|
Hay ejecutivos apasionados. Se les nota cuando hablan, su gusto por lo que hacen, su nivel de energía y grado de involucramiento.
Por eso lideran, porque hacen que la gente crea en algo y tenga fe en la relevancia de un proyecto. Estar cerca de gente apasionada es una fortuna; como todo, la pasión se contagia y se multiplica. Y en sentido contrario, los desapasionados son lo peor que podemos tener al lado porque nos jalan para abajo y nos desaniman; son como un hoyo negro que se chupa la energía del resto. La pasión en el trabajo es crucial, pero dentro de las organizaciones es cada vez más difícil encontrarla. Tras el inicio jubiloso y repleto de sueños, la cotidianidad y el peso de la burocracia institucional acaban por imponerse. Tras el desencanto y la derrota personal inevitablemente se cae en el desencanto y la derrota corporativa. Un consultor especializado en el tema, Pedro Almaguer Prado, distingue entre 3 tipos de personas y estima que en el norte de México, por ejemplo: sólo un 15% de las personas que laboran en una empresa califican como Involucrados en su trabajo; un 50% como No Involucrados; y un 35% como Activamente No Involucrados. Es decir, el 85% de la gente que labora en una empresa ni le va, ni le viene. En función de lo anterior presento lo que llamo: las 9 A’s del Profesionista Frustrado. Es un formato que intenta proveer una referencia de análisis y de introspección. 1) El Agradecido dice: No le muevan mucho, aquí estoy bien, gracias. Este tipo de ejecutivo se siente afortunado de tener un trabajo como el que tiene. Gana bien, se acomodó a ése nivel de vida y saca a la familia adelante. En el fondo se siente inseguro de si podrá conseguir otro trabajo y por eso no le gusta “hacer olas”. Se aferra al status quo. 2) El Aburrido dice: Estoy aburrido, pero la culpa la tienen otros y por lo tanto no hago nada al respecto. Este profesionista ya no quiere ir a trabajar y le cuesta levantarse en las mañanas. Los lunes son aterradores. La monotonía la rompe enviando correos a sus amigos, chatea todo el tiempo, y vive en breaks de café y cigarro. 3) El Ausente dice: ¿Qué estoy haciendo aquí?. Se siente desfasado en tiempo y espacio. Anhela estar en otro lugar, vivir otro tiempo pasado o futuro. El presente lo confunde y cree que no está viviendo sus expectativas ni su plan de vida. Su energía está siempre en otro lado, está fragmentado y no puede ser contundente. 4) El Alienado dice: Esto que hago, no soy yo. El alienado se siente ajeno a él mismo. La gente que lo conoce no lo ubica donde está ni haciendo lo que hace. Se viste, se expresa y se desenvuelve en formas que no le pertenecen. Como si estuviera viviendo un formato o molde diseñado por alguien más. Carece de autenticidad. 5) El Angustiado dice: No me siento bien, y ni siquiera sé por qué. Padece de una situación de intranquilidad, algo entre miedo, incertidumbre y una sensación de opresión. Come demás, bebe demás y recurre a los medicamentos para sentirse bien. No puede tomar decisiones, no hay lucidez. 6) El Atrapado dice: Me quiero ir, pero no puedo. Tiene conciencia de su frustración, pero tiene deudas y vive al día. Odia su trabajo, odia a su jefe, odia a sus compañeros, pero la hipoteca y los arrendamientos no le permiten arriesgar. Justo cuando termina de pagar algo, la familia le pide más y accede. Está paralizado en su propia inercia. 7) El Abrumado dice: No me distraigas, no me hables, no tengo tiempo ni para pensar. Se subió a un tren-bala y no se puede bajar. La introspección es un lujo que no puede darse. Anda atrasado, presionado, retado. Su agenda está saturada. Vive en lo reactivo y en lo urgente; ya ni se acuerda de lo creativo y lo importante. 8) El Aplazado dice: Cuando pase esto, entonces yo haré esto otro y seré feliz. Tiene una meta y pospone su vida hasta que la cumpla. Al preguntarle por qué aguanta (un jefe abusivo, un trabajo indigno, un contexto desfavorable), contesta que está ahorrando, sembrando o esperando el momento adecuado. Cuando finalmente llega, se pone otro plazo y se auto-sabotea. 9) El Adormecido dice: Me avisan cuando terminen. Está al tanto de lo que pasa pero abiertamente no le importa”. Dicen “le corre atole por las venas” y aprendió a poner distancia para no perturbarse. Navega con la marea. No expresa desacuerdos, ni asume posiciones, no cree en nada. Llega a su casa y se sumerge en la televisión. No hay pena, no hay gloria; no hay riesgos, no hay ganancias. No pasa nada. Finalmente, sobra decir que no necesariamente tienes que encajar en una de las A’s –estarías entre los apasionados-- o pudieses estar atravesando una cuestión temporal donde estés en varias de ellas simultáneamente. El tiempo está pasando.
|