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Chivos expiatorios, ovejas negras Descargar como PDF Vista para imprimir Correo electrónico
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¿Donde está un chivo expiatorio? Encuentren uno rápido, por favor. Necesitamos alguien que cargue nuestra sombra, alguien que puede ser sacrificado para que los dioses nos sigan favoreciendo, alguien que podamos usar para purgar y limpiar nuestras culpas y defectos.

Las organizaciones necesitan de un chivo expiatorio y, metafóricamente, esta posición hasta podría ser considerada dentro del organigrama. Lo mismo ocurre en las familias, los grupos de amigos, los equipos de trabajo.

De repente se ofrece la necesidad que alguien cargue con la sombra colectiva, como si fuera un depositario de los defectos o deseos no aceptados, como si representara todo aquello que no desarrolla el grupo. El chivo, o la oveja negra, se convierten en objeto de ataque constante para eventualmente ser expulsados del grupo.

Hace años fui testigo de cómo una organización espontáneamente decidió agarrarse de chivo a determinada persona y la acabó despidiendo. Varios ejecutivos del cuerpo directivo, siempre y cuando estuvieran en privado, reconocían que esa persona no era el problema pero en público optaban por guardar silencio. Al cabo del tiempo me enteraba cómo cada uno de ellos fue señalado como chivo. Tras cada expulsión la patología real quedaba sepultada en medio del polvorín de despidos.

El chivo es un fenómeno de proyección de sombra. La sombra es aquella parte del psique que guarda todo lo que al ego no le gusta --como envidia, sentimientos de inferioridad, impulsos violentos, sexuales, etcétera-- así como las partes que no se desarrollan; pero la energía no se estanca, emerge en diferentes situaciones siendo la más común de ellas la proyección.

Una proyección es aquello que te genera una emoción intensa, tanto de odio como de fascinación absoluta. Las cosas y personas objeto de la proyección en realidad son como un espejo de resonancia que muestra partes tuyas que no has integrado.

Marie-Louise Von Franz, prolífica escritora y discípula de Jung, señala que en muchas culturas, desde antaño, a las proyecciones se les asemeja a proyectiles que se “avientan” a personas que capturan nuestra proyección. En Latinoamérica, por ejemplo, es común hablar de que alguien causó “mal de ojo”, que alguien fue objeto de una maldición, o que conviene le hagan una “barrida” para sacudirse las malas vibras.

Esto puede explicar en buena medida cómo se construyen y se destruyen íconos de la cultura pop e incluso marcas. De cómo seguimos idolatrando, por razones muy diversas, al Ché Guevara, Elvis Presley, Marylin Monroe, así como a Gandhi, Andrea Bocelli, Paris Hilton. También por qué las fotografía de pelos erizados de Einstein, o en la que sale sacando la lengua, son tan celebradas como sus teorías de física.

Más instancias de chivos.

En lo familiar.- Es el caso donde hay una oveja negra que todo mundo habla de él, o de ella, que es constantemente criticado, señalado, excluido. Frecuentemente se le compara con el “bueno” de la familia, con el obediente, serio y formal. En las comidas del Domingo se utiliza su tema como material de sobremesa. “qué bárbaro, qué mal, verdad?”, pero el mensaje implícito es que “nosotros” que somos el grupo, somos buenos, decentes y puros. Al señalar, proyectar y depositar la sombra allá, resolvemos el tener que enfrentarnos a nosotros mismos y protegemos al grupo. El chivo, o la oveja, son de una utilidad enorme.

Si el chivo de la familia se harta y se aleja para nunca volver a tener contacto, la familia tiene en sus manos una crisis qué resolver, tiene que conseguirse alguien nuevo de quien hablar mal, que sirva de depositario de esa dimensión que no quieren integrar.

En lo social. El ejemplo extremo es el fundamentalismo, por ejemplo el religioso, desde la inquisición hasta la simple exclusión de los que son “no creyentes”, o la guerra, del antisemitismo hasta las acusaciones constantes de bandos, como contra el fundamentalismo musulmán o el imperialismo norteamericano.

Cuando a Hitler le propusieron que eliminara de golpe a los judíos dijo que, de hacerlo, tendría que buscarse a otro blanco de odio porque “nada unifica a la gente como odiar a lo mismo”.

En lo político. Es fascinante observar cómo a presidentes y líderes de naciones se les idolatra y en la primera de cambios, cuando las cosas no salen, se les desprecia. Los presidentes grises de México pasan desapercibidos tras su fin de período; mientras que a los presidentes activos, con iniciativas, se les admira para luego odiarlos culpándolos de manera desproporcionada y sumaria, a través del fenómeno de proyección activado. Más ejemplos: Winston Churchill que tras derrotar al nazismo pierde las elecciones en Inglaterra, Temístocles que tras salvar a Atenas de la invasión persa en Salamis lo destierran con el sistema ateniense de ostracismo.

Von Franz comenta sobre las ovejas negras y chivos expiatorios que: “probablemente son provocados porque es la propia sombra la que atrae a las proyecciones negativas de otros; cuando la energía de la sombra se libera, “toma posesión” de la persona, y somete al ego, forzándola a un rol colectivo. Tan pronto la persona se separa del grupo, todo regresa a la normalidad”.

Alrededor de los fenómenos de chivo expiatorio y de oveja negra, hay mucho provecho que puede sacarse ya que son vehículos tangibles que ilustran elementos, actitudes y características del grupo mismo. Esto permite mejorar el diagnóstico situacional y de ahí planear los siguientes pasos.

Tú eres aquél. Cuando se contempla a un chivo o se critica a una oveja es como contemplarse a uno mismo y auto-criticarse. Ambos son procesos clave para el desarrollo individual, grupal y organizacional.

Artículo leído: 3222 veces.
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yudelki said:

abril 30, 2010
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