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| Animal Político |
| Estrategia y Management | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 26 de Septiembre de 2008 12:22 | |||
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No hay organización humana que esté exenta de la política. En una pareja se compite por el control, los hijos compiten por llamar la atención de sus padres, el subordinado hace lo imposible por convertirse en el favorito, el alumno quiere "caer bien" para que lo recuerden a la hora de las calificaciones. Aristóteles nos llamó animales políticos ya que consciente o inconscientemente buscamos subir en la jerarquía social al igual que toda la parentela genética de gorilas, chimpancés y orangutanes, entre otras especies. La política es necesaria para definir roles, jerarquías, prioridades y el trabajo en equipo. Sin organización social no hubiera sido posible sobrevivir como especie: mientras unas especies desarrollaron fuerza, otras velocidad, otras camuflaje, nosotros desarrollamos la habilidad de colaboración y el recurso de la flexibilidad. Pero también es cierto que la política, o más precisamente la politiquería, llevada al extremo destruye a las entidades. El caso de México es ilustrativo. Subsidiamos a los políticos para que se dediquen cien por ciento a México y acaban dedicándose a ellos mismos; el malestar es generalizado y las encuestas sistemáticamente reflejan el desencanto de la población. Cada paso a favor de México el político lo condiciona a que él y su tribu obtengan un beneficio como paga. Se atoran las cosas, las iniciativas se destruyen, se critica a diestra y siniestra y el enfoque es a "cómo no" en lugar de buscar "cómo sí". Pareciera que persiste un deseo macabro de que el País caiga en un proceso de descomposición para promover algún tipo de agenda de rescate y partidista. Mientras tanto la competencia mundial nos desplaza: ni en el polvo le vemos a los llamados tigres asiáticos y no pintamos en el BRIC (Brasil, Rusia, India, China), grupo que promete en convertirse en los siguientes grandes. Nos estamos quedando atrás y la tendencia se consolida. Esto se alimenta de una sociedad civil pasiva y melodramática al igual que de empresarios cada vez menos nacionalistas. Si es cierto que cada pueblo tiene el Gobierno que se merece, entonces esto parece explicar que se idealice a los políticos conforme se evidencia en la amplia cobertura que se les otorga en los medios masivos de comunicación. ¿Será que no tenemos a quién más cubrir? ¿Qué no hay líderes, ni hay sueños, ni se aprecia intención de mejora; que no sabemos a dónde voltear, a quién seguir, en quién confiar? ¿Estamos tan acomplejados, con tan poca autoestima, viviendo un guión cultural de autodestrucción o, quizá peor, uno de mediocridad? Es cierto que hay criminales que merecen todo el peso de la ley, pero también es cierto que hay criminales que asesinan a la idea de México todos los días, que aniquilan a base de cinismo cualquier intento de construir y animar un sueño mexicano, por lo que los mexicanos entonces emigran a Estados Unidos en busca del sueño americano. ¿Pesimista? Creo que más bien es apuro. Es que una generación de políticos, alimentados por una sociedad pasiva, es suficiente para retroceder el avance de décadas. Basta con recordar la fortaleza de Argentina allá por los 50 cuando prometía convertirse en una potencia mundial -Buenos Aires orgullosa de su sobrenombre "París de América"-, pero fue envuelta en un espiral decreciente por políticos fuera de control. Extrapolando el tema político hacia las empresas hay que resaltar que sin organización social no hay trabajo en equipo ni división del trabajo y mucho menos eficiencia; pero con politiquería excesiva el sistema se corrompe, se erosiona y cae en entropía. En las empresas, a pesar de que predomina el accountability y las responsabilidades están claramente delineadas, la política es inevitable. La pregunta es de qué tamaño, en qué intensidad y sobre todo si la empresa aguanta el desgaste y el desenfoque. Paradójicamente si el negocio es exitoso, tiene momentum o está envuelto en alguna bonanza eventual, aguanta mucha politiquería. Regresando a México, un precio del petróleo alto subsidia la pobre gestión de País y da "chanza" de que se desvíen los recursos en la "grilla". Si el negocio no está en su momentum o lucha por sobrevivir, quizá esté más enfocado y comprometido que la empresa que tiene holgura. Una crisis puede enfocar esfuerzos, asignar óptimamente recursos y provocar el cambio organizacional. Si se aprovecha, una crisis tiene el potencial de ser lo mejor que le pase a una empresa, a una persona, a un País. Sobresimplificando, una metáfora podría ser: los miembros de un clan nómada se disputan una posición de poder dentro del grupo y pelean a golpes para determinar quién de ellos es el macho alfa. En medio de los golpes se acerca un tigre gigante, de esos con los colmillos retorcidos, y se avalancha hambriento sobre el grupo. El pleito cesa. De inmediato se activa un proceso de coordinación entre los miembros de la tribu. La rutina de defensa se prende como relámpago y se convierten en una eficiente entidad. Entre más veces ocurra algo así la curva de aprendizaje perfecciona la reacción. Y también hay historias de tribus perdidas que ni las amenazas de subsistencia de grupo lograron detener el conflicto interno: obtengo el poder yo, o nos morimos todos. En el otro extremo de la politiquería está el group think, que también inhibe el crecimiento. En el caso de group think el sentimiento de grupo y la cohesión son tan grandes que se estandariza a sus miembros y hay una tendencia a conformarse con la opinión generalizada para evitar conflictos y tensión. El interés por preservar el statu quo grupal le gana a la eficacia de la organización. El trabajo en equipo es deseable, pero el exceso coarta a la innovación, al pensamiento original y la orientación exploratoria. Mucha política es tan estéril como poco política. Artículo leído: 1207 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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