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| Latam |
| Oportunidad, Innovación y Crecimiento | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 21 de Mayo de 2010 10:56 | |||
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MIAMI.- Simón Bolívar andaría orgulloso caminando por las calles de Miami. Es que en esta ciudad, su sueño latinoamericano se cumplió. Aquí conviven diferentes acentos y se fusionan ideas, dinero y personas de todas partes del continente iberoamericano. Miami está poblado por hispanos pudientes, educados y cosmopolitas. A diferencia de los heróicos migrantes que cruzan la frontera arriesgando su vida, este tipo de hispano llega en avión y asesorado por los mejores abogados de migración. Muchos de ellos salen huyendo de la persecución política, del ambiente empresarial inestable, de la inseguridad a su integridad física. Quieren volver a empezar, tener certidumbre o, como me dijo un colombiano, "para simplemente poder andar en bicicleta por la calle". Empezar de mesero no es problema y amablemente la mesera cubana dice "claro, mi amor"; la mexicana contesta "para servirle"; y el brasileño canta un "de nada" que suena a "dinaada". A Bolívar le duraría poco el gusto porque tan pronto saliera de esta ciudad y viajara por Latinoamérica se toparía con un continente atrasado, en manos de políticos retrógrados y empresarios poco nacionalistas. Vería un continente que tiene entre sus industrias más rentables la de la política y el crimen, reforzados por un sistema de impunidad. Observaría un continente atrapado que parece eternizar la pobreza, la falta de imaginación y el cinismo alrededor de un sueño propio, de uno latinoamericano. El mundo cambia mucho y Latinoamérica cambia poco. Salvo excepciones como Chile y recientemente Brasil, el continente se ve rebasado por economías otrora rezagadas. Las estrellas nacientes del BRIC (Brasil, Rusia, India, China, y donde brillan por su ausencia México y Argentina) ha tomado al mundo por sorpresa. Un estudio realizado por la revista The Economist (marzo 2010) concluye que desde 1980 y proyectado hacia el 2014, el cambio porcentual en el ingreso pér capita, al igual que el gasto ejercido a nivel de consumo, sube sistemáticamente y más que en los países desarrollados. Latinoamérica se rezaga. Ante la falta de crecimiento económico y la politización del sistema educativo, este territorio es fértil para líderes caudillos y mesiánicos. El hueco está ahí listo para ser llenado con narrativas populistas y de lucha de clases. El continente está atrapado en una condición mental que lo somete. Este es un continente de subcontratistas, maquiladores y exportadores de recursos naturales. Tenemos petróleo (todavía), pero importamos gasolina. Tenemos café, pero el dinero grande se lo ganan los Starbucks, McCafés y Dunkin Donuts del mundo. El buen café no se da en cualquier lado y lo que debería ser ventaja y una barrera de entrada, como el clima adecuado, la tierra idónea y la posición geográfica, tienen poco valor y el margen de ganancia se va fuera del País. No entendemos dónde está el valor. Tenemos frutas y verduras, pero las marcas son norteamericanas y europeas. Inventamos el chocolate, pero el negocio lo hacen Hershey's, Nestlé y Godiva. Pocos saben que el chicle viene del náhuatl "chictli", de la savia del árbol Manikara zapota, pero las marcas más conocidas en el mundo son de Wrigley's. En México la industria automotriz, una de las principales generadoras de empleo, está esperanzada en que a los dueños de las marcas, los dueños del canal de distribución, la propiedad intelectual y el diseño (General Motors, Ford, Toyota y otros) les vaya bien en su actividad para que nos subcontrate trabajo. Bueno, quiero cerrar con una nota amable. En medio de la oscuridad, emerge una Colombia que se recupera en su economía y la sociedad civil retoma sus calles. Chile sigue su trayectoria modelo y de ser dictadura se convierte en una democracia sólida, donde el poder cambia de izquierda a derecha sin sobresaltos ni revoluciones. Perú contrata a Michael Porter para que les ayude a conformar una estrategia de país que, aunque duele que se ignore al talento latinoamericano, es mejor que deambular sin dirección. Y aunque todavía no pueden echarse las campanas al vuelo, Brasil sigue siendo el consentido del continente de la comunidad internacional. No me extrañaría que ganara la Copa del Mundo en Sudáfrica. Tiene que cambiarse la trayectoria latinoamericana o Miami, y otras ciudades norteamericanas, seguirán recibiendo latinoamericanos desencantados. Penoso es que todo este capital de talento, espíritu de lucha, dinero y mano de obra se sigan yendo a reforzar al american dream, un sueño que no baja al Sur y parece hundirse en el Río Bravo. Artículo leído: 470 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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