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Viaje al Futuro
Oportunidad, Innovación y Crecimiento
Escrito por Horacio Marchand   
Viernes 10 de Julio de 1998 11:53
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La carrera por el futuro es cada día más cerrada. Visualizar o detectar una tendencia, antes que la competencia, da ventajas e incrementa posibilidades.

 

Futurólogos como Toffler, Naisbitt, Morrison y Popcorn, se han posicionado como una buena alternativa en la creación de futuro y su capitalización. Pero existen otras formas menos sofisticadas de anticiparse a lo que va a ocurrir. En esencia nos referimos a la herramienta de investigación de mercados más poderosa del mundo: la observación.

Activando y afinando el proceso de observación, podemos recurrir a dos fuentes: una es al viaje y al estudio de otras culturas y la otra es ir al cine. Expliquemos.

Viajar para adivinar .

Diferentes países tienen diferentes grados de evolución en diferentes industrias. En algunas van adelantados y son la vanguardia mundial, mientras que en otras apenas despiertan y son áreas de gran oportunidad.

Por ejemplo, uno de los principales competidores en el creciente mercado mundial de la tortilla es una empresa finlandesa. Esta compañía domina gran parte del mercado europeo y adivinen a dónde va a estudiar el futuro de la tortilla.

En México se puede observar cómo se come tortilla así como todas sus modalidades: sopes, totopos, tostadas, sopa de tortilla, tacos, tortilla de nixtamal, de colores, etcétera.

Starbucks Café es una historia similar. Su fundador se inspiró en un viaje a Italia donde pudo observar a los llamados baristas despachando pintorescamente todo tipo de cafés. En ese ritual diario observaba cómo llegaba sonriente la misma gente al cafecito de la esquina y conversaba entre expressos y cappucinos. Schultz, fundador de Starbucks, repitió con frecuencia sus viajes a Italia, fotografió docenas de lo que ahora se llaman coffee shops y expandió la idea con el mayor de los éxitos.

El futuro del comercio y las tiendas detallistas está en Nueva York. Una tienda actualizada en cualquier parte del mundo: Galerías Lafayette, en París; Falabela, en Chile; Migros, en Suiza; Horten, en Alemania, o Liverpool, en México, tienden a parecerse a Macy's Bloomingdales, o por lo menos se toman a estas dos tiendas como benchmark.

La máquina del tiempo está al alcance de todos. Es cuestión de escoger la industria, escoger la etapa evolutiva, agarrar un avión y observar.

Ir al cine o ver televisión.

La otra variable es la programación que vemos como entretenimiento. Hollywood tiene al mundo a sus pies. Nadie tiene mayor influencia en el futuro de la humanidad que los productores y actores de Hollywood y los estudios norteamericanos de televisión. Aunque quizás ni ellos lo reconozcan.

La homogeneización cultural provocada por eventos como Titanic, Godzilla, Alto Impacto, Forrest Gump, y clásicos como The Sound of Music, Blanca Nieves, Cenicienta, y la "feminista" de Mulán, la nueva película de Disney, se hace cada vez más patente.

Programas de televisión como los Archivos Secretos, la Niñera, Dallas, Hércules y Xena, NYPD, Melrose Place y Baywatch impactan sutil pero eficazmente a una cultura. Enseñan cómo comportarse, cómo vestirse, cómo reaccionar y qué valorar. Sirven como punto de referencia a una humanidad típicamente insegura y en constante lucha por pertenecer y distinguirse.

Se pudiera pensar que somos más fuertes como para dejarnos llevar por simples películas y programas, pero en eso justamente consiste la efectividad de los mensajes "inofensivos": en que se van directo al inconsciente.

Los niños, por ejemplo, forman la mayor parte de su personalidad antes de los seis u ocho años de edad. ¿Y qué se la pasan haciendo? Viendo televisión; la verdadera nana de nuestra era.

A la hora de reconocer personajes nadie les gana a los niños. Apenas hablan pero ya conocen los nombres de los héroes que ya impactaron su psiquis. Bruno Betthleheim, psiquiatra fallecido hace poco, plasmó su interesante teoría en el libro "The Uses of Enchantment", donde describía la influencia de los cuentos infantiles en las vidas adultas de los niños.

Ahora imagínense cuentos multimedia que rayan en la realidad virtual.

Niños, adolescentes y adultos, en orden de importancia, absorben y consumen valores, comportamiento y costumbres de las pantallas de cine y televisión.

No sólo el ver cine y televisión nos ayudan a percatarnos de patrones de consumo y de conducta, sino que se agranda con la americanización del mundo al igual que la romanización o el afrancesamiento que se vio cuando Roma y Francia dominaban.

Digan lo que digan, la americanización se cuela a los más lejanos rincones del mundo apoyado por la globalización; los blue-jeans, McDonald's, Men in Black, E.T., Nike, Reebok, Hard Rock Cafe, Planet Hollywood, Coca Cola, y palabras como O.K., Yeah, benchmark, core competence, etcétera, son claras muestras de la culturización norteamericana.

Nostradamus ya no existe. Saber el futuro no es cosa fácil. Incluso cuando se tiene la habilidad de "adivinarlo" y se saca algo al mercado igual y no pega por adelantado. El asunto está en que tenemos que estar ahí. Siempre listos. Adivinando, especulando, extrapolando.

Si el futuro no es parte de nuestro trabajo diario, un día acabará por arrasarnos.

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