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Aquiles billetes
Vida y Marca Personal
Escrito por Horacio Marchand   
Miércoles 19 de Abril de 2006 11:41
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Antes, todos querían ser Aquiles: un semi-Dios pero muy humano; casi invencible pero emocionalmente vulnerable; decisivo, heroico, rebelde, al mismo tiempo que irracional, inestable y preso por su deseo de gloria.

Miles de jóvenes del mundo se inspiraban en las historias de Aquiles, Ulises, Héctor y Paris. La gloria, y su fama asociada, por siglos se creyó era la aspiración más noble y la manera de conseguirla era a través del valor y la proeza militar.

El mismo Alejandro Magno cargaba con las historias de la Iliada en su cabeza y, cuando llegó a lo que creía era Troya, fue personalmente a rendirle tributo a donde se decía estaba la tumba de Aquiles.

Si el modelo de antes era Aquiles, hoy todos quieren ser Bill Gates. Para los que les parece demasiado nerd quizá puedan sustituirlo por Steven Jobs. Para los más maduros Carlos Slim puede ser otro héroe moderno.

Así como los griegos, y posteriormente los romanos, extendieron su cultura a través del mundo, hoy los norteamericanos exportan su modelo capitalista/democrático pero no a la fuerza ni de manera frontal, como se le ha criticado a Bush, sino a través de herramientas más poderosas y sutiles: el cine, la literatura, la televisión, el teatro, la moda.

No hay nada más fuerte que dominar el discurso a través de narrativas. Y para eso, nadie la gana a los norteamericanos. Desde Hollywood inevitablemente se le da forma al mundo y a los valores de nuestra era.

Si antes la inmortalidad se manifestaba cuando una historia se mantenía viva y se contaba de generación en generación, hoy la inmortalidad parece alcanzarse con aparecer en la portada de Business Week o Expansión, o tener un programa de televisión como el que tiene Donald Trump o Martha Stewart.

En Estados Unidos los empresarios son héroes, modelos, casi santos. El psique y narrativa de Norteamérica está dominada por los negocios: time is Money, the business of America is business, nothing succeds like success; greed is good (a-la-Gordon Gekko). Y no nada más en Estados Unidos: el presidente chino va a ver a Bill Gates antes que a Bush, y niños coreanos abarrotaron el recinto con ansiedad para ver llegar al fundador de Microsoft.

El programa The Apprentice es quizá la escuela pop de negocios más grande del mundo. Las lecciones capitalistas son amalgamados con el estilo bully y despiadadamente pragmático de Donald Trump.

Tras la caída del Marxismo, el mundo, en general, quiere ser capitalista. Algunos tironeos hacia el pasado se manifiestan con vestigios populistas y cortoplazistas (léase Chávez y Evo), pero la tendencia contundente del mundo se desplaza hacia la fuerza de los individuos y la iniciativa empresarial.

Los crecimientos económicos más grandes vienen de naciones insospechadas; desde países eslavos, con nombres difíciles de pronunciar, hasta el capitalismo sui generis de China. Querer ser millonario ahora está bien, no te hace ya una mala persona.

Si antes el obtener la gloria era la aspiración del joven, hoy tiene que ser la acumulación de dinero. “Haz pesos, no pesas”, me dijo un amigo en alusión a lo que puede atraer al sexo femenino, “si tienes lana te van a querer aunque estés gordito”.

Si antes se entregaba la vida con tal de obtener la gloria, hoy se entrega por hacer dinero.

El Zeitgeist (el espíritu de los tiempos) se constituye por lo que la gente lee, ve, piensa y siente. Una narrativa cautivadora define las aspiraciones de las personas, así como su conducta y su rol de vida.

Entonces, de la acumulación de gloria pasamos a la acumulación de dinero; el péndulo se ha movido.

En primera instancia está la tentación de decir que hemos caído en el exceso monetizador, que hemos perdido el rumbo y que conviene retomar el camino donde está puesto el corazón, como decía Castañeda; ahí donde se siente un propósito y un llamado personal para asumirnos en búsquedas más nobles y en cierta forma regresar al pasado.

Y viene al caso mencionar lo que le pasó a Ulises cuando visitó Hades (a donde iban sus muertos) y ahí se topó con su viejo amigo Aquiles, el héroe más grande de Troya, al cual le preguntó cómo se sentía al haber logrado su propósito de gloria, que se contaran sus historias, que inspirara a jóvenes guerreros, que le compusieran canciones y le erigieran monumentos. Aquiles resignado contesta: “preferiría ser un esclavo vivo que un héroe muerto”.

Uff, ¿para qué tanto esfuerzo entonces? De que le valió a Aquiles toda una vida de búsqueda obsesiva? ¿Y el dinero? Se puede extrapolar algo? ¿Será la conclusión a la que llegaremos los Aquiles modernos?

¿Qué sigue, hacia dónde, qué mensaje escondido se está insertando en el psiquis de los jóvenes, a qué aspiran, hacia dónde se mueve el péndulo, quiénes son sus héroes?

Y finalmente, ¿qué piensan sus héroes de ellos mismos?

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