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Locos por Lucrecia
Marketing
Escrito por Horacio Marchand   
Jueves 16 de Febrero de 2006 17:00
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Hay pobreza de imaginación y auto-estima en las organizaciones. Quizá por eso, antes de actuar, se voltea a ver lo que hace la competencia, a ver lo que hacen otros iguales en otras partes del mundo, y acaban, todos, por hacer exactamente lo mismo. El resultado: márgenes de utilidad decrecientes y pérdida de poder en la cadena de valor.

Es como si en una fiesta con presencia de 20 hombres y 20 mujeres, todos le aventáramos nuestros encantos a la misma muchacha de la misma manera: 20 hombres tras la voluptuosa Lucrecia, ignorando a las otras 19. La muchacha nos pone a pelear entre nosotros, prometiendo que caerá irremediablemente enamorada del más fuerte.

Lucrecia podría decirnos que nos dará un par de años, y que justo llegado el día habrá competencias por lo que nos conviene prepararnos físicamente para este concurso de fuerza y virilidad.

Como todos estamos locos por Lucrecia, los 20 nos inscribimos en el mismo gimnasio, entrenamos con el mismo entrenador el cual nos pone la misma rutina para que entonces obtengamos los mismos resultados. Vamos los mismos días, ingerimos los mismos suplementos alimenticios.

Un día, uno de los 20 llega al gimnasio con el pelo cano pintado de negro-rojizo. Ah, desgraciado. No nos va a ganar. Y todos nos pintamos las canas. Nos miramos con recelo e incluso nos espiamos. Le vemos un tatuaje escondido a uno de los contrincantes que dice: “Yo Amo a Lucrecia” y hacemos lo mismo, en el mismo lugar.

Pasan dos años pero Lucrecia no llega a la cita. Alarmados nos enteramos que se fue con otro a vivir a China o la India; dicen le da todo lo que pide.

Nuestra inversión de dos años se fue al traste.

La metáfora de Lucrecia pretende ilustrar que no es posible que compitamos por los mismos clientes, de la misma manera, con los mismos atributos, con las mismas armas y las mismas historias.

Lo paradójico es que lo que te llevó al triunfo en su tiempo, en ocasiones es justamente lo que evita que se siga dando.

Una progresión lógica de éxito implica un modelo de negocio que se consolida con el tiempo a través de esfuerzo; que se institucionaliza y se formaliza en eficientes procedimientos y políticas así como en hábitos, valores y costumbres.

Varios intelectuales han teorizado sobre la idea del “imperio temporal”, donde los grandes imperios, por razones orgánicas, mecánicas, evolutivas, de “fijación pragmática”, que tras llegar a un clímax, irremediablemente decaen para dar lugar a nuevos imperios temporales.

Por eso digo paradójico porque lo que te hizo grande termina por fijarse en la cultura de vida corporativa, en las historias y mitos, en los hábitos personales, al mismo tiempo que el entorno cambia dramáticamente.

A esto hay que agregarle la dimensión de “zona de confort” donde los ejecutivos fluyen con el establishment y el status quo donde gozan de una posición de privilegio y poder político, entonces ni para qué hacer olas.

También aquí hay que hablar de Jim Collins, que ha roto todos records de venta con su libros Build to Last & Good to Great; pero que encuentro que su teoría tiene una grave deficiencia.

Es que en las bases de sus tesis están estudios de compañías exitosas que a través de los años consiguen incrementar su valor de mercado más que sus competidores. Una vez que las identifica, las filtra y se pone a buscar las cosas que tienen en común. Finalmente “encuentra la receta” y la publica para que millones de empresas en el mundo, carentes de imaginación y autoestima, la copien y la apliquen.

Naturalmente que el esfuerzo de Collins es interesante y digno de estudiarse, pero no sin dejar de tomar en cuenta que hacia el pasado, hacia lo que ya ocurrió, todo se puede explicar, todo puede encajarse para que haga sentido casi con cualquier formato de análisis.

Collins arguye que los hábitos y principios verdaderamente valiosos no cambian, pero en retrospectiva todos somos lúcidos.

Encontrar elementos comunes de empresas perdurables es como encontrar elementos comunes entre: Einstein, el Chapulín Colorado, Elvis, Marylin Monroe y Cantinflas; naturalmente que las vamos a encontrar. El tema es la replicabilidad.

Independientemente de la teoría y del gurú, el dilema general quizá podría centrarse en dos.

Por un lado, la eficiencia operativa y rentable, donde la buena gestión rinde frutos consistentemente en el presente, y por el otro lado, la imaginación y la exploración constante para no quedar reducidos en máquinas de lo mismo enfrentando márgenes de comercialización decrecientes.

Es un poco como conciliar al Cosmos y al Caos, donde el primero nos ordena y nos hace producir resultados tangibles y estandarizados, mientras que el segundo nos hace retar lo establecido y a través de metáforas, e imaginación, recuperamos algo de la pasión que se aniquila con dosis excesiva de cotidianidad, orden y productividad.

Además de Lucrecia, hay por lo menos 19 más por abordar.
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