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Enmarcar e influir
Psicología del Consumidor
Escrito por Horacio Marchand   
Martes 19 de Mayo de 2009 13:42

Lo que vemos y experimentamos depende de cómo enmarquemos la experiencia; según sea ese marco emotivo-conceptual, así será la perspectiva.

 

El marco emotivo-conceptual se encarga de filtrar información, discriminar y seleccionar estímulos. Esto está explicado por lo menos con los siguientes cuatro elementos: 1) el mito predominante, 2) el lenguaje, 3) la metáfora y la narrativa y 4) el juego de primer y segundo plano.

El mito predominante. Existe en cada sociedad y en cada individuo una serie de ideas, creencias o valores que están tan engranadas en el psique que son prácticamente inconscientes pero que de manera espontánea afloran en el arte, la literatura, el cine, en sueños, fantasías, así como en los productos y servicios que amamos o despreciamos.

En este caso defino mito no como "algo que no es verdad", sino como una mega-idea que sirve como marco, que precede e influye a su vez a otras ideas, así como a la toma de decisiones. Otros conceptos relacionados son Zeitgeist, la palabra alemana que significa "espíritu de los tiempos", o paradigma, palabra compuesta griega que significa comparar, tendencia, ejemplificar.

En este sentido, a nivel global existen figuras contemporáneas, símbolos, objetos o íconos culturales que se han convertido en mitológicos y con potencial para rebasar tiempo y espacio: Coca Cola, Harvard, Harley Davidson, Star Wars, Marylin Monroe, Elvis Presley, García Márquez, Shakira, Cancún, el bikini, el tacón alto, la estatua de la libertad, John F. Kennedy, el Ché Guevara.

Los millonarios capitalistas son todo un género; el mundo occidental obsesiona con los Bill Gates y los Steven Jobs, y si quieres comprar un libro sobre Warren Buffet, puedes seleccionar entre casi 50 que están a la venta.

Si estos símbolos se conocen por el mundo y están cargados de energía es que responden a nuestra imaginación, proveen explicaciones o roles, y recogen nuestras proyecciones de manera natural.

En la antigua Grecia el mito predominante era ser un héroe de dimensión épica; como ejemplo hasta el mismo Alejandro el Grande, fascinado con la guerra de Troya, fue a rendirle tributo a Aquiles en su tumba.

En el caso de la conquista romana sobre Grecia ocurrió una peculiaridad: la cultura del vencido se impuso a la del vencedor y ahí nace la influencia greco-romana por el mundo, y hasta nuestros días: no hay ciudad más greco-romana que el mismo Washington D.C, capital del país más poderoso del planeta, todavía.

La expansión parece ser lo natural cuando se trata de un imperio y esto está montado en el mito de "culturizar" y "civilizar" al mundo.

Ante la caída del imperio romano alrededor del año 500, el vacío es llenado con una nueva mística: la iglesia católica se expande y se enriquece como si se tratara de otro imperio. Del enmarque militar se pasó a uno de Dios.

Pero la iglesia eventualmente sufrió los mismos síntomas de todas las potencias mundiales que caen: polarización, cerrazón, pérdida de flexibilidad; de ahí el nombre de estos siglos medievales: Oscurantismo (Dark Ages).

El Renacimiento finalmente se gesta en Florencia y a partir de ahí, alimentado por la Ilustración, un nuevo encuadre cultural emerge: la ciencia.

La Revolución Industrial y el método científico acaban por consolidar esta nueva mitología del humano moderno: si no te veo, no te toco, no te compruebo, no existes. Como si fuera venganza: en el medioevo la fe minimizó a la ciencia, ahora la ciencia pareciera que quiere minimizar a la fe.

Además del mito cultural también tenemos un mito personal: una idea/deseo/inquietud, frecuentemente asentada en el subconsciente y difícil de articular, que enmarca y define cómo queremos expresar nuestra esencia y en qué nos queremos convertir.

Por ejemplo, un encuadre conservador verá al mundo bajo la perspectiva de la disciplina del papá exigente. Partirá del principio de que el mundo se está descomponiendo y es peligroso, por lo que hay que forjar a los hijos como el acero. El camino es uno de moralidad, rectitud, conducta intachable.

Un liberal se comporta usualmente al contrario y tiende a ser más abierto, menos controlador, explora, da permisos, consiente, experimenta.

Los dos, conservadores y liberales, tienen pros y contras. Si el mundo se mantiene conservador deja de evolucionar, arriesgar y descubrir, esto llevado al extremo llevará al estancamiento; si el mundo se mantiene liberal se pierde el centro, las instituciones tienden a desvanecerse y llevado al extremo se cae en caos.

Las conductas de un conservador y de un liberal incluso pueden ser apreciadas en sus perfiles de compra y en qué tan rápido adoptan una nueva tecnología o producto.

Lo mismo ocurre en política: un conservador quiere preservar el statu quo, un liberal lo quiere cambiar.

Un mito es causa y consecuencia al mismo tiempo.

Entonces el enmarque de una experiencia, el marco emotivo-conceptual, depende de cómo están asentadas ciertas bases míticas y simbólicas; pero también depende del lenguaje, las metáforas y las narrativas, y el juego de primer/segundo plano.

¿Por qué Hugo Chávez habla tan frecuentemente contra los imperialistas? ¿Por qué dos Diputados del PAN pagaron la fianza para que López Obrador no fuera encarcelado durante el proceso de desacato? ¿Por qué dice HBO que no es televisión? ¿Por qué las pizzas Papa Johns se posicionaron alrededor de mejores ingredientes?

Y en el caso de la película del multi-asesino Hannibal Lecter, interpretado por Anthony Hopkins, ¿por qué, a pesar de ser un caníbal bestial, una buena parte de la audiencia no quiere que lo atrapen?

Porque en todos estos casos se cambió, o se pretende cambiar, el marco interpretativo para influir y persuadir a la audiencia.


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