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| ¿Feliz? |
| Vida y Marca Personal | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 14 de Junio de 2002 16:50 | |||
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"La felicidad se presenta cuando no se lucha por obtenerla". Chuang-Tzu (286 AC) Una cosa es luchar, esforzarse y procurar (strive) la felicidad. Otra cosa es crecer, prosperar y florecer (thrive) en la felicidad.
Pero el problema empieza en cómo definir felicidad.
La felicidad es un invento y un anhelo que por definición es inalcanzable.
La felicidad es algo que ocurre justamente cuando uno no la percibe.
La felicidad es un estado de satisfacción y relativa paz, que es más o menos permanente y prevaleciente en la vida de una persona.
La felicidad es lo que cada quien interprete como felicidad.
Ante las múltiples interpretaciones se antoja preguntar: ¿Feliz? ¿Con quién, cuándo, bajo qué circunstancias, por cuánto tiempo, a qué costo?
Tal pareciera que las personas están destinadas a una lucha sin final por la felicidad. Como Sísifo -mitología griega- que eternamente intenta llegar, pero que cuando está a punto de conquistar la cima de la montaña cargando una pesada roca se tambalea y vuelve a empezar desde abajo.
Como una insatisfacción permanente. Como algo que cuando se obtiene se desvanece, que cuando se logra ya se quiere otra cosa.
Lo que sí está claro es que una persona sabe cuando no se siente bien. Este sentimiento no requiere de una articulación: se refleja en la voluntad de pararse todas las mañanas a trabajar, en el ánimo después de la jornada, en las ganas de ver a la familia y/o amigos, en el deseo de hacer cosas diferentes y estimulantes, en la expresión sutil y tensa del rostro.
La industria de la persona, quizá la más loable y valiosa, está subinvertida. Las grandes empresas y talentos se han avocado a estudiar las enfermedades o discapacidades de las personas.
Hay toneladas de material sobre lo malo: depresión, ansiedad, angustia, esquizofrenia, insomnio, etcétera. Pero comparativamente, hay prácticamente nada sobre lo que hace a una persona feliz.
Se aprende de lo malo y de los errores, pero también se aprende de lo bueno. Lo bueno se puede replicar, difundir y modelar.
Aunque esta pregunta quizá convenga hacérsela a un filósofo, a un teólogo o a un psicólogo, también se la puede hacer cada quién:
¿Cómo hacerle para ser feliz?
Algunas recomendaciones recogidas de la vida práctica y algo de estudio:
1.- Actitud. La felicidad también se puede resumir como una actitud ante la vida. Hay gente que es expuesta a estímulos o eventos similares, pero que los filtran con una buena actitud. Al final del día una experiencia depende de cómo se percibe.
2.- Expectativas. La satisfacción es producto de las expectativas y de lo que se tiene. Entre mayor la brecha, mayor la insatisfacción.
3.- Autodisciplina. Es imposible concebir la felicidad sin un esquema de autodisciplina. Los grandes talentos de la humanidad, desde Einstein, Dalí, Bohr, Edison, Gaudí, han sido disciplinados. No hay talento que llegue lejos sin trabajo. La autodisciplina también proporciona autoestima y seguridad en la persona.
4.- Intimidad.- La persona necesita un cónyuge, compañerismo, noviazgo, amigos o alguien con quién compartir lo íntimo. La soledad es intolerable. Necesitamos a alguien, o un pequeño grupo de "álguienes", para comunicarnos, expresarnos y compartir.
5.- Estructuración del Tiempo. El ocio genera vicios. La gente no sabe qué hacer con el tiempo libre. Como si genéticamente estuviéramos programados para estar buscando amenazas en el ambiente y difícilmente pudiéramos quedarnos quietos. La estructura del tiempo es tan importante como el alimento. Lance Armstrong, campeón ciclista y ex víctima de cáncer, narra cómo tras la recuperación de la quimioterapia se dedicó a comer comida mexicana y a ver la TV. La esposa lo confrontó y le dijo que de seguir así ella se iba a poner a trabajar. Al día siguiente Armstrong regresa a la bicicleta y empieza su histórico retorno.
6.- Creatividad. Nada apaga más a la mente y al espíritu que la repetición; incluso la repetición de algo bueno. La persona es una fuente natural de creatividad, pero esta faceta está adormilada por la necesidad de pertenecer o estar afiliado a un grupo que demanda tácitamente no sobresalir o no ser diferente. Una persona se tiene que dar permiso de explorar su esencia y explayarse, aunque se equivoque.
7.- La química. Está comprobado que la química del cerebro nos hace propensos a determinados tipos de comportamiento. Puede ser hereditario, aprendido o una combinación. A un buen número de enfermedades se les llama desbalances químicos, que al balancearlos con sustancias la gente sana. Cuando se habla de felicidad o infelicidad, no se puede descartar la biología. En ocasiones el desbalance químico es promovido por cuestiones emocionales, y viceversa.
8.- El gusto.- También parece haber un elemento de disfrutar los placeres comunes de la vida: un partido del mundial, unos tacos al carbón, un vino tinto con un queso exótico, una bella mujer, una buena película, y que en suma, esto nos relaja y da placer. Este último punto es particularmente importante porque superficialmente es al que más acudimos los humanos, y podemos caer en excesos. Pero nótese que es un punto de por lo menos ocho.
La vida podría ser vista como una sumatoria de victorias diarias y cotidianas; combinada con una habilidad para postergar el placer hedonista en aras de metas mayores.
Conviene tomar en cuenta estos ocho componentes, seguramente habrá otros y si los tienen, por favor, envíenlos vía mail. Todavía hay mucho camino por recorrer.
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