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Ese gran vacío III
Psicología del Consumidor
Escrito por Horacio Marchand   
Jueves 04 de Enero de 2007 11:48
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Tres exuberantes palacios y cuarenta mil hermosas bailarinas totalmente dispuestas; esto fue lo que ordenó el rey para su hijo, el príncipe Guatama.

Es que desde su nacimiento a Guatama Sakyamuni le profetizaron que sería un emperador del mundo o un Buda. Su padre –sesgado por convertirlo en emperador-- decidió que lo mejor era que se quedara en el palacio real rodeado de belleza y placeres para que “le gustara la buena vida” y mantenerlo alejado de las inquietudes que genera el mundo real.

Durante una buena temporada el joven príncipe dio rienda suelta a sus impulsos hasta que un día, aburrido y agotado, decidió salir del palacio a pasear por el parque.

Ahí se topó con un anciano descompuesto por la edad, de aspecto cadavérico, con el pelo canoso y despeinado. Guatama, hasta entonces aislado de toda gente vieja y pobre, estaba en shock y le preguntó a su sirviente “quien es ese pobre hombre, por qué es tan feo, qué le pasa a su cuerpo?”. Antes de que le dieran la respuesta, en medio de un ataque de angustia, regresó al palacio y se encerró en su habitación.

“Qué le pasa a mi hijo?” preguntó el rey. Y le explicaron que había visto a un hombre viejo en la calle. El padre reaccionó enviando por las bailarinas y ordenó música, vino, manjares, diciendo: “si lo rodeamos de placer, dejará de pensar en eso”. Pero fue en vano.

El príncipe siguió saliendo a la calle y todos los días se topaba con miseria, miedos, angustias, enfermedad, injusticia, hambre. Un día decidió dejar su reino y buscar la iluminación personal lo que eventualmente lo convirtió en el Buda original. Lo paradójico es que justamente la abundancia de placeres, lejos de retenerlo en el palacio, fue de los catalizadores que lo alejaron.

Es que desde milenios confundimos el placer con la felicidad y esto puede ser desorientador.

Para muchos ejecutivos y profesionistas la idea predominante de felicidad son unas vacaciones de dos semanas en la playa: nada como estar tirado en el camastro percibiendo el olor a mar, untado de aceite bronceador, bebiendo piña colada y fumando un puro caribeño. Pero esto sólo ocurre en las vacaciones, es decir, un 5% del año de “felicidad”, a cambio de un 95% del año de trabajo.

El Hedonismo se centra en que la vida sólo adquiere sentido a través del placer.
Epicuro de Samos (341-270 AC) es aclamado como el filósofo campeón del hedonismo porque basada en la búsqueda del placer y la supresión del dolor como objetivo o razón de ser de la vida. Estudiosos de la materia aseguran que la filosofía epicúrea está sobre-simplificada y frecuentemente mal interpretada; pero el caso es con él se constituye la primera teoría coherente del placer con base existencialista.
Los miles de años transcurridos desde Epicúreo si acaso han ayudado para incrementar la confusión y ésta radica en que no puede solucionarse una complejidad sistemática y de largo plazo con un elemento sensorial, momentáneo y de corto plazo.

El placer, por su misma naturaleza, es fugaz, situacional, por evento. Por eso no termina y la búsqueda de placer migra de una cosa a otra, de una búsqueda a otra, de una obtención a otra.

Y es en esta búsqueda de indulgencias que obtenemos el permiso y la distracción para fugarnos de nosotros mismos. Ante la duda existencial, la búsqueda de propósito, la auto-confrontación personal, mejor optamos por buscar y experimentar, hasta la adicción, el placer; es la fuga perfecta

Por eso el Hedonista se la pasa compulsivamente consumiendo vehículos de placer que lo “hacen feliz” y, cada vez que lo hace, aunque se diga a sí mismo que el sacrificio para obtenerlo vale la pena, al cabo de un tiempo el vacío ahí está y siga como antes.

El placer es personal y subjetivo pero en general se pueden perfilar ciertos comportamientos como el comer grandes cantidades de dulces, sal, grasa (ligado a la ansiedad); consumir enervantes y bebidas alcóholicas; no hacer ejercicio; vacacionar hedónicamente; buscar sensualidad, desde masajes hasta promiscuidad; gratificar a los sentidos en todas sus dimensiones.

Los argumentos en contra del Hedonismo se centran en la satisfacción de vida, que no necesariamente implica placer. La satisfacción se relaciona a un estado más o menos permanente donde la persona siente una combinación de calma, logro, aplomo, y no está dominado por la ansiedad, la ambivalencia o la ambigüedad, aunque los experimente, ya que de manera natural acompañan a la vida y los que no pueden vivir en esa tensión acaban por gravitar sintomáticamente hacia uno de estos excesos:

1.- Materialismo 2.- Narcisismo 3.- Hedonismo. 4.- Fundamentalismo. 5.- Gratificación de los sentidos. 6.- Entretenimiento.

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