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¡Tiempo!
Vida y Marca Personal
Escrito por Horacio Marchand   
Viernes 24 de Agosto de 2001 11:35
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por Horacio Marchand - 24/Ago/2001

¿Habrá alguien que no le interese tomarse un período de su vida para hacer realmente lo que se le dé su gana? Se requiere de decisión para romper con la rutina, bajarse del tren, cambiar el juego, desacelerar.


En atención al número de mails y comentarios que generaron los artículos previos “El exceso del éxito” y “Escapismo”, surgen las siguientes líneas.

Era un Domingo en la noche y la familia regresaba a la ciudad de México después de un año Sabático. Había vivido en el montañoso Colorado, EUA, donde esquiaron en invierno y escalaron en verano. Convivieron como nunca: hicieron ejercicio, exploraron lugares nuevos, se hicieron amigos y llegaron a conocerse más entre ellos.

En el aeropuerto fueron recibidos por suegros, hermanos, primos, amigos; como si fueran héroes que regresaban de la guerra.

El jefe de familia empezaba a trabajar el día siguiente. Tenía quince días para entender cómo andaban las cosas en el negocio y que su socio, que se había quedado al frente durante todo ese año, le detallara pendientes. Ahora él, con todo y familia, se iba a tomar su Sabático. Como en una carrera de relevos donde uno se queda mientras el otro se va.

¿Sabrán algo ellos que nosotros no sepamos?

Lo que es un hecho es que los estilos de vida son dinámicos. Las generaciones cambian su conducta según su entorno y la etapa que les toca vivir.

Con Internet, las industrias editoriales y de entretenimiento, la información está impactando a los sistemas alternativos de vida, y emergen nuevas formas. En Italia se detecta una tendencia de hombres cuarentones que siguen solteros y su mamá les sigue lavando los calcetines, y que deciden no casarse, “posso aspetare” dicen cuando los entrevistan.

En México la gente se está casando más grande y el concepto de mamá-joven está cambiando; en ciertas sociedades cada vez se ven más madres o padres que viven sin pareja con sus hijos; también se ven noviazgos eternos que lo son todo menos un matrimonio formal o en otro extremo, la gente se casa varias veces, o cambia de carrera profesional sin problema.

¿Qué hace falta para vivir como uno quiere, o para decidirse a vivir un Sabático? O mejor aún, ¿Cómo hacerle para incorporar una sensación de Sabático en la cotidianidad de la vida?

Por el lado físico, tristemente algunos necesitan un infarto o enfermedad que represente el exceso. Por el lado de las relaciones interpersonales, otros necesitan la amenaza o la motivación de un divorcio o la ruptura con un hijo. Por el lado profesional puede ser un despido inesperado, un quiebre de negocio. Por el lado personal, un agotamiento crónico, un “ya no puedo ni con mi alma”.

¿Se tiene que llegar a este extremo para tomar decisiones?

¿Tan fuerte es el guión de vida que se impone desde la infancia? ¿Se podrá cuestionar? ¿Se podrá ser rebelde con causa?

¿Quién hizo el diseño de que la vida tenía que ser así?

Una autora norteamericana acaba de publicar un libro que describe lo que califica como un fenómeno social: señoras, entre los 35 y 55 años de edad empiezan a tomarse Sabáticos. En el caso de estar casadas, se negocia con la familia, y las señoras salen a realizar sus sueños: pintar, escribir, cocinar, acabar la universidad, estudiar una maestría.

Un Sabático permite revisar la dirección de vida, dialogar con uno mismo y en su caso con la familia, y en general, hacer cosas que normalmente no se hacen.

La gente de negocios empieza a detectar esta tendencia. Hay una agencia en Nueva York que se dedica a realizar los sueños más exóticos, por ejemplo: convivir una semana con monjes tibetanos en Dharmasala, India o con los indígenas en Chiapas; compartir los ritos de bizantinos en un monasterio en Meteora, Grecia; o vivir con los pocos Aborígenes nómadas de Australia.

También empiezan a aparecer los personal & career coaches, que como aquéllos que se pusieron de moda entre los ricos y famosos para su condición física, pero llevado a la parte profesional. En México las cosas cambian menos rápido pero los psiquiatras, consejeros, religiosos y hasta brujos de Catemaco, nunca habían tenido tanto trabajo, como si el mundo buscara orientación.

El hogar empieza a apreciarse como zona de trabajo, de descanso, de escape. Si la situación económica lo permite, está equipada con todo: computadora, acceso a Internet, cable, asador, brincolín, terraza; casi como si fuera un refugio del mundo. Faith Popcorn, le llama Cocooing, refiriéndose a nido. Se ve una explosión de servicio a domicilio y de llevar la tienda, el producto, la experiencia, al hogar.

La gran pregunta de la humanidad: si estamos de acuerdo que sólo se utiliza el 10% del potencial humano, ¿dónde quedó el otro 90%?

Quién sabe, pero por lo pronto hay que empezar a explorarlo. No se vale no cuestionarse, no hacer introspección, no tomar decisiones porque la corriente nos lleva. Tampoco tenemos que cambiar de estilo de vida ni de trabajo; pero hay que estar conscientes y con un grado saludable de cuestionamiento e innovación.

Como dijo Jorge Luis Borges:

“Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida. Claro que tuve momentos de alegría, pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben de eso está hecha la vida, sólo de momentos. No te pierdas el ahora. Pero ya ves, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo”.

Es triste morirse sin haber vivido, pero se podría empezar en cualquier momento, incluyendo este.

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