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Ideako y su Mente Voladora parte 13 Descargar como PDF
Escrito por Horacio Marchand   
Domingo 06 de Diciembre de 2009 13:01
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Ideako y su Mente Voladora Parte 13
Memorias, Confesiones, Invenciones, Alucines

(Esta es una historia ficticia con toques de realidad, y/o una real con toques de ficción, que fue escrita hace más de una década...... como antecedente, lee la parte 1 de esta serie)

La soledad

Hoy siento sólo. Mi familia no está, salieron de vacaciones. Una mujer que conocí ayer en el avión, de esos encuentros en los que se tocan temas relativamente íntimos porque ambos saben que no van a volver a verse, soltó un llanto discreto cuando mencionó el tema de la soledad.

La soledad es caprichosa: a veces la sientes cuando estás solo y a veces cuando estás acompañado. La segunda es peor porque tiene un remedio más complicado que la primera.

La soledad es peor con la televisión. El control remoto te vuelve agresivo, malhumorado, libidinoso, frustrado. Al ver la televisión compruebas lo sólo que estás porque en la pantalla todos son felices, guapos, cool, heróicos; hasta los trágicos sufren con clase y estilo.

Apago la televisión y me dejo abrazar por completo por el sentimiento de soledad. Me abraza por dentro también, por los lados, por arriba y por abajo. Se siente horrible. Aplasta.

Un whiskey, rápido; una cerveza, un tequila. Rápido, rápido, rápido.

Me preparo un whiskey con limonada. No sabe mal. Ah. Empiezo a sentirme menos sólo, menos presionado por mí mismo. El alcohol perdona, aunque sea en el corto plazo; parece relajarlo todo. Lo termino, ah, y me siento acompañado de repente….o mi soledad ya no pesa. Ah. Otro whiskito, ¿no? Sí, no, sí, no.

Ah... empiezo a sonreír. El alcohol se asentó en el cerebro. Balbuceo en voz baja una canción alegre. De pronto me encuentro acompañado. Regresé, aquí estoy. Hola.

Pero al día siguiente,… antes de que amaneciera, vuelve la sensación. Como a las cuatro de la mañana -una hora donde se dice que ocurren la mayoría de los infartos- ya sentía el dolor de cabeza, y lo peor: seguía la soledad… si acaso acompañada por un malestar físico.

La soledad es una invitación a escapar.

Y finalmente metieron a la cárcel a ese estadounidense que cada cinco años, en promedio, abandonaba su ciudad, esposa, hijos, amistades y se iba a otra ciudad a empezar de nuevo. Ahí cambiaba de nombre, de oficio, se conseguía una nueva novia, se casaba, tenía otra vez hijos y cuando se volvía a sentir saturado y aburrido; adiós, hasta la vista, baby.

Cenaba en mi cuarto de hotel, era invierno, nevaba, decidí pedir room service, quedarme a gusto a ver la televisión. Y ahí fue donde vi la noticia; el tipo se veía “buena gente”, casi inofensivo. Pero dejaba arrumbado a sus esposas con hijos, a amigos y enemigos, a compañeros de trabajo. Bye.

La idea de escapar sigue aquí en la cabeza rondando. Veo cierto atractivo en ese libertinaje irresponsable, y esto me molesta.

Otros escapan a través del ejercicio. Yo debería hacer más ejercicio... tengo que hacer ejercicio, quiero hacer ejercicio, me conviene hacer ejercicio.

Tengo un amigo atleta que hace ejercicio todos los días y de una manera tal, que da la impresión de que también él quiere escapar de algo; de qué otra manera se explica el que se levante a las 4 de la mañana, con una temperatura ambiente de 5 grados centígrados a correr?….. tiene que estar huyendo de algo también.

Otros usan los problemas como un escondite para no tener que enfrentarse a ellos mismos. Una vida sin problemas puede aparecer aburrida, sin estructura, sin dirección. Si todo está bien se proponen —consciente o inconscientemente— a buscar alguna bronca real o imaginaria. Es mejor sentir una crisis que no sentir nada. Es mejor distraerse en el ocupismo que hacer introspección, que enfrentar al abismo. Es mejor tener un obstáculo con el cual lidiar que enfrentarse a algo que no se conoce; como a uno mismo.

Algunos usan a Dios, a la religión o a la espiritualidad. Se conectan con el más allá y desde allá parece que les mandan algo que les sirve, que los equilibra, que les brinda paz. Hay quienes cumplen con los rituales, tienen amigos sacerdotes o gurús, participan en actividades de beneficencia y se sienten buenos de corazón; lo sean o no.

Algunos no usan nada porque simplemente parecen estar bien. No se les ve inquietos ni angustiados. Siempre parecen estar bajo control. Se llevan maravillosamente con la familia y la gente. Son ecuánimes, no son complicados y casi no se quejan. Paradójicamente, éste nivel de represión es justamente el perfil predominante en los enfermos de cáncer.

Algunos meditan, practican yoga, tai-chi o rezan en absoluta concentración. Pero ellos no se escapan: se integran, se involucran, viven el presente. Experimentan simultáneamente un reto, una demanda y se conectan.

Y sí, también hay quien no le falta mucho; que está bien y punto. Como quizá lo estamos todos ocasionalmente.

¿Y sin en lugar de escapar, me centro aquí mismo?

¿Y sin en lugar de escapar me fusiono con el ahora mismo?

Quizá se abran los sentidos a otros ideas, objetos y emociones.

………

Es el fin del mundo.

Quedan 22 minutos y aparece el genio de la botella.

Hay tres hombres en el salón y el genio les presenta a cada uno de ellos con dos opciones a escoger:

Opción 1.- una hermosa mujer, de cabellos largos y sedosos, bien proporcionada y oliendo a perfume, con una bella sonrisa y dispuesta a pasar los últimos 22 minutos de existencia en una sesión de romance y lujuria.

Opción 2.- un banquete exquisitamente acomodado como en los mejores restaurantes, bien servido con pavo, lechón, roast beef, ensaladas de todos tipos, alcachofas, piñones, pistachos, jamón serrano, quesos, vino tinto, frutas, pasteles.

Y el genio les da a escoger sólo una de las dos.

El primero de ellos, el físico, el del buen apetito, escoge rápidamente el banquete; no vaya a ser que en el camino al cielo le dé hambre.

El segundo de ellos, el emocional, escoge rápidamente a la mujer; no vaya a ser cierto eso de que los ángeles son andrógenos.

El tercero de ellos, el intelectual, el de las ideas complejas, se pone a pensar y mientras más pensaba más dudas le entraban. Tenía que decidir y seleccionar la mejor opción en sus últimos 22 minutos de vida.

Se preguntaba, ¿por qué solamente dos opciones, por qué esas dos?

¿Por qué faltan 22 minutos para que se acabe el mundo?

¿De dónde salió este genio, de qué botella, por qué nunca lo descubrí antes?

¿Por qué tanta carne en el banquete? ¿Por qué una mujer pelirroja?

¿Y si todo es un engaño, una farsa, una ilusión, una pesadilla?

Meditaba el intelectual, ponderaba las opciones, las cuestionaba, le daba miedo tomar una decisión sin entender cabalmente las causas y consecuencias del dilema.

Ummm.

Uummm.

Uuummmm.

Uuuummmmm.

Uuuuummmmmm.

Pasaron los minutos y, al cabo de un poco más de reflexión, dijo: “Oye, genio, tengo un par de preguntas”.

Se oye un estruendo. Se mueve la tierra, se abre y se hunden las ciudades. Los vientos arrollan. Las aguas se crecen.

Habían pasado ya los 22 minutos.

Y se quedó sin respuestas, sin la mujer hermosa, sin el exquisito banquete.

Y sin nada.

En 15 días, la parte 14

 

 

Artículo leído: 1200 veces.
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ANONIMO said:

FELICIDADES
HORACIO
ME ENCANTO ESTA REFLEXION, TE QUERIA FELICITAR POR ELLA. PRECISAMENTE ESTA SEMANA HE TRAIDO EN REFLEXION INTERNA EL PERDER LA CHISPA DEL CORAZON, EL NO ESCUCHARSE A UNO MISMO DEBIDO AL CONTROL Y A LAS PREGUNTAS INNECESARIAS. CUESTA ENTENDER QUE NO TODO DEBE DE CONTENER UNA RESPUESTA, SINO EN LA BUSQUEDA DE ELLAS SE TE IRAN PASANDO MILES DE OPORTUNIDADES PARA REALIZAR PROYECTOS, TRABAJOS, ETC Y AL FINAL DEL DIA TE QUEDARAS SIN NADA
 
diciembre 12, 2009
Votos: +1

HMarchand said:

saludos
Muchas gracias por tu comentario ! Saludos, Horaci
 
enero 09, 2010
Votos: +0

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busy
Última actualización el Domingo 06 de Diciembre de 2009 13:17
 

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