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Cazadores de formatos
Vida y Marca Personal
Escrito por Horacio Marchand   
Viernes 10 de Diciembre de 2004 11:52
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Nacer es bello y milagroso, pero también es un hecho que, al llegar al mundo, lo hacemos desnudos, solos y desorientados; quién sabe de dónde venimos y para dónde vamos. En nuestra necesidad de socializarnos y ser parte del colectivo, crecemos, miramos, aprendemos, copiamos. Buscamos intuitivamente adoptar el formato prevaleciente de nuestro entorno para no quedar aislados. Cuando niños, el formato adquiere una dimensión de supervivencia y de complacencia; cuando adultos, el formato adquiere una dimensión de respuesta y de transformación.

Ante la ambigüedad existencial, las contradicciones que nos caracterizan y las dudas que nos provocan, buscamos desesperadamente asirnos a uno o varios formatos.

En el fondo, anhelamos un formato para pensar, para sentir, para concebir una idea de Dios. En la forma, anhelamos un formato para vestir, para hablar, para desplegarse hacia el mundo. En lo práctico, anhelamos un formato para trabajar, para formar una familia, para lidiar con la cotidianidad.

Es que un formato nos da estructura para asentarnos y nos provee de objetivos, reglas, límites y procedimientos para conducirnos. Ahh, qué gran alivio, ya tengo un formato para x, z, w; me libero de la ambigüedad.

Cazadores de formatos. Nuestra condición de cazadores de animales ya no prevalece en el mundo contemporáneo. En lugar de cazar mamuts para comer y tigres para que no nos coman, ahora lo que cazamos son formatos de vida que se vayan adaptando a nuestra etapa y circunstancia.

El formato de lo espiritual lo recibimos de nuestros padres y, cuando menos lo pensamos, ya somos católicos, judíos, protestantes o lo que haya sido nuestra familia. Aunque hay una clara diferencia entre lo espiritual y lo religioso, la tendencia es a fusionarlas. Este formato nos explica de dónde venimos, por qué estamos en la tierra, a dónde vamos cuando morimos terrenalmente y qué es lo que nos espera después.

Ahora bien, supón que dices NO al formato. ¿Y luego? ¿De qué formato te cuelgas? ¿Qué estructura te organiza?

El formato del pensamiento típicamente se explica con el esquema Fe-Ciencia. Tras casi mil años de Oscurantismo medieval, de la negación de todo aquello que no fuera compatible con el dogma cristiano, nace lo que acabó por llamarse Ciencia. Y esta idea parece arrinconar a la humanidad: o eres creyente o eres científico, es decir, tu formato es uno de Dios o uno del método científico. Por más limitante y reduccionista que sea el planteamiento, esta forma binaria de pensar en absolutos es, infelizmente, prevaleciente.

El formato de la forma está expresado en la manera en que vestimos, hablamos, y nos desplegamos hacia el mundo. Y ahí estaba el tipo, hablando sin cesar, matando el tiempo en una sala de espera del aeropuerto. Se expresaba con el manoteo clásico, los gestos y poses habituales, las entonaciones propias de la región. Hablaba igualito que muchos de por ahí, y me recordaba a varios de mis amigos, al tiempo que me preguntaba si yo hablaba, sin darme cuenta, igual. Hay algo que nos delata.

Los comerciantes de Cancún o Acapulco son expertos. Basados en este formato, en segundos, te ubican si eres de la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Chihuahua, etcétera. Su tino es impresionante. Un día le pregunté a uno, tras haber sido testigo de cinco aciertos seguidos, y no supo exactamente qué contestar, sólo me dijo: pos se nota, joven.

El formato de la praxis involucra decisiones de si, por ejemplo, trabajamos para una empresa, o ponemos nuestro propio negocio. Y nuestra profesión y/o selección parece definirnos para siempre, como si fuera destino.

Un nuevo formato que está tomando fuerza es el de la segunda, tercera o cuarta carrera. La gente ahora vive más y tiene que enfrentarse a la obsoletización y/o aburrimiento del formato tradicional.

El construir una familia también está sujeto a formatos. Te casas o no, tienes o no tienes hijos, te separas o te divorcias, vives sólo o con alguien.

Cuando una persona se atreve a replantear los formatos prevalecientes suele escandalizar, como lo hizo Elizabeth Taylor hace años cuando le preguntaron que si casarse ocho veces no le parecía inmoral (traducción: ¿no se da cuenta Miss Taylor que nos confunde, que rompió el formato, cómo se atrevió?). Y ella contestó estoica que en su casa le enseñaron que lo verdaderamente inmoral era seguir casada con alguien que ya no amaba.

El espíritu libre de alguna persona por ahí puede estar pensando que los formatos no son para ella, que son limitantes y que enjaulan la energía creativa. Lo paradójico es que hasta un no-formato es un formato en sí mismo; y como todo, hay ventajas y desventajas.

Entre las ventajas de los formatos estarían: 1.- te dan un sentido de dirección, 2.- de serenidad, 3.- establecen reglas y procedimientos, 4.-proveen un vehículo de pertenencia, 5.- ilustran un plan de vida y, 6.- minimizan el dispendio de energía adaptativa.

Entre las desventajas: 1.- limita tu horizonte, 2.- te hace conformista, 3.- inhibe la creatividad, 4.- fomenta el borreguismo, 5.- reduce opciones de vida y, 6.- te aleja del proceso de generación de energía.

Entonces, podría concluirse que si se está en el extremo de la aberración por los formatos y la rebeldía crónica, la opción pudiera ser la de conceder, buscar y adoptar algunos formatos. Si se está en el extremo de la obsesión por los formatos y la aburrición crónica, la opción pudiera ser la de romper de tajo con algunos formatos.

Nuestra esencia cazadora nos lleva a un ejercicio constante de búsqueda, conquista y exploración de formatos. Como un ciclo recurrente que empieza y termina sólo para renovarse y moverse hacia lo nuevo y lo estimulante.

Quizá lo más importante esté en la capacidad para tolerar la ambigüedad, la contradicción, la complejidad, y a todo lo que finalmente nos hace humanos.

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