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| Neuronas a la Orden |
| Vida y Marca Personal | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 24 de Noviembre de 2006 15:10 | |||
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¿Qué hacer cuando un gran líder organizacional, un empresario o el líder de una nación entera pierde su agudeza mental?
La idea puede ser aterradora: después de los 40 años nuestro cerebro empieza lentamente a encogerse en las áreas de memoria y cognición. Es cierto que la vejez tiene sus mieles y provee serenidad; también es cierto que nuestros músculos languidecen, la panza se nos cae, aparece la papada y en general perdemos vigor. Nuestro cerebro también se va apagando lentamente; perdemos capacidad de concentración y agilidad mental. Hay botox para las arrugas; liposucción para diferentes zonas; silicón para el busto; la ciencia ya puede "amarrar" al estómago para reducir el hambre; se pueden alterar los glúteos y hasta las piernas. La industria de los ajustes es billonaria por razón de que cada vez más se arraiga la idea de juventud eterna. Aparecen también el viagra y el cialis para reforzarles a los hombres su potencia sexual y la industria farmacéutica está en medio de una carrera sacando versiones femeninas. ¿Y qué pasa con la inteligencia? ¿Por qué no hacen algo que refuerce las neuronas y que prolongue su vitalidad? ¿Qué pasa con la lucidez y con nuestra toma de decisiones? Traemos confundida a la naturaleza porque nunca antes en la historia de la humanidad habíamos vivido tantos años. El promedio de vida sigue subiendo por el mundo y la edad de retiro de los 65 años es para muchos un insulto porque quizá estén en su edad más productiva. Para usar un cliché: la vejez no está directamente relacionada a la edad cronológica. No es un tema de edad, es un tema de lucidez, de acierto en las decisiones y de conductas. Las conductas viejas son sinónimo de inflexibilidad, de mirar hacia adentro y preservar al status quo; las conductas jóvenes son sinónimo de flexibilidad, de mirar hacia fuera y cambiar al status quo. Se podría resumir entonces que la actitud y el tono con los que se enfrenta al mundo son determinantes del grado de juventud que se tiene. Pero ¿qué pasa cuando la capacidad intrínseca disminuye, cuando se quiere pero ya no se puede, cuando sientes que tus neuronas no te responden igual, que ya no haces tareas múltiples como antes, que batallas para concentrarte y hacer la síntesis precisa para articular tu posición? ¿A partir de cuándo, y en qué momento, empiezan a hablar a nuestra espalda preguntando si ya estamos "chocheando"? Para prevenir esto, o en todo caso para disminuir la caída, la ciencia nos sugería aprender una lengua complicada, como el mandarín, hacer crucigramas, sudoku, trigonometría, estudiar un doctorado; todo con la idea de que se usa o se pierde, de que el cerebro es un músculo que hay que ejercitar. Esta idea prometía a su vez otra industria más: así como hay centros de estimulación temprana para bebés y niños, por qué no un centro de estimulación tardía para gente entrando a su vejez. Sin embargo, recién apareció nueva evidencia de que en lugar del reto intelectual es mejor ir al gimnasio o a un parque a caminar o trotar. Numerosos estudios confirman que el ejercicio aeróbico mejora los procesos de cognición y de memoria. Según Arthur Kramer, de la University of Illinois, los efectos pueden verse tan rápido como meses después de que la gente empieza ejercicio por un proceso de neurogénesis; es decir, nacen nuevas neuronas. Esto es maravilloso, con sólo tres horas a la semana de ejercicio aeróbico crece el volumen de materia gris y acelera las conexiones entre neuronas (publicado en el Journal of Gerontology: Medical Sciences). Entonces hay que poner a todos los directivos, líderes políticos, empresarios y, para el caso, a todo mundo que se dedica a tomar decisiones, en shorts y tenis. Si ya no es por razones de estética y vanidad, sí por razones de claridad mental. En otras ocasiones he escrito sobre la Inteligencia Número 22 (me permití arbitrariamente llamarle así) que es la que tiene que ver con la claridad de pensamiento. Esta inteligencia podría llamarse "la inteligencia de los negocios". Patricia Russo, presidente de Lucent Technologies, dice: "la gente que la tiene es rara encontrarla, pero si logras reunir un equipo de personas con claridad de pensamiento, las posibilidades son interminables". Andrea Jung, presidente de Avon, afirma que la claridad de pensamiento es la variable más importante que busca en sus altos ejecutivos: "he visto poca correlación entre la educación formal y aquellos que poseen claridad de pensamiento... algunos lo tienen, otros no". Justin Menkes (Harvard Business Review, Nov. 2005) liga esta inteligencia a lo que él le llama Pensamiento Crítico y cita diversos ejemplos de cómo la claridad mental puede funcionar como ventaja competitiva. A caminar, trotar o correr. Hoy. Artículo leído: 1194 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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