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Puer aeternus en latin significa "niño eterno". Y como muchos que logran llevar su imagen más allá de lo terrenal, Michael Jackson, muere joven.
Michael Jackson se aferró al puer como pudo: nunca se le vio con barba, su voz era infantil, cero arrugas, era flaco como un niño en desarrollo, su mente vivía en la fantasía incluso habitaba un complejo llamado Neverland, como en Peter Pan. Y, como los niños, jamás pudo tomar control sobre su vida y su carrera.
Desde Peter Pan, que se la pasa jugando con sus amigos; Aquiles, que acepta morir joven a cambio de la gloria eterna; Alejandro el Grande, que no puede administrar su imperio; Elvis Presley, que se "rumora" aún vive, y hasta otros contemporáneos como Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Kurt Cobain, así como los bailarines Nijinsky y Nureyev, pareciera que existe una condena que lleva a las estrellas al riesgo de una muerte temprana.
El puer aeternus tiene, como todos los arquetipos, características bipolares, positivas y negativas: en el lado bueno el puer es un niño celestial que simboliza la renovación de ciclos, la nueva vida y la esperanza del futuro; en el lado negativo se niega a crecer, no asume responsabilidad y espera ser sistemáticamente rescatado.
La muerte pareciera una victoria del subconsciente de Michael Jackson que finalmente logra la evasión final; porque no pudo, o no quiso, enfrentar 50 conciertos seguidos y mucho menos a la madurez a la que necesariamente te lleva la vida.
Quizás si no hubiera muerto como murió, hubiera muerto de cansancio: 50 conciertos se antojan como una misión suicida.
Además no es lo mismo hacer un break dance a los 25 años que a los 50. Para rendir en 50 conciertos se requiere de un estado de salud óptimo y un acondicionamiento de primera: nutriólogos, coaches y hasta prácticas de meditación, yoga, o tai chi. Un cuerpo sano produce, mientras que uno contaminado por el uso excesivo de medicamentos se va desvirtuando: se pierde lucidez, flexibilidad, ánimo y acaba por extinguir la pasión personal y la creatividad.
Según el "Sun", aunque luego fue desmentido por la familia Jackson, el cadáver de Michael mostraba numerosas cicatrices, tenía pastillas a medio digerir en el estómago, pesaba sólo 51 kilos y llevaba peluca. En suma, su aspecto estaba lejos de verse sano.
Un tour de Jackson necesariamente genera una expectativa de bailables y coreografías extraordinarias pero: ¿Cómo bailar si ya lo bailó todo?, ¿cómo innovar si ya lo innovó todo?, ¿cómo crear si ya lo creó todo?, ¿cómo cantar si ya lo cantó todo?
Independientemente de los escándalos sexuales en los que se metió -aunque, como dice su representante, nunca fueron probados-, sus líos financieros, sus múltiples cirugías y el color de su piel, Jackson siguió siendo estrella.
Las estrellas, las grandes marcas, los que logran imponer records mundiales, eventualmente pierden momentum y caen. Las estrellas pasan a estrellarse contra la realidad de los ciclos naturales; una estrella puede ser tan brillante que se convierte en supernova y se disipa en una explosión final.
Por eso las entidades institucionales, léase empresas, deben aprovechar su condición y renovar sistemáticamente actitudes, marcas, productos y servicios, al igual que sus mandos, sus ejecutivos y sus procesos para seguir manteniéndose vigentes.
En el caso de Jackson, su imagen trascendió a su dimensión física y discutiblemente hasta la destruyó para inmortalizarse: todos los elementos perfectos para una marca permanentemente vigente, un clásico, como la de Marilyn Monroe y James Dean, o incluso más grande.
Es cuestión de días para que el culto de Michael se configure y se acabe de conformar en mito.
Un mito es por definición abstracto, etéreo y versátil porque acomoda todas las variaciones de proyecciones personales o de masas, como las que sus aficionados le confieren: un mito es infinito.
Al morir Jackson se consolida su mitología y desde la tumba, o desde donde esté, quizás considere que su gran diseño fue finalmente exitoso, por lo menos desde el punto de vista de marca.
De lo que sí estoy seguro es que descansó.
Descansó de la presión por mejorar su acto anterior, de su reto permanente por no quedar obsoleto, del miedo terrible a madurar y envejecer, de las múltiples proyecciones que fans de todo el mundo le lanzaban imponiéndole un rol a cumplir que, al parecer, se convirtió en demasiado.
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