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| Hacia la Incompetencia |
| Liderazgo | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 29 de Agosto de 2003 16:30 | |||
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Esto es un problema serio: Peters asegura que casi todo el mundo que se encuentra en la alta jerarquía de las organizaciones, está operando en su nivel de incompetencia; por eso abundan ineficiencias, guerras, empresas que quiebran, Gobiernos mediocres. Su argumento: "La incompetencia ordinaria no es causa de despido; la supercompetencia, por el contrario, conduce a menudo al despido, porque trastorna la jerarquía y viola el primer mandamiento de la vida jerárquica: la jerarquía debe ser preservada". Un exitoso empresario mexicano parece conocer intuitivamente el Principio de Peters: "yo soy un convencido de que la peor gente, es la gente buena (refiriéndose al trabajo)". ¿La peor gente es la gente buena? Es que a la gente buena -moviendo las manos, haciendo una leve mueca, como diciendo que no está mal- no la despides, pero sí ocupa un puesto e impide que una persona extraordinaria lo pueda ocupar. Por eso hay que -rápido- detectar a la gente que sólo es buena y cambiarla, sobre todo porque se puede estar frente a un caso de lo que Peters llama el Síndrome de la Colocación Final. Síndrome de la Colocación Final: un conjunto de síntomas físico-emocionales que se manifiesta en la persona y que sirve como indicativo de que llegó a su nivel de incompetencia. Los buenos subordinados, rara vez se convierten en buenos dirigentes (y quizá viceversa). Algunos ejemplos de síntomas: colitis, hipertensión, jaquecas, diarrea, alcoholismo, trastornos alimenticios, alergias, náuseas, vértigos, impotencia sexual, ansiedad, sudoración excesiva, dermatitis nerviosa, padecimientos del sueño. Siguen el estoicismo de Peters: "Característicamente, un buen doctor percibe la incapacidad del paciente en el trabajo, y procura desviar su atención hacia algo de lo que es capaz de realizar: pintar, jardinería, trotar, yoga, cocinar". La antítesis sería el médico que se aboca a curar síntomas con pastillas. Conviene aclarar que la incompetencia no es de sólo un tipo. Puede ser incompetencia física (que el cuerpo no resiste el nivel de stress y exigencia), incompetencia emocional (incapacidad para leer bien a subordinados, jefes, clientes, proveedores -incluso a uno mismo-), incompetencia intelectual (que la demanda en la toma de decisiones y el procesamiento de información sea rebasada); incompetencia de liderazgo (que carezca del motor, fuerza, motivación o visión para que otros lo sigan); y así sucesivamente. En el otro extremo de la incompetencia, está Flow (flujo) como le llama el psicológico positivo (contrapuesto al psicólogo que sólo se enfoca a la crisis) Mihaly Csikszentmihaly. Flow es el estado óptimo de actividad en el ser humano. En Flow, el individuo florece, como si estuviera realizando la actividad para la cual nació, y se aprecia un desdoblamiento natural, bello, preciso, como si el tiempo no transcurriera. En este estado, la persona parece estar ejecutando su máximo potencial: hay un empate entre sus habilidades e intereses, con la actividad o reto que se tiene enfrente. Por ejemplo, es emocionante leer a Winston Churchill cuando describe la gran misión de enfrentar al Nazismo. Europa rendida, la isla de Inglaterra convertida en la conquista apetitosa de Hitler, pero ahí se topó con Churchill en pleno Flow: lleno de determinación, de coraje, de liderazgo, de sentido de destino. Si quieres ver al Flow en acción, observa correr a Ana Guevara, jugar al tenista Pete Sampras (recién retirado), pegarle al drive a Tiger Woods, hacer negocios a Carlos Slim, filmar y dirigir a Pedro Almodóvar. Pero no se tiene que ser famoso ni rico para experimentar el Flow. El Flow también se aprecia en un sencillo y preciso carpintero que silba mientras trabaja, o en el orgulloso albañil que "construye catedrales". Por un lado, el Flow, por otro, la incompetencia. ¿Cuándo se trata de que si tan sólo nos esforzáramos lo suficiente encontraríamos Flow, y cuándo se trata de que a pesar de todo nuestro esfuerzo, no habrán resultados, simplemente porque estamos desbordados? ¿Cómo reacciona un líder que quedó desplazado por su propio éxito, por la nueva estructura, por las nuevas demandas, y que no puede enfrentar esta nueva etapa? Algunaposibilidades: incrementa su capacidad, su nivel de determinación, se capacita, busca consejo, se enfoca, reasigna recursos, cede el poder a alguien nuevo, hace el negocio más pequeño y lo regresa a su nivel de competencia y enfrenta el riesgo de que el negocio sea desplazado; quiebra, una mezcla extraña de todo lo anterior, llevando a la empresa a la irracionalidad, a la confusión y al más tórrido drama, donde acaban por perderse la objetividad y el sentido de negocio. El esfuerzo y la actualización en ocasiones pueden salvar al negocio, pero el riesgo está en que la persona sea la que se desintegre y acabe por perderse a ella misma. Qué duro es admitir que no puedes con algo. Te esfuerzas, defiendes, inventas, excusas, esperas; pero llegan las ocasiones donde todo mundo lo puede ver, menos tú. Frente al rematado cliché de luchar siempre por lo que uno quiere, de ser más y mejor todos los días, de que no hay pena sin gloria, de que el mundo es de los que perseveran, conviene considerar una idea contraria como la que sugiere B.M. Baruch: haz siempre una cosa menos de las que crees poder hacer. Artículo leído: 1843 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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