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| La Dominatrix |
| Psicología del Consumidor | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 02 de Julio de 2010 17:15 | |||
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Llegué al restaurante un poco temprano y me senté. Impulsivamente saqué mi blackberry y me puse a leer mis correos. Al lado mío había un grupo de 3 ejecutivos trajeados, también pegados a sus blackberrys que sin problema se ignoraban entre sí: uno hablaba por teléfono, los otros dos diligentemente tecleaban mensajes. Es que la blackberry es un invento maravilloso y también uno terrible. De tan maravilloso da vértigo dejarla olvidada o de plano perderla (le doy el género femenino por su traducción a zarzamora, pero igual y podría ser un él). Hay que decirlo, es buenísima: te conecta con tu mundo digital -que en estos tiempos parece serlo todo. Es funcional y eficiente: te alerta si tienes mensaje nuevo, te da la oportunidad de ver cuál es urgente; recibe llamadas, no sin antes dejarte ver quién llama; te despierta en las mañanas con la alarma de tu elección; te dice qué citas tienes y te manda recordatorios; te permite tomar fotos y enviarlas, así como grabar tus ideas y recibir archivos de Power Point, Excel o Word. Por si fuera poco, gracias a aplicaciones especiales puedes "twittear" todo lo que veas, mires o pienses, entrar al chisme en el Facebook, y chatear con toda la fraternidad de millones de usuarios blackberry que gracias a los pin te lo permite hacer de una manera gratuita. La blackberry no está sola. Le compite el iPhone de Apple que discutiblemente podría cambiar el mapa entero de tu mundo digital. Sus casi 200 mil aplicaciones (a mayo del 2010) aseguran incrementar la productividad, estimular el entretenimiento y conectar aún más a tu grupo de amigos y familiares. Otro competidor imposible de descontar es el versátil Android, lanzado nada menos que por Google. Ante el embate, Nokia -el tradicional líder de equipos móviles cuya participación de mercado ha bajado del 50 por ciento al 39 por ciento en menos de 3 años- y Motorola -que sigue experimentando pérdidas en su división de telefonía- parecen hasta ahora haberse perdido de la ola smart. Los smart-phones incluso apuntan a sustituir eventualmente una buena parte de lo que hoy hacen las computadoras. Y todo esto es maravilloso, aunque también tiene su lado oscuro. Cada progreso tiene su dosis de retroceso y cada vez que ganamos algo, perdemos algo. También hay que decirlo, la blackberry puede ser terrible si le das un uso excesivo porque no deja que te desconectes del trabajo, te mantiene ganchado a la oficina y no te da ningún tipo de tregua. Es particularmente dura cuando ya estás cabeceando en la noche, cómodamente en pijamas, y entra uno de esos mails donde apareces mal parado. Tu respiración cambia, tu estado de cierre-de-día se ve sustituido por uno de incomodidad y ansiedad. Por algo la apodan la dominatrix, y eso te hace, nos hace a todos los que la idolatramos, masoquistas. Es que la blackberry es tan buena que te seduce hasta la esclavitud. Te hace que la lleves a todos lados: a comer, a trabajar, a descansar, al cine, a viajar, al baño y hasta la cama; te ordena que la recargues disciplinadamente para que nunca se apague y la cuides para que no se descomponga porque separarse de ella sería fatal, o por lo menos así se sentiría. Tantas aplicaciones y facilidad de uso convierte a la blackberry en una nueva en adicción. Por eso también la apodan crackberry, en honor a la súper-adictiva droga crack. La New Jersey's Rutgers University School tipifica la adicción y la relaciona a otras adicciones argumentando que los efectos, en voz del profesor Gayle Porter, pueden ser devastadores: "me parece bien que las empresas ayuden a sus empleados a quitarse adicciones de químicos y sustancias, pero sin lugar a dudas hay que enfrentar la adicción a la tecnología". Se han reportado casos equivalentes al síndrome de abstinencia cuando se les pide a los adictos dejar tan sólo unos días el aparato: les vibra la pierna, escuchan pitidos similares a su blackberry y se incrementa la ansiedad para llenar el vacío de "activitis". Además de los beneficios obvios que brindan los smart-phones, existen lo que podrían llamarse beneficios secundarios donde inconscientemente la gente los utiliza: como una excusa para evadir a las personas que se tienen cerca "estoy ocupado, que no ves"; en el caso de los hijos para quitarse a su mamá "estoy haciendo tarea"; mientras que los jefes lo usan frente a sus subordinados como diciendo "te esperas por favor". Paradójico que la portabilidad y la conectividad nos seduzcan a tal grado que en lugar de vivir aquí y ahora, vivamos en el allá y entonces. Artículo leído: 1194 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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