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En la China
Oportunidad, Innovación y Crecimiento
Escrito por Horacio Marchand   
Viernes 18 de Marzo de 2005 09:36
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Guangzhou, China. Mi vuelo a Guangzhou no ocurrió sin contratiempos. La escala programada en Hong Kong se vio antecedida por una visita inesperada a Seúl para recargar combustible. El piloto dijo que como estaban los vientos demasiado fuertes, el combustible se iba a descargar de más y tendríamos que bajar en Seúl para recargar el tanque. Entre la molestia y la alegría de que no nos quedaríamos sin combustible en pleno vuelo, llegué tras dos días de viaje.

En el camino me topé con un grupo de 11 empresarios que venían del Estado de Hidalgo, a un toluqueño que compraba piezas alemanas e italianas pero mi dijo ya era hora de ver las chinas, a dos empresarios del Distrito Federal con sus esposas, y me informan que mañana llega un grupo de 15 regiomontanos; todos vienen a lo mismo: a ver, conocer, vender, comprar, aprender, vincularse.

Dicen que a Dios hay que hablarle en español; a las mujeres en francés; a los hombres de negocios en inglés; pero a los chinos hay que hablarles en mandarín (o cantonés). Es que la población en su gran mayoría no habla otra cosa que no sea su lengua materna. Al taxista le tienes que dar la dirección por escrito y en su idioma. Si no lo haces, se agarra por darte vueltas por la ciudad en busca de un destino desconocido y por cobrar una jugosa cantidad de yuans.

El lenguaje tiene tonos agudos y altisonantes. Para el oído no entrenado, el japonés y el coreano se escuchan planos y uni-tonos, con pocas variaciones, como escondiendo las palabras; sin embargo el mandarín es exclamativo, en fracciones de segundos se va de lo más bajo a lo más alto y viceversa, y lo pronuncian mientras hacen algunas muecas expresivas. Respecto al cantonés me explicaban que cada vocal tiene 4 acentuaciones: por ejemplo es a, à, á, aa, o algo así, entonces se trata de 5 vocales multiplicadas por 4.

Ahora bien, para los asiáticos en general que viajan de negocios, el inglés sigue siendo el rey. Llama la atención que entre orientales de diferentes regiones/ países, se hablan en inglés. Resulta obvio que no por el hecho de tener los ojos rasgados hablan el mismo idioma, pero no deja de verse curioso.

Es noche de entre semana y el centro de Guangzhou parece celebrar una fiesta. La gente está abarrotada y aparece por todos lados, 1,300 millones de habitantes en China se tienen que notar. Bicicletas, motocicletas, taxistas, peatones, muchachos y muchachas, restaurantes y estanquillos al aire libre exhibiendo la más amplia y exótica diversidad de animales, pescados y mariscos asados, empanizados, fritos con salsa picante; los olores te invaden y no todos son agradables.

Es noche de compras, como todas, 7 días de la semana, y el consumo se nota, se siente, se percibe que la economía se está moviendo.

Parece difícil creer que el grado de transformación china ocurrió en tan sólo una generación. Wu Xiao Nan, traductor de 51 años que aprendió inglés a través de escuchar la radio y cursos de correspondencia –pronuncia la “r” a la perfección-, dice que en sus épocas de estudiante, hace unos 35 años, el país era un caos y el sistema educativo se paró en seco y ya no pudo estudiar ninguna profesión. Pero no le va tan mal, cobra 60 dólares diarios por hacerla de intérprete y negociador.

En una sola generación tienen espantado y emocionado al mundo. Particularmente a los mexicanos nos tienen confundidos ya que hemos perdido en el sector maquila más de 250,000 empleos en los últimos 4 años -aunque no necesariamente todo esté ligado a China-; también nos han arrebatado el segundo puesto como socio comercial de Estados Unidos y han concretado acuerdos de inversión con Argentina y Brasil procurándose recursos naturales que los mexicanos ya no tenemos o no nos interesa vender.

China, con sus tradiciones milenarias de civilización y misticismo, hoy en día no puede ser más práctica, contundente y progresista; parece que ya le encontraron el caminito que en su tiempo iniciara Deng Xiaoping. Hay quien asegura que el líder de pensamiento económico fue el economista David Ricardo -en cierta forma precursor de Marx y Engels- que les enseñó con sus textos sobre ventajas comparativas y la generación de riqueza cuando se explotan mercados masivos de exportación; esto sin tomar en cuenta que el mercado doméstico es ya el más grande del mundo. Para referenciar el éxito de su modelo tenemos que China ha crecido a un promedio del 9% anual durante los últimos 20 años, mientras que en ese mismo lapso América Latina ha crecido en promedio 0%.

El crecimiento chino no tiene comparación alguna en la historia. Está por completar un ciclo de 30 años donde su economía se ha duplicado cerca de 3 veces. Ni Japón ni Corea en sus buenos tiempos. China está decidida a ser potencia mundial, por no decir la potencia mundial, y será el principal eje de conexión entre las economías del mundo.

En el caso de China todo parece ocurrir de manera simultánea: compiten en las industriales tradicionales y en las de vanguardia; están en la producción y en los servicios; en la minería y el desarrollo de tecnología propia y/o transferida. Es como una explosión económica –que ya lleva 30 años- donde el principal reto es lograr que no se la economía no se sobrecaliente.

¿Cuántos años le falta a China para dejar de competir en base a precio y convertirse en otro Singapur o Corea? No lo sé, pero los suficientes para hacer algo ahora. Las variables apuntan a una tendencia confirmada donde al extrapolarse se pueden esperar todavía unos 20 años más de crecimiento vertiginoso.

Sin duda China es lo que sigue; y todo indica que dejará en el suelo a los competidores que no puedan competirle de frente. Por eso conviene integrarnos, de una manera u otra, a esta ola china de generación de riqueza.

Mañana empiezan las citas de negocios y una de las ferias comerciales. Hasta el próximo viernes.

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