|

Es que el subdesarrollo es una condición mental. El problema está en la falta de imaginación, la ausencia de trabajo en equipo, la miopía para visualizar el cambio; el cinismo y el pesimismo aniquilan.
MIAMI, Florida. Le pregunté a un grupo de ejecutivos latinoamericanos algo que incomodó a más de un mexicano: ¿Qué sería de México si fueran chilenos los que estuvieran manejando nuestro país y no mexicanos? Sonó a blasfemia.
Primero hubo un silencio de incredulidad ante mi pregunta, luego las réplicas de los mexicanos en la audiencia, mientras que los chilenos sólo se voltearon a ver entre ellos. Y lo digo en serio. Si con ese pequeñito país (comparado con México) que tienen los chilenos se han convertido en el modelo latinoamericano de éxito, imagínense con nuestra escala y nuestra posición geográfica. Lo que necesita México es un psiquiatra de Nación que nos ayude a mejorar la autoestima, la confianza en el cambio, y, aunque suene cursi, a recuperar el amor a la Patria. Quizá lo que tenemos que hacer es estudiar para replicar la mentalidad de: la golfista Lorena Ochoa, Hugo Sánchez cuando jugador, Lorenzo Zambrano de Cemex, Humberto Garza de Famsa , Carlos Slim de Carso, la selección Sub-17 que quedó campeona del mundo. Ahora mismo me tomo un café de Starbucks; lo compré ahí porque en el centro financiero de Miami en Brickell Av. sólo se divisan Starbucks a la redonda. El café no está mal pero lo que más cuenta es el vasito con la sirenita color verde. Ignoro de dónde sea el café, quizá sea mexicano, pero a las filas de clientes que se amontonan todos los días no les importa. Para ellos el café es Starbucks. ¿Cómo digerir la idea de que México es uno de los principales productores del mundo de café y que más del 90% de la riqueza se va al exterior? ¿Cómo quitarnos de la cabeza de que sólo podemos competir a base de vender insumos, petróleo y maquila? Casi el 100% de las ventas de café mexicano son en grano verde, en su forma elemental sin valor agregado, y se vende a precio de commodity; el margen se va a compañías como Starbucks, Illy, y otros, que se encargan de tostarlo, empacarlo, ofrecerlo y promoverlo en sus diferentes formas. Esto da vergüenza y refleja el estado de inercia en el que hemos caído como país en función de que no pensamos más adelante en la cadena de valor y nos quedamos atrás pensando como subcontratistas. Una funcionaria de la Sagarpa confirma, a través de sus declaraciones en Diciembre del año pasado, “lo difícil” que es competir: “el mercado de café es muy complicado especialmente en Europa. Italia busca su propio tostado, porque no es el mismo que el francés, español u holandés y los alemanes muy inteligentemente nos compran todo el grano de café, lo tuestan, lo envasan y le dan todo el valor agregado”. Ay, esto duele. Nadie dijo que es fácil pero este derrotismo es triste y castrante. ¿Qué nos queda con esta mentalidad? Pedirle a Starbucks, dueño de la marca, la propiedad intelectual, el canal de distribución, que nos compre más, por favor. Nos sentamos a pedir y ellos se sientan a poner sus condiciones.
En oposición a esto está Colombia, que hace pocos años se le veía como un país violento, sin remedio, sin instituciones, sin rumbo. Pero en tan sólo 5 años el crimen, la inflación y el desempleo han disminuido dramáticamente; y según Business Week Mayo, 2007, el mercado de valores ha crecido 14 veces; la inversión extranjera y los flujos de capital se han duplicado; los precios de los bienes raíces en algunas ciudades se han triplicado.
El café colombiano está en otra trayectoria completamente diferente al mexicano. Sacaron su propia marca y llevan años empujándola: Juan Valdez, y su mula, son uno de los íconos comerciales más reconocidos en el mundo. Ahora se avientan hacia delante, hacia la captura de clientes y el canal de distribución. La Federación de Cafeteros de Colombia recién firmó un acuerdo que les permitirá vender bajo su propia marca, a 11 mil restaurantes que atiende Coca-Cola en Estados Unidos, un número de puntos de venta similar a los que tiene la cadena de cafeterías Starbucks. Esto es un golpe maestro o, quizá deba decirse, un golazo de chilena. "El acuerdo tiene un gran potencial de crecimiento ya que Coca-Cola atiende 425 mil restaurantes en Estados Unidos. De llegarse a la mitad de este potencial, Colombia exportaría 500 mil sacos de café procesado con valor agregado", dijo el gerente de la Federación, Gabriel Silva. El margen, el control, la captura de utilidad, se concentran allá en la derecha cerca del último consumidor, no a la izquierda cerca del agricultor. El dinero está en las marcas, en el canal de distribución, en la propiedad intelectual. Primeramente hay que cambiar de mente.
|