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| La 22ª inteligencia |
| Vida y Marca Personal | |||||||
| Escrito por Horacio Marchand | |||||||
| Viernes 25 de Noviembre de 2005 09:28 | |||||||
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Había un listo-tonto, que a pesar de su capacidad intelectual no resolvía en lo práctico y nada le salía bien. Había un tonto-listo, que a pesar de sus limitaciones cognitivas, le encontraba el lado a las cosas y avanzaba. Había un listo-listo, que lo tenía todo y escalaba sin freno. Había un tonto-tonto, que parecía tener muy poco y estaba paralizado sin progresar. Cuando me refiero a un listo-tonto, lo “listo” se centra a las fortalezas intrínsecas de la persona enfocadas al raciocinio, conocimientos en general, capacidad de análisis, etc, mientras que lo “tonto” se refiere a que no sabe proyectarse dentro y fuera de la organización y no presenta resultados concretos, ni en forma ni en fondo. Y todos conocemos a alguien que de joven “no pintaba” ni lucía con un perfil de éxito y que ahora vale varias docenas de veces nuestro patrimonio; y también a alguien que “iba a la grande” pero que no puede siquiera despegar. Es que cuando se habla de inteligencia la pregunta obligada es: ¿inteligente para qué? Es conocido que la prueba de Coeficiente Intelectual (CI) deja fuera un número importante de características que también impactan al desempeño de la persona; incluso muchas de ellas, como matemáticas, razonamiento y vocabulario, están diseñadas más bien para la academia y rara vez funcionan como un predictor de éxito empresarial o en carreras corporativas. Y está la tesis de Goleman que argumenta que la mayoría de las decisiones y acciones tienen un componente básico emocional, desmitificando la racionalidad que se asocia a la especie humana. La Inteligencia Emocional incluyen por lo menos las siguientes áreas: Autoconocimiento emocional (o conciencia de uno mismo); Autocontrol emocional (o autorregulación); Automotivación; Reconocimiento de emociones ajenas (o empatía); Relaciones interpersonales (o habilidades sociales). Y está la tesis de Gardner que propone la existencia de Inteligencias Múltiples. Asegura categóricamente que no somos poseedoras de una inteligencia única y cuantificable, sino por lo menos de ocho inteligencias diferentes, cada una desarrollada de modo y a un nivel particular. Estas son: la Inteligencia Musical, Corporal-cinestésica, Lingüística, Lógico-matemática, Espacial, Interpersonal, Intrapersonal y Naturalista. Por lo anterior se puede concluir que el déficit, por llamarle de alguna forma, empieza desde la enseñanza básica porque se centra en las las inteligencias lingüística y matemática, dando una importancia relativa, casi insignificante, a las otras. ¿Y la 22ª Inteligencia cuál es? Es la que tiene que ver con la claridad de pensamiento. Esta inteligencia podría llamarse “la inteligencia de los negocios”. A la 22ª inteligencia todos la hemos visto en acción. Por ejemplo en una junta embotellada, cansada, tediosa, de repente alguien dice algo y todo cambia de espíritu; el ambiente se aligera, las cabezas asientan con aprobación, las miradas se preguntan: por qué nadie se había dado cuenta de esto? O también cuando una persona, en segundos, nos brinda una perspectiva fresca y nítida sobre algo que parecía agobiante y confuso. ¿Por qué le puse la 22ª? Podría haber sido la novena o la quinceava, Simplemente me pareció que sonaba bien la número 22. Es que aparte considero que las inteligencias humanas son ilimitadas y que simplemente las inteligencias conocidas y articuladas no tienen la capacidad para ubicar al resto. Por eso queda el espacio libre, de la 8ª de Gardner a la 22ª, para las que se vayan descubriendo en el camino. Algunas candidatas: inteligencia maquinal, inteligencia cibernética, inteligencia sensorial, inteligencia de diagnóstico (en medicina), inteligencia económica, inteligencia animal, por mencionar algunas. Al respecto de la inteligencia de los negocios, Patricia Russo, Presidente de Lucent Technologies, dice: “la gente que la tiene es rara encontrarla, pero si logras reunir un equipo de personas con claridad de pensamiento, las posibilidades son interminables”. Andrea Jung, Presidente de Avon, expresa que la claridad de pensamiento es la variable más importante que busca en sus altos ejecutivos y amplia el concepto diciendo: “he visto poca correlación entre la educación formal y aquellos que poseen claridad de pensamiento….algunos lo tienen, otros no”. Justin Menkes liga esta inteligencia a lo que él le llama Pensamiento Crítico y desglosa las capacidades en tres grandes bloques de lo que los líderes inteligentes hacen (Harvard Business Review, Nov 2005): 1.- Tareas y logros: define apropiadamente un problema y diferencia los objetivos relevantes; 2.- Gente: reconoce las agendas ulteriores individuales de los individuos involucrados, anticipa posibles reacciones de las personas; 3.- Ellos mismos, buscan retroalimentación para verificar si incurren en errores de juicio, reconocen errores y cambian de curso cuando es necesario. Menkes pone el ejemplo de Roger Smith Presidente de General Motors, que en los ochenta, ante la caída de participación de mercado y la eficiencia de los japoneses, decidió implementar un ambicioso programa para reemplazar una buena parte de la fuerza laboral con robótica. Esta transformación no vino barata, 45 mil millones de dólares después, con lo que pudo haber comprado tanto Toyota y Nissan, el problema persistía. El pensamiento de igualar robótica a recuperar participación de mercado y mejora en productividad no le resultó. Mientras se descubren más inteligencias, la 22ª nos da para la reflexión. Y si es que la claridad de pensamiento es tan importante, esto podría ser el comienzo de una era nueva en la educación infantil y ejecutiva. Ya es hora que el C.I. se acabe de replantear. Artículo leído: 1274 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (1)
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miyuki
said:
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la claridad de pensamiento ........ y la de sentimiento? nos puede tumbar la del pensamiento, equilibrio digo yo |
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