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Lenguaje es destino
Marcas y Posicionamiento
Escrito por Horacio Marchand   
Lunes 18 de Mayo de 2009 13:48

Las palabras tienen peso y son destino. El vocabulario y lo que la gente articula reflejan intenciones, posiciones, estados y acciones.


"Los fundamentales de la economía están fuertes", estas palabras fueron las que acabaron de enterrar a McCain. Era casi el final de septiembre y la economía norteamericana se dirigía en caída libre hacia una crisis económica jamás vista por esta generación; y no sólo Estados Unidos, el planeta entero le seguiría en la debacle.

Esta frase de McCain fue súbitamente aprovechada por el equipo de Obama. Si de por sí existía la percepción de que McCain no era fuerte en economía, ahora demostraba, según el equipo de Obama, que estaba out of touch, es decir, desconectado y en "otra onda".

Fueron varias las razones de por qué no ganó McCain, pero sin duda su tiro de gracia fue la crisis económica.

Obama, al contrario de McCain, es elocuente, articulado e incluso poético en las formas de expresarse y lo utilizó magisterialmente para cambiar el enmarque emotivo-conceptual predominante que dictaba: un afro-americano jamás será Presidente.

Sus palabras conmovieron a los millones que lo vimos por la televisión. Los estadounidenses nos dieron una muestra de por qué el american dream sigue más vivo que nunca, mientras que al resto nos invadía un curioso júbilo.

Obama mismo es la encarnación de su lema de campaña, change we need, y su posicionamiento, identidad e imagen están alineadas como todas la grandes marcas. Pero sobre todo Obama es un personaje al que le llegó su tiempo y está en deuda con muchos otros, la mayoría desconocidos, que le abrieron el camino.

Y claro que Hollywood ayudó. Al servicio del homo videns está la gran maquinaria para entretener y llegar hasta los rincones más escondidos del mundo. Hollywood es también un vehículo de propagación de cultura norteamericana, con defectos y virtudes. Escritores, artistas e idealistas empezaron hace décadas a cambiar el mito y a articular un lenguaje diferente: sí puede haber líderes de raza negra.

No hace mucho, el actor afro-americano Morgan Freeman cayó en shock cuando el productor de la película Deep Impact le pidió que personificara al Presidente de Estados Unidos.

Y ¿cómo olvidar al carismático presidente Palmer, con el actor afro-americano Dennis Haysbert, en la serie de televisión de 24? ¿O a Morpheus en la película Matrix, con otro actor afro-americano Lawrence Fishburne, que buscaba salvar de la extinción a la raza humana?

Plaza Sésamo, Disney Channel y Nickelodeon, los primeros puntos de contacto extra-familiar de millones de niñas y niños, llevan años incluyendo protagonistas de diferentes grupos étnicos. Y los jóvenes, muchos de ellos votantes de primera vez, abrumadoramente votaron por Obama. Aunque no puede decirse que lo hicieron gracias a la televisión, el cine, los libros o la cultura pop, no podemos subestimar estas imágenes que se asientan sistemáticamente en el subconsciente.

Los diferentes tipos de artistas y escritores en una sociedad, muchos de ellos dedicados al filme, son los primeros en identificar un cambio de frecuencia, una modificación del paradigma, una realidad alterna; son los primeros en enseñarnos nuevas y casi mágicas perspectivas con potencial para cristalizarse.

Si Obama maneja la Presidencia como manejó su campaña hará un excelente papel, pero el logro más importante ya lo hizo: el simbólico. Un símbolo puede pesar e influir más que cualquier otra cosa. Por un símbolo, ya sea una creencia, una religión, una mitología, una bandera, la gente lo entrega todo, hasta la vida.

Si se cambia el enmarque cultural a través de las imágenes y el lenguaje, entonces pueden cambiarse las ideas y eventualmente la realidad.

El lenguaje es tan fuerte que acabamos por creernos lo que nos decimos. Hay quien lo relaciona a la física cuántica y asegura que nosotros construimos nuestra realidad y por eso, todos los días, conviene decirnos en voz alta aquello que queremos que ocurra (el libro El Secreto recién popularizó esta idea).

Si creemos lo que nos decimos, entonces entre menos vocabulario tengamos, nuestro espectro de experiencia será más reducido y sobresimplificado.

Sin vocabulario terminamos por hacer lo que hacemos cuado redondeamos números: truncamos el valor hacia uno que podamos manejar y con esto cambiamos el valor hacia algo que no es. Por ejemplo el número 88 mil 444 lo redondeamos diciendo "unos 80 mil", pero dejamos fuera 8 mil 444 eventos o niveles (por cierto, a nivel genético los humanos somos 96 por ciento iguales a los chimpancés).

Los Inuit, conocidos también como esquimales, tienen, según el lingüista que los estudie, unas 12 palabras para describir el fenómeno meteorológico de la nieve. Como viven entre la nieve son expertos y sofistican su significado. En México nieve es nieve, y carecemos de esa taxonomía sutil y precisa; podría decirse que somos el equivalente a analfabetas cuando se trata de la nieve.

Y en la parte personal, si por ejemplo nos falta vocabulario para describir cómo nos sentimos, podemos experimentar una frustración enorme y tenderemos a "redondear" y perder el valor y el mensaje que nos quieren dar nuestras emociones. Llevado al extremo, Ginette Paris, una apreciada profesora en mi doctorado, describe un factor común entre los hombres violentos y golpeadores: una falta de vocabulario para expresar su malestar, su frustración con ellos mismos y sus relaciones interpersonales.

En síntesis, el marco emotivo-conceptual depende de ciertas bases míticas y simbólicas y el lenguaje, pero también depende de las metáforas y las narrativas utilizadas, así como el juego de primer y segundo plano, ideas que terminaré de describir el viernes que entra.

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Guadalupe Salgado said:

Marcas hablando
Las palabras tienen un efecto que menospreciamos muchas veces. Palabras que decimos hoy, pueden tener un impacto sin querer en otras personas, como podemos inspirar, podemos tumbar autoestimas y muchas veces sin querer. Para las marcas, los productos, tiendas, etc... es muy difícil hablar, al ser entes tan públicos, lo que dicen nunca se olvida y se convierte en parte de ellos, como pasa con las personas, pero una persona puede pedir perdón viéndote a los ojos, y una marca no puede hacer esto, aquí está la desventaja. Las marcas nos hablan todos los días, nosotros decidimos si les creemos o no, y por esto sus promesas deben ser creíbles, realistas, pero también tirándole a la aspiración, para que nos den esperanza de que hay algo más, algo mejor. Deben hablar diferente, para no confundirse entre el montón.
 
junio 03, 2009
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