ancianos, con martillos y lo que fuese, derrumbaban al muro como emancipándose, como destruyendo la segregación y la denigrante diferencia. Y a pesar de que la historia y el contexto del muro de Berlín son totalmente diferentes a la potencial barda en la frontera de México-Estados Unidos, el simbolismo de exclusión es similar. Algunos datos: el número de inmigrantes ilegales en Estados Unidos ha aumentado de cuatro a once millones de personas en los últimos 20 años, a pesar de un aumento de 519 por ciento en los recursos financieros y 221 por ciento en recursos humanos destinados a controlar la frontera. Y vaya que si tienen derecho los norteamericanos de proteger sus fronteras. Tienen todo el derecho a manejar su casa como mejor les convenga. Pero el esquema por el lado de la oferta no les conviene a ellos ni a nadie (excepto a los polleros). Si la oferta de ilegales se restringe, y la demanda se mantiene, el pago por hora tenderá a subir lo que a su vez haría más atractivo y rentable cruzar a Estados Unidos. Lejos de ser una medida que amaine el problema, es como meterle gasolina al fuego. No puede ser que con tanta mente brillante los norteamericanos estén decididos a combatir la inmigración por el lado de la oferta, cuando es a todas luces un problema de demanda. Mientras siga habiendo demanda por nanas, cocineras, jardineros, plomeros, y hasta ingenieros o científicos mexicanos, nuestros paisanos seguirán yendo. En todo caso, la energía y la determinación debería aplicarse, entre otras medidas, a aquellos que contratan a inmigrantes ilegales. En serio. Que se les multe y castigue porque infringen la ley. Si los esfuerzos son adecuados entonces la demanda, y con ella el incentivo de irse hacia Estados Unidos, disminuyen. ¿Por qué no entienden esto? La propuesta de Bush, que se encuentra en medio de una de las bajas más pronunciadas en su popularidad, sobre un esquema de permisos temporales tiene una lógica de control, más que de prohibición. Y esto tiene sentido. Esto es un tema político pero determinado por la claridad de las leyes de mercado. Si se soluciona sería un logro para todo el continente así como para el mundo entero. Si en realidad se quiere acabar con el asunto de la migración ilegal, el tema tiene que centrarse en la demanda y en el control; no en la oferta y en la prohibición. Artículo leído: 1345 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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