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| Marca y Poder Personal (IV) |
| Psicología del Consumidor | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 23 de Mayo de 2008 13:17 | |||
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El gran descubrimiento de principios del Siglo 20 fue la existencia del subconsciente; de esa parte clave dentro de nosotros que al parecer influye, o incluso toma, decisiones fuera de nuestra consciencia. Freud argumentaba que el subconsciente se manifiesta en nuestros sueños, en nuestros errores, en actos tanto grandiosos como de autosabotaje, y en acciones que ni siquiera imaginábamos éramos posibles de realizar. Sus teorías, algunas muy criticadas, siguen siendo estudiadas hasta nuestros días y Paul Whelan, de la Universidad de Wisconsin, afirma que "la mayoría de lo que hacemos diariamente es inconsciente; la vida sería un caos si todo estuviera ahí al frente de nuestra consciencia". Persiste la noción, llevado a nivel cliché, de que sólo usamos el 10 por ciento de nuestro cerebro, y Daniel M. Wegner, otro académico, va más allá y asegura que el 5 por ciento consciente suele pasársela explicando, retrospectivamente y con una ilusión de racionalidad, lo que el otro 95 por ciento ya hizo. Incluso llega a cuestionar el llamado libre albedrío que tanto veneran los humanistas. Johari lo explica de una manera más sencilla y divide al psique en cuatro cuadrantes: la parte consciente: yo sé de mí, tú sabes de mí; la parte privada: yo sé de mí, tú no sabes de mí; la parte ciega: yo no sé de mí, tu sí sabes de mí; y la inconsciente: ni tú ni yo sabemos de mí. A nivel síntesis: Freud explica al psique analizando influencias desde la infancia; Jung propone la existencia de energías más profundas y que llama el inconsciente colectivo; Adler se enfoca en la compensación y la búsqueda de poder; Frankl, en la búsqueda de sentido existencial; Ellis lo visualiza como un discurso interno y personal que acaba por convencernos; Pearls como procesos cargados de "apertura y cierre", de ansiedad, movimiento y resolución. En vox pópuli se estila explicar la conducta incomprensible de alguien con la frase: "el complejo va por delante". Hasta la gente más brillante tiene sus áreas de complejo donde muestra, a diferencia del resto de sus actividades, conductas totalmente irracionales. Una persona psicológicamente inestable y errática, independientemente de sus estudios o sus talentos, y peor, que esté reprimida y viviendo en negación es un dolor de cabeza para todos los que se relacionan con ella y un desperdicio cuando se trata de fortalecer la marca personal. Viene al caso recordar los mecanismos de defensa freudianos que en un ambiente de negocios pueden ser destructivos, particularmente si la persona no está abierta a respetar la complejidad del psique y opta por sobre-simplificarlo, ya que es en lo simple donde se construye la ilusión de control. Los mecanismos de defensa son las operaciones que conforman un patrón de conducta protectivo contra aquello que genera ansiedad, culpa o algún otro sentimiento desagradable. La represión se encarga de rechazar, inconscientemente, algún deseo o pulsión manteniéndolo fuera del consciente. La negación ocurre cuando lo reprimido "brota" a nivel de la conciencia a través de un señalamiento, o de un evento, y la persona lo niega, como diciendo: "Esto no es mío, ¿cómo crees que soy capaz de esto?". La racionalización quiere mantener ocultas las verdaderas motivaciones a base de explicaciones, frecuentemente a posteriori, lo trunca todo a base de "lógica". La proyección consiste en que el material reprimido se observa fuera de uno mismo y se le atribuye a otras entidades. Las cosas y personas objeto de la proyección en realidad funcionan como un espejo que muestra partes de nosotros que no hemos integrado. Si el mecanismo de defensa lleva a alguien a la polarización y a la uni-dimensionalidad, ocurren tragedias como que: presidentes mandan a la guerra a sus jóvenes, mandatarios ordenan genocidios, políticos destruyen a su propio país, niñas se quedan si educación, la violencia familiar se justifica, un directivo se aferra a algo que termina por aniquilar a la empresa. Y por supuesto que hay gente que intuitivamente y de manera natural maneja el aspecto psicológico de maravilla y ni se apura en conocer las diferentes teorías del psique, pero abundan los casos donde la tesis de "ignorancia es felicidad" no funciona. Una organización exitosa necesita directivos con cualidades inter e intra personales. Sin habilidades de comunicación y de interacción con otros, y sin habilidades para relacionarse con uno mismo, es sumamente difícil avanzar. Ejecutivos y empresarios estudian carreras de negocios y salen expertos en finanzas, leyes, marketing, sistemas de información, etcétera, pero en la primera crisis personal, en los primeros síntomas de una depresión, angustia o confusión existencial se encuentran lisiados emocionalmente. Son el equivalente a analfabetas emocionales y no saben qué hacer, cómo manejarlo, a quién acudir. Y entonces hacen mucho más de lo que ya saben hacer: trabajar y trabajar. En este sentido el trabajo es la excusa predilecta, el escondite-camuflaje, la justificación perfecta. Con esto, lejos de conocer los mecanismos de defensa -y otros fenómenos psicológicos- y enfrentarlos, discutirlos y sacarles provecho (porque son mensajes poderosos), son aumentados y el círculo vicioso se refuerza. Esto resulta por no ser sostenible y viene el famoso breakdown, el burnout, el sumernage o como simplemente lo describe la gente del campo "andaba presionado, hasta que tronó". Asentada la influencia primitiva (descrita en columnas anteriores), la pregunta recurrente que sale al aire es: ¿la personalidad y la forma en que interactuamos con el mundo es producto de la psicología (nurture) o de la biología (nature)? La siguiente semana me centraré en la neurobiología que, tomando una posición diferente a la psicológica, asegura que el ADN es la fuerza determinante. Artículo leído: 1240 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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