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| Liderazgo vigente |
| Liderazgo | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 14 de Enero de 2000 09:31 | |||
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La tesis sobre liderazgo del Determinismo Histórico afirma que son los tiempos los que crean a los líderes. Tolstoy ridiculizaba a la teoría del Gran Líder, argumentando que hasta los héroes son prisioneros de fuerzas históricas que están fuera de su control.
El poder "se le avienta" a la persona en función de ciertas variables del entorno y etapas definidas. Hay momentos, eras, situaciones, circunstancias que favorecen a determinado tipo de personas sobre otras.
La misma persona en diferentes circunstancias es o no es un líder efectivo. En el caso de los Presidentes en nuestro país, muchos pasan de héroes a villanos, o viceversa. Utópicamente si alguno de ellos se hubiera retirado uno o dos años antes, o hubiera prolongado un poco más su gestión, los resultados podrían haber sido radicalmente diferentes. Menem en Argentina, después de logros importantes se quedó demasiado tiempo en el poder. Fujimori en Perú apunta a lo mismo, y Chávez en Venezuela ni se diga, y eso que acaba de empezar. Boris Yeltsin es otro ejemplo interesante. Por un lado emergió como el catalizador de la nueva Rusia, donde prácticamente le salvó la vida a Gorbachov y controló al monstruo que despertó Glasnost combinando discursos elocuentes con maniobras en campo como montarse arriba de tanques de guerra. Por el otro lado Yeltsin se antoja errático y ausente. Y su retiro reciente fue a razón de que simplemente ya no le quedaba otra. Por su edad, por su condición física y sobre todo por el estado semi-caótico del pueblo ruso, la única forma de asegurar su futuro personal era designar al hombre más popular del momento, Vladimir Putin como su sucesor. En el léxico de los políticos, Putin "se la debe" a Yeltsin. Durante la gestión de Yeltsin todo andaba mal y abundaban los que vivían en el error; claro, menos él. Contrató y despidió a siete Primeros Ministros, convocó a seis elecciones nacionales, y despidió al total de su gabinete. Yeltsin también sobrevivió cinco cirugías de corazón, cuatro negociaciones de créditos con el Fondo Monetario Internacional, tres crisis del rublo, dos guerras desastrosas en Chechenia, múltiples acusaciones de favorecer a un pequeño grupo de empresarios-amigos; hasta que las cosas se le fueron de las manos y renunció. En palabras de Higgins & Liesman del Wall Street Journal: "el Sr. Yeltsin generó un polvorín de confusión, una fiebre de despidos de funcionarios en medio de la noche, caprichosos decretos presidenciales, retroactividad impulsiva de políticas gubernamentales, y alborotadas idas y venidas del hospital". En resumen, Yeltsin salva la transición rusa, pero luce incompetente para la siguiente etapa. Algunos argumentan que la era de Porfirio Díaz en México fue la de mayor prosperidad en función de niveles de vida, crecimiento, estabilidad, poder adquisitivo inversión, etcétera. Aceptando sin conceder, de lo que no cabe duda es que el día de hoy Díaz sería un líder anacrónico. En México los dinosaurios huelen mal, aunque a veces parece que no lo suficiente. El liderazgo de Churchill, hombre clave en la guerra mundial y hasta cierto punto héroe moderno de la civilización, se diluyó y pareció inadecuado para una Gran Bretaña en época de paz y en plena reconstrucción. Pinochet, sigue inflamando emociones. Tiene fans y tiene gente que lo odia. Unos dicen que sin Pinochet no la hubieran hecho; otros que el fin no justifica los medios. En la misma plaza un manifestante le llama asesino, otro le llama héroe. ¿Qué pasaría si este discurso se ubicara en un contexto de cuándo y bajo qué circunstancias floreció determinado tipo de liderazgo? ¿Se podría ubicar o definir en qué momento los métodos y el estilo de Pinochet, por ejemplo, dejaron de ser útiles, convenientes o necesarios, si acaso alguna vez lo fueron? Por el lado de la empresa privada también hay ejemplos. La figura de Lee Iacocca tuvo sus momentos. Salvó a la Chrysler de la bancarrota, apadrinó al Mustang y al auto convertible, publicó dos libros -uno de ellos bestseller- apareció en varias portadas de revistas de negocios, encabezó la colecta de la remodelación de la estatua de la libertad, e incluso se llegó a rumorar como candidato a la presidencia de EU. Pero ni Iacocca eludió la variable de la vigencia del liderazgo. Doron Levin, escritor, se le tira al cuello a Iacocca y lo acusa de poseer un ego inmenso y de habilidades cuestionables. Por ejemplo, una vez salvada la Chrysler la volvió a meter en aprietos con una inversión en aeronáutica, incluso una vez que salió de la compañía, intentó una compra hostil de la Chrysler, algo así como la recuperación del trono. ¿Será que el liderazgo, el talento, la personalidad, o el carisma de Iacocca era justamente lo que Chrysler necesitaba cuando estaba al borde de la quiebra, y que una vez terminada la crisis lo mejor era que se hubiera ido? El brillo de George Fischer, el héroe de Motorola y padre del famoso programa de calidad Sigma Seis, se apagó cuando llegó a Kodak. Jan Carlzon, creador del concepto Momentos de Verdad y responsable de sacar del pozo a Scandinavian Airlines, por poco lo lleva a la quiebra otra vez. Antes de contestar si alguien es buen o mal líder, lo que hay que preguntar es líder para qué, por cuánto tiempo, bajo qué escenario, para qué etapa, con qué objetivo y con qué recursos. El líder universal y atemporal no existe. Artículo leído: 1581 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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