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| Zombismo |
| Vida y Marca Personal | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 23 de Mayo de 2003 16:45 | |||
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Te miras en el espejo y lo confirmas: te convertiste en un zombi. Deambulas por las oficinas sin dirección y sin energía. Estás tan ocupado con la rutina que ya no piensas claro. Todo te parece igual y la pasión se extingue. Te sientes como un guerrero domado que ya terminó de luchar. Como si la vida se te hubiera impuesto y te sientes atrapado por la inercia.
Tu anhelo ha quedado reducido a pasar y sobrevivir el día. En la noche el estado persiste: llegas a la casa, saludas, platicas algo y ves mucha televisión. En silencio. Perdido. Ah, maldito zombi. Vete. Nadie te invitó. Zombi, ¿yo? Por mi parte lo confieso: yo he sido un zombi, aunque estoy casi seguro que en este momento no lo soy. Cuando menos eso espero. De repente, por un tiempo, en alguna u otra ocasión me he sentido atrapado, y es justamente en este estado cuando es más fácil reconocer a otros zombis en colegas, amigos y extraños. He constatado algo: el peor grado de zombismo es el que se niega, el que se reprime, el que se rechaza de manera absoluta, sin cuestionarse siquiera la posibilidad. El zombi lo serás tú. El zombi tiene el potencial de radicar en cada uno de nosotros. Parece ir y venir, como la gripe. A veces se hace manifiesto y logra dominarnos hasta en público; a veces se esconde, y está al acecho para que al primer indicio de debilidad, tome el control. Escapar del zombismo no es una lucha sencilla: sales dañado. Para liberarte, empieza por admitir la posibilidad de su existencia. Nunca en la historia de la humanidad hubo tantos. Estudiosos e investigadores se confunden ante un mundo que progresa en lo científico y parece decaer en lo personal. Viktor Frankl, sobreviviente del Holocausto Nazi, afamado médico vienés, catedrático y escritor, atribuía -sin llamarle zombismo- a la falta de sentido en las personas, afirmó que el síntoma más representativo de esta carencia es el aburrimiento. Por eso la industria del bienestar florece y se multiplica como ninguna. Tiene por objetivo aliviar esta falta de sentido y cubre desde lo correctivo, lo preventivo y hasta el desarrollo del potencial humano: spas, centros de rehabilitación, de adicciones, deportivos, medicina alternativa, especialistas en estilos alternativos de vida, coaches profesionales y personales, especialistas de la salud. Billones de dólares al año, y tasas de crecimiento difíciles de calcular. Hace unos años Carl Rogers, ganador del Premio Científico de la APA (American Psychological Association), teorizaba sobre la idea de que una persona que realiza su pleno potencial es la antítesis del zombi. Por más subjetivo y abstracto que suene, Rogers persistió influido en parte por Kierkegaard: "ser realmente lo que uno es", y concluyó -gracias a sus prácticas e investigaciones- que la plenitud en las personas constaba en alejarse de algunas cosas y acercarse a otras. Alejarse: 1.- Alejarse de las máscaras. Alejarse gradualmente de aquello que no se es. Reconocer poses, o formas de ser que se adoptan para ser vistos "bien". Una máscara encubre al verdadero yo al grado que la persona acaba por no conocerse. Por ende, su vocación no la acaba de entender. 2.- Alejarse de los debo. Debo hacer x, y, z. Tengo que, tengo que. Estos mandatos gastan energía. La persona que vive en el tengo que, acaba agotada en su negación. Nada como la potencia de un yo quiero: y es ahí donde radica la fuerza esencial de la persona y donde nace la inspiración. 3.- Alejarse de las expectativas. Estudiar, casarse, tener hijos, trabajar, ocupar el puestazo, y bye. Esa, según Whyte y Watts, es la expectativa "normal" del mundo occidental. De lunes a domingo. El molde del joven que se enlista a la vida profesional y que ingresa a la organización debe ser tal, que la generación que la precede no batalle en manejarlos; que no rompa el molde con "introspecciones agitadoras". 4.- Alejarse de agradar a otros. Puede ser porque traigas a algún pariente "incorporado" en tu ser o alguna otra figura de autoridad. Sé un buen muchacho, obedece. Si no obedeces, entonces eres malo. Por eso está la distribución normal en estadística. No caigas en las puntas de la campana porque el mundo fruncirá el ceño, te dirá anormal. Acercarse: 1.- Hacia la autodirección. Cuando hay autonomía en las metas personales, las acciones empiezan a cobrar sentido. De esto están hechos muchos líderes. 2.- Hacia el proceso. La vida no es algo a lo que se llega, sino algo que se experimenta en el proceso de convertirse en persona y que nunca acaba por concluir. La persona que evoluciona acepta y aprecia el observar cambios gracias a su apertura al proceso. 3.- Hacia la complejidad. La vida no es binaria, ni de blanco o negro; se vive entre los decimales y los grises; entre la contradicción y el conflicto; entre fuerzas que parecen chocar y estirar simultáneamente hacia diferentes direcciones. Relax. Así es la cosa. 4.- Hacia la aceptación de otros. Maslow lo dijo: "nadie se queja de que el agua esté mojada o de que la piedra sea dura". Un buen comienzo para aceptarse es aceptar a otros, y viceversa. ¿Una industria creciente con oportunidad? La industria del bienestar personal. Los abogados parecen haber acertado en su terminología: personas físicas y personas morales. Y estos principios e ideas de Rogers parecen tener aplicabilidad para ambas figuras, las semejanzas son fascinantes. Ya pasaron casi 4 años que apareció en este mismo espacio el artículo de El Zombie, y por menciones hasta la fecha, sigue estando entre los más recordados. Si quieres una copia, escribe. Artículo leído: 1486 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (1)
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