Podríamos empezar por aceptarnos a nosotros mismos.
Tenemos un ego inflado, nos creemos más competentes de lo que realmente somos y procuramos rodearnos de gente que valide nuestro auto-concepto.
Por otro lado, el cerebro también tiene la capacidad de curar enfermedades (efecto placebo), de saber más rápido y mejor a través de la intuición, de superar limitaciones externas a base del auto-convencimiento.
La Neurociencia parece confirmar lo que pioneros como Charcot, Breur, Freud, Jung y Adler, entre otros, nos decían: el subconsciente existe (la "otra" mente) y su operatividad influye e incluso determina nuestras actitudes y comportamientos.
Por fin la Neurociencia, y las ramas que se abren, como Neuro-economía y Neuro- Marketing, vienen a sumarle a la credibilidad de la psicología. No hay profesión donde no haya charlatanes, incompetentes y deshonestos, pero particularmente la psicología ha tenido un halo de "rollera", poco científica y falta de robustez académica. El posicionamiento de la disciplina es tal que la gente se defiende de ir a una cita argumentando, "pues para qué, si no estoy loco".
Gracias a herramientas como la tomografía axial (PET), resonancia magnética (RMF), espectroscopia por resonancia magnética (ERM) y otras, se puede observar el funcionamiento del cerebro, analizarlo en tiempo real y explicar su desempeño frente a diferentes estímulos.
Antonio Rangel, un español que parece que carga con los espíritus de los científicos españoles de antaño Ramón y Cajal, se desenvuelve en su laboratorio Rangel Neuroeconomic Laboratory en CalTech donde se la pasa haciendo pruebas, más que psicométricas, neuro-métricas por llamarle de alguna forma.
Un experimento sencillo confirma que la narrativa detrás de un producto, en este caso el vino tinto, define el placer en el paladar: se sirven dos copas a los participantes para que es un vino aceptable pero nada en especial; después se sirve otra copa y se les dice que es un gran vino, de gran origen, etcétera (el mismo vino que la primera cata).
El resultado: no sólo dicen que el "segundo" vino es mejor, sino que las mediciones enel cerebro, la activación de los centros de placer, lo confirman. Neurobiológicamente el vino sabe mucho mejor.
Esto resulta intrigante y hasta divertido, pero sus implicaciones son más serias y de mayor repercusión.
Podemos aceptar y vivir con personas llenas de defectos, sesgos, mañas y neurosis; y podríamos empezar por aceptarnos a nosotros mismos.
Pero, qué pasa cuando se trata de líderes que gestionan empresas, que manejan recursos, cuyas decisiones cotidianas influyen en la vida de empleados, proveedores, clientes y accionistas. Qué pasa cuando se trata de presidentes de naciones.
Antes veamos algunas otras conclusiones de los experimentos:
* Nuestro auto-concepto es producto de un proceso inconsciente que amalgama datos con ilusiones, que exagera nuestras fortalezas, minimiza debilidades y crea distorsiones, que engrandece lo que nos gusta y minimiza lo que no nos gusta. (Wilson 2011)
* Nos creemos más generosos y competentes de lo que realmente somos. (Gorski, Rangel)
* Donde hay carga emocional, no hay objetividad: el cerebro automáticamente incluye nuestros sueños y deseos. (Drew Western, 2004)
* Los directivos de una compañía se auto-congratulan cuando las cosas salen bien, pero insisten en los factores externos cuando las cosas salen mal. (Clapham & Schwenk, 2009)
En función de lo anterior, se puede decir que la capacidad de diagnóstico de los directivos de empresas está comprometida y tiene sesgos naturales y humanos; ojo. no es que sean defectuosos, es que son humanos.
Los complejos, a diferencia de lo que decía Freud, no necesariamente son producto de trauma de infancia, sino más bien consecuencia de una configuración psicobiológica.
¿Cómo hacer entonces para que predomine la lucidez y se reduzcan el sesgo personal y el auto-engaño que complican al diagnóstico?
Una forma institucional son los consejos de administración fuertes e independientes, que entre más homogéneos sean y versátiles, mejor; este grupo de personas tiene que ayudarle al líder, si se deja, a facilitar la auto-crítica y la conexión con la realidad de gestión y de mercado.
Aunque el principio de todo tiene que ser aceptar la existencia del subconsciente, y la necesidad que tenemos de otros para mirarnos, entendernos y hasta cierto punto cuidarnos de nuestras propensiones y polaridades.
hm@horaciomarchand.com
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