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| Fórmula de Poder |
| Marcas y Posicionamiento | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 13 de Enero de 2006 14:41 | |||
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Existe el mito de que los genios son medio locos y que los locos son medio genios; como si hubiera una raya divisoria dinámica y mutante que permitía que genios y locos, en ocasiones, parecieran ser lo mismo. Y en esto pensaba cuando me vi envuelto en una discusión -entre académicos e investigadores- sobre Marketing Político y el caso de Hugo Chávez. Como siguiendo su esquema polarizante, el grupo se dividió en dos: los que decían que era un loco, que estaba trastornado, que presentaba patologías megalomaníacas, entre otras; y los que decían que era un genio de la política. La discusión se apasionó acaloradamente. Todos éramos mexicanos y aquí discutíamos como si fuéramos caraqueños; sin duda esto pondría feliz a Chávez. Es que Hugo Chávez ha logrado lo que en décadas ningún otro Presidente latinoamericano: convertirse en celebridad; sale frecuentemente en portadas de revistas internacionales, acapara reflectores en cualquier reunión de Mandatarios, se viste de charro mexicano cuando se dirige a Fox en su pleito verbal, y adoptó la figura de un líder continental para bautizar su movimiento Bolivariano (aunque Simón Bolívar pudiera estarse retorciendo de coraje en su tumba). Los hechos: tiene 10 años en el poder y, a diferencia de Pinochet y Castro, no se le ha acusado de asesinar o desaparecer a la oposición; Chávez vigila celosamente que sus acciones tengan un sustento legal; está obsesionado con los votos (que le han favorecido), como apuntalando que su permanencia en el poder se la da el pueblo; controla la legislatura del país y a la compañía multimillonaria Petróleos de Venezuela; puede, con legalidad, supervisar y sancionar a los medios de comunicación que considere "inapropiados", así como encarcelar a ciudadanos "irrespetuosos" hacia oficiales de Gobierno. Paradójicamente, también se puede decir que en Venezuela hay leyes, oposición política, elecciones y división de poderes. Algunos estudiosos le llaman a este fenómeno Autoritarismo Competitivo, que es semejante a la dictadura pero con "cara" de democracia, donde la habilidad y la astucia del individuo lo colocan con el máximo poder de hecho, apoyado por situaciones, por más dudosas que sean, de derecho. El odio y la polarización Chávez lanzó sus primeros golpes polarizantes contra la "dictadura de partidos que se habían encargado de hundir al país", y luego se cercioró de polarizar el sistema político para partir y reducir al centro (recomendable leer a Javier Corrales en Foreign Policy). También le ha funcionado de maravilla acusar al imperio estadounidense, de casi todo, y hasta logró desquiciar al líder político Pat Buchanan que dijo: "deberían mandar matar a Chávez" (aunque luego se disculpó). Pocas cosas cautivan la mente y los corazones de las gentes como el odio y la polarización. Escoger a un enemigo es fundamental. Cuando a Hitler, que sabía de la fuerza unificadora del odio, le propusieron exterminar, de una sola vez, a todos los judíos contestó: "no, porque tendríamos que inventar a otros que suplan su lugar". También decía: "no hay que confundir a las masas presentándole demasiados demonios. Es mejor concentrarse en un solo adversario". Hoffer, desaparecido sociólogo, escribió: "Los movimientos masivos pueden nacer sin creer en Dios, pero no pueden hacerlo sin creer en el diablo. Usualmente la fuerza de un movimiento masivo es proporcional a la viveza y lo tangible de su demonio". Chiang Kai-Shek falló en encontrar un nuevo demonio una vez que los japoneses dejaron de ser amenaza, mientras que el Kremlin rápidamente escogió a Occidente como su nuevo demonio al terminar la segunda guerra mundial. G. W. Bush obsesiona como demonio al terrorismo y se autoposiciona como líder moral y explota -sin recato- la tragedia del 11 de septiembre. López Obrador le saca jugo a su teoría del complot y astutamente aprovechó el proceso de desafuero para ganar puntos políticos. Fox en su campaña escogió "al Sistema PRI" -y sus siete décadas de monopolio- como su demonio. Respecto a Latinoamérica, es tiempo de elecciones y abundan los flancos polarizantes que pueden utilizarse como bandera. En México algunos de ellos son: pobres contra ricos; la derecha versus la izquierda; el norte contra el sur; independencia vs. "entreguismo" (electricidad, petróleo); migrantes contra desarrollo; competencia de gestión vs. incompetencia; ladrones vs. honrados; crecimiento vs. inflación; comercio formal vs. comercio informal; indígenas vs. "blancos"; explotadores vs. explotados, entre otros. Al analizar los logros y acciones de Chávez podría constituirse un Manual del Dictador. Pero es mucho más grande la tentación de conformar un documento para prevenirnos de dictadores, en cualquier modalidad, y que nos ayude a reflexionar sobre estrategias manipulativas conducentes a obtener el control por el control. Artículo leído: 1107 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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