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Una víctima necesariamente adquiere cierto tipo de poder y una serie de ganancias secundarias.
No hablo de las víctimas de desgracias, de eventos desafortunados ni de injusticias, sino de los que se perpetúan en su posición existencial de víctima y la utilizan como perspectiva central para percibir e interactuar con el mundo.
No es lo que te pasa, sino lo que haces con lo que te pasa.
Aunque una víctima, bajo la definición que pretendo, muchas veces no necesita "que le pase algo" porque hasta se lo inventa.
Este proceso de víctima funciona en diferentes planos.
A nivel personal el mejor ejemplo son los personajes de telenovelas que viven aferrados a una desgracia o a una imposibilidad. Su "problema" lo hacen central en su vida y todo gira alrededor de esto.
A nivel empresa, por ejemplo, ocurre cuando el cuerpo directivo convierte en rutina el explicar por qué no llega a los resultados y/o por qué necesita más dinero. Las automotrices norteamericanas, que desde años deberían de haberse acogido a la quiebra, sumaron décadas de parálisis dando mil y una explicaciones. Si se les da dinero, otra vez, se eternizarán como víctimas. Es cierto que el entorno no siempre es favorable, pero resulta exasperante que se utilice para negar un mayor esfuerzo, un mejor diagnóstico, una mejor acción.
A nivel país, continente o región, es fácilmente distinguible el grado de autoestima nacional y orgullo patrio. América Latina no puede persistir en su posición de víctima explotada y ultrajada; esto nos tiene atados a un pasado impotente, infértil y de autodestrucción.
Los latinoamericanos tenemos que dejar de hablar del pasado y hacer, a partir de hoy, con lo que tenemos. Aferrarse al pasado drena la energía y mina al desarrollo.
Entre las ventajas de ser una víctima están: 1.- Evita responsabilidad. Como la persona está convaleciente, se siente mal, le ha ido mal en la vida, entonces se justifica que esté inactiva, triste y amargada. Una víctima se siente que no puede ser obligada a cumplir con sus compromisos "¿no ven cómo estoy?".
2.- Le brinda una ocupación. Una víctima se centra en su desgracia, se ocupa de su malestar de tiempo completo y evade la duda existencial y el reto de estructurar el tiempo. Hoy en día estamos provistos de diferentes bienes y satisfactores que facilitan holguras y subutilización de nuestras capacidades. Pero en base a la evolución de millones de años, la realidad es que estamos configurados para la lucha, el reto y la frustración; esto nos ha convertido en lo que somos. Luchar es vivir nuestro destino, sin lucha nos desmoronamos.
3.- Le provee de un vehículo de intimidad y contacto social. Ante la desgracia, la gente tiene sus temas de qué hablar, facilita la intimidad y provee a su vez la materia prima para que su grupo de amistades o colegas hablen de ella; mejor criticada que ignorada.
4.- Atrae a personas que juegan roles complementarios. Karpman articuló de maravilla a las tres figuras: a) víctima, b) persecutor, c) rescatador. La víctima, pobrecita, está a la merced de un persecutor sádico que sistemáticamente la hostiga y la humilla. Eventualmente aparece el rescatador, que salva, cuando menos temporalmente, a la víctima de la agresión.
Pero lo fascinante es que rara vez la víctima termina por salvarse porque se aferra a su condición y tarde o temprano regresa a ella. Además, los roles se "switchean" o se cambian y de repente la víctima se pasa a la posición de persecutor y acusa al rescatador de algo "mira, por tu culpa"; o el persecutor se convierte en víctima, como en los thrillers favoritos de Hollywood.
5.- Manipula e incluso extorsiona a quien tiene cerca. Una víctima se siente justificada para dictar órdenes, acusar, demandar. Si no le hacen caso "se pone mal, muy mal", y hace sentir mal a la gente.
6.- Ataca de manera pasivo-agresiva a figuras de autoridad. Como una extensión del punto anterior, una víctima desconcierta al más poderoso y lleva la dinámica hacia su "propia cancha".
Perpetuarse como víctima es típicamente un mecanismo inconsciente y por lo mismo tiene tanta fuerza, porque la gente no reconoce que se ha anidado en su posición de víctima.
¿Cómo ayudar a una víctima?
No la rescates. Si la rescatas puedes terminar tú como víctima: por andar de redentor sales sacrificado. Una víctima seguirá de víctima mientras no asuma su responsabilidad y se adueñe de sus acciones.
horacio@horaciomarchand.com
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