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| Contra lo normal |
| Oportunidad, Innovación y Crecimiento | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 23 de Marzo de 2007 09:45 | |||
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¿Cómo aceptar que la normalidad puede ser terriblemente mediocre? ¿Cómo convencer a las empresas que emularse y modelarse alrededor de sus competidores acaba por homologar su oferta y reducir los márgenes de comercialización de todos? ¿Cómo convencer a un estudiante de MBA que la verdadera acción y la oportunidad radican, estadísticamente hablando, en las puntas de la curva de la distribución normal y no en el centro donde se concentra la mayoría? Y no hablo de ser lunático ni diferente sólo por serlo. Hablo de conectarse con la esencia propia --como lo hacen las grandes marcas, las compañías innovadoras y personalidades relevantes de la historia. Es que cuando nos desconectamos de nuestra propia esencia, e incorporamos modelos externos para copiar, la energía de la creación ya no está presente y la pasión se desvanece al poco tiempo. Por el contrario, cuando nos apuntalamos en nuestra esencia personal, en lo que somos realmente, nos equipamos con una potente semilla cargada de creatividad y energía. Es necesario atreverse. Al caso viene una referencia de Nietzsche porque decía que los humanos tenemos el reto de desarrollar la fuerza de la generación y la creatividad dentro de nosotros mismos, al mismo tiempo que dependemos de la necesidad de obtener algo poderoso fuera de nosotros mismos. Vivimos atorados entre tener una vida sin precedente (la de generación) o una vida con precedente (la de la escasez); entre ser la excepción, o ser la regla; entre ser original, o ser copia. Agrega Nietzsche que nuestras acciones y decisiones pueden provenir de la parte fuerte y la potencia creativa -que quiere manifestarse- o pueden venir de la parte ansiosa y débil -que quiere ser aceptada. Y está la tensión eterna entre las fuerzas: entre la creación y la destrucción, entre el Cosmos y el Caos, entre la continuidad y la discontinuidad, entre la reverencia y la rebeldía. Y esto conlleva un riesgo: si rompemos de más “con el molde” podemos salirnos del contexto, quedar aislados, sin consecuencia; si rompemos de menos, nos podemos quedar aposentados en la media de la distribución normal y apenas movernos de una esquinita a la otra. Es maravillosa la anécdota de Gary Hamel, uno de los pensadores en estrategia de vanguardia: editaba la parte final de su libro, Strategy as a Revolution, e incluía el ejemplo de una compañía genial que había reinventado la industria de la energía: Enron; casi a semanas de imprimirse se disparó el escándalo del fraude y no quedó más remedio que quitarlo del libro; no es lo mismo ser atrevido que honrado. Lo interesante en esto es la frontera, de cómo, en un segundo, Enron pasó de ser modelo a ser apestada. Recientemente Michael Raynor publicó una investigación, The Strategy Paradox, sobre lo que podrían llamarse atrevimientos estratégicos. Se basó en el estudio de cientos de empresas tanto exitosas como fracasadas e interesantemente encontró factores comunes entre los dos tipos. ¿Qué fue lo que distinguía a las exitosas de las fracasadas? Entre otras razones, timing, suerte y compromiso con la estrategia seleccionada; dice Raynor: “independientemente de la industria, las compañías que adivinan bien (que le atinan) y se comprometen con mayor determinación hacia la estrategia son las que saldrán victoriosas”. Es para la reflexión eso que hable de “suerte” y de “atinarle” a la estrategia, pero ese parece ser el punto en función de que la estrategia es un proceso que se vive hacia un futuro cada vez más es incierto. Es hacia lo desconocido que tiene que plantearse la empresa para buscar empatar su configuración organizacional y sus capacidades a favor del mercado. Para resumir, por lo menos estos 4 escenarios aplicables tanto a empresas como a personas: 1. Que seamos lo típico, ubicados con la mayoría al centro de la curva de distribución normal. Aquí podemos radicar hasta que el entorno cambie o llegue un innovador desde los “extremos” de la curva. 2. Que nos atrevamos a salirnos del centro y arriesgar para convertirnos en la empresa agresora, apostadora, anormal; y triunfemos. 3. Que nos atrevamos a salirnos del centro y arriesgar para convertirnos en la empresa agresora, apostadora, anormal; y quebremos. 4. Que nos atrevamos a salirnos del centro y arriesgar sólo lo suficiente para ver si el rumbo tiene fortuna, timing y resonancia con el mercado para que en su momento, muy rápidamente, reaccionemos e inyectemos recursos y energía a ese rumbo nuevo descubierto. Si optamos por el camino 4 entonces conviene que, por diseño, tengamos iniciativas exploratorias continuas para tocar a la siguiente estrategia, aunque sea con el “dedo gordo del pie” pero con la intención y la atención ahí listas. Tanteas, apuntas. Tanteas, apuntas. Tanteas, apuntas, fuego. Artículo leído: 1241 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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