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| El café de socrates |
| Oportunidad, Innovación y Crecimiento | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Jueves 09 de Junio de 2005 14:06 | |||
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Christopher Phillips es uno de esos tipos extraños. De los que piensa diferente a la mayoría o que por lo menos se atreve a externarlo sin miedo a ser criticado, condenado, erradicado. De esos que la presión del entorno, que normalmente lleva a la gente a convertirse en insumos de un mega-sistema de producción, le importó poco o le molestó tanto, que decidió estudiar filosofía. Y luego, tras una crisis personal, decidió montar lo que se conoce como El Café Sócrates, donde itinerantemente organiza una serie de reuniones filosóficas en librerías, centros sociales, escuelas, universidades, iglesias, cárceles, etc. Y las personas acuden a este llamado que puede parecer anacrónico y hasta posiblemente cursi, sobre todo si se considera a un contexto que demanda ser práctico, eficiente, productivo. El arranque de la reunión se da con el lanzamiento de una pregunta al ruedo -con algún contenido filosófico- y el diálogo/discusión siempre toma su curso. Algunos de los temas que se tocan: el significado de la vida, la responsabilidad hacia un pariente enfermo, la razón de ser bueno o malo, el sentido de humor en los humanos, etc. El método es reminiscente del método dialéctico y la premisa es que la interacción humaniza a los participantes; Phillips aprovecha el contexto para contribuir con pensamientos de los filósofos antiguos y clásicos. El comienzo del Café Sócrates fue algo inesperado y, como muchas cosas buenas, empezó con algo malo. Era el año de 1996 y Phillips se sentía sumido en la desesperanza, su vida se derrumbaba al igual que su matrimonio y su carrera. Y llegó la luz. En la búsqueda por encontrar respuestas fundó lo que se puede llamar un centro de respuestas, o dicho de una manera más filosófica, un centro de preguntas. El sueño se hizo realidad y en la ciudad de Montclair inició el primero. “Mi plan era arrancar uno y ya”, dice Phillips, pero hoy en día hay más de 300 Cafés Sócrates por el mundo entero. Dice no sentirse sorprendido, porque la gente busca cómo lidiar con un mundo cada vez más complejo y extraño. En este mismo discurso está Lou Marinoff, que con su propia batalla anuncia la llegada de otra industria nueva. Marinoff, equipado con un doctorado en filosofía, está causando revuelo en el mundo de la salud mental en función de que quiere tratar a pacientes con problemas con uno de los esquemas más antiguos: filosofía. Su argumento lo centra –en lo que podría considerarse una extensión de la Logoterapia fundada por Viktor Frankl- de que muchos de los problemas actuales, como los relacionados a la falta de sentido y de dirección de vida, podrían atenderse con la filosofía. Psicólogos y psiquiatras estadounidenses -quizá porque son competencia directa- han puesto el grito en el cielo porque dicen que sin entrenamiento clínico un filósofo terapeuta erróneamente podría "recetar a Heidegger, en lugar de recetar un medicamento". Pero Marinoff asegura que la gente está cansada de que médicos y psiquiatras se la pasen recomendando químicos para eliminar síntomas y que psicólogos los distorsionen en un laberinto de teorías psicoanalíticas, cuando en realidad muchos de los problemas de las personas no son ni químicos ni psicológicos, sino filosóficos. No se tiene que estar clínicamente enfermo, ni cargar una bronca no resuelta de la niñez, para auténticamente querer ayuda en contestar las preguntas de la humanidad como la muerte, el propósito de vida, el sufrimiento de la condición humana. Incluso, especula Marinoff, entre más sanas las personas, más preguntas válidas tienden a hacerse sobre la ética de vida y sus principios. Si algo demuestran estos fenómenos –además de la constante evolución de las industrias y mercados en el mundo de la salud- es la necesidad que tiene la sociedad moderna por reflexionar sobre temas profundos así como practicar la introspección. Este proceso puede ser emocionante, ilustrador y desarrollador. La era actual, decadente para muchos, luce agotada y se le acusa de encaminar a las personas a la alienación, el aislamiento social y la falta de sentido. Como un péndulo, cobran fuerza en la actualidad preguntas como: ¿Y después qué? ¿Y yo qué? PASOS PARA ARMAR UN SOCRATES CAFÉ: Si quieres iniciar un tipo Café de Sócrates los pasos son sencillos. 1.- Reúne un grupo de arranque entre amigos. De entrada los que no les llame la atención es mejor que digan que no. Los que sí acepten quedarán gratamente sorprendidos por la catarsis que se genera. 2.- Puede ser un lugar privado como una casa o la oficina de alguien, pero lo ideal es que eventualmente sea en un lugar público donde rompa con lo homogéneo del grupo de amigos, y es aquí justamente donde el proceso cobra vida propia. 3.- Se recomienda que sea efectuado en el mismo día a la misma hora, por lo menos una vez al mes. 4.- Imprime folletos, consigue te publiquen en la sección cultural de periódicos y te difundan en otros medios masivos. 5.- Los participantes, no el facilitador, proponen los temas y plantean las preguntas que no tienen que ser siempre elevados; pueden tocar ámbitos laborales y de relaciones humanas. 6.- Una de las funciones más importantes del facilitador es recordarle a los participantes que no convienen posturas dogmáticas o proselitistas, y que la dinámica se enriquece cuando se maximiza la participación de diferentes miembros. En general, los mercadólogos tienen que estar muy afines a si algo es una moda o una tendencia, porque esto impacta directamente a la estrategia y a la asignación de recursos. La moda es revolucionaria, se manifiesta de manera fugaz y se disipa en su condición etérea; mientras que una tendencia es evolucionaria, se manifiesta de manera gradual y tiende a quedarse por su condición permanente. Entonces, ¿este movimiento se monta sobre una moda o una tendencia? Artículo leído: 1282 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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