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| Lucha de Prioridades |
| Estrategia y Management | |||
| Viernes 17 de Mayo de 2002 17:17 | |||
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El atraso tecnológico no ha sido adecuadamente dimensionado en México. Particularmente si se toma como referencia el bajo presupuesto y el tibio esfuerzo que ha hecho el gobierno para promover y difundir la tecnología. México sólo destina el 0.4 por ciento del Producto Interno Bruto para investigación y desarrollo. El gasto nacional en tecnología es de alrededor del 1.3 por ciento del PIB. En México hay apenas 6.3 computadoras personales por cada 100 habitantes, un rango muy inferior a la penetración de Belice -16 por ciento- o Uruguay -11.4 por ciento-. Las cifras más optimistas dicen que hay 6.7 millones de usuarios mexicanos de internet, pero otras afirman que apenas son 2.3 millones.
Alguien diría que hay batallas mucho más importantes que ganar y que México está enfrascado en un conflicto de prioridades. ¿Tendrá sentido que una persona tenga conexión a internet pero no tenga seguridad en su empleo?
Y qué hay de los otros problemas crónicos: la pobreza, la crisis del campo, la corrupción, el narcotráfico, el analfabetismo.
En medio de todo esto, cabe preguntarse: ¿Y la carrera tecnológica? ¿Qué es más importante la "e" o el "México" del eMéxico?
El Economist Intelligence Unit (EIU) afirma que México ocupa la posición número 34 de 60 países evaluados en cuanto a su potencial para incursionar con éxito en la Nueva Economía. Los analistas de EIU califican a México con 4.78 sobre diez puntos posibles, ponderando la capacidad para realizar negocios electrónicos en áreas como: conectividad, ambiente legal, infraestructura de servicios electrónicos e infraestructura social y cultural.
México está ubicado -en la clasificación del EIU- en el llamado grupo de países "seguidores", junto con Grecia, la República Checa, Hungría y Chile. Más arriba, entre los "líderes", se encuentran Estados Unidos, Australia, Inglaterra, Francia, España. Y más abajo, en los "rezagados" hay naciones como Bulgaria y China.
Una de las propuestas de la Nueva Economía es generar riqueza y esparcirla mediante el uso de la tecnología. Y hay indicios de que se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo: generar crecimiento en México y permitir el desarrollo de la tecnología. En condiciones similares, economías como la de la India y la de Hong Kong han demostrado que invertir en desarrollos tecnológicos sí paga.
El gobierno indio promueve en Estados Unidos el Bangalore Road Show. Bangalore es el Silicon Valley de India y crece cada vez más debido a que la mano de obra es muy barata y calificada y las leyes favorecen la inversión extranjera.
El plan estratégico más importante para el Hong Kong de hoy no es geopolítico, sino de negocios: persuadir a docenas de compañías para que inviertan en su Parque Científico y Tecnológico.
México está en capacidad de hacer lo mismo. Gracias al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA), ya desarrolló el cluster de la electrónica en Guadalajara (Silicon Valley South) y convirtió el área de Tijuana/Mexicali en la capital norteamericana del televisor.
Entre las 50 compañías extranjeras más importantes en México, por lo menos quince son de la industria de las tecnologías de información y telecomunicaciones. La mayoría son firmas estadounidenses, pero también hay europeas y asiáticas.
El actual gobierno ha entrado en contacto con los presidentes ejecutivos clave de la industria, incluyendo a John Chambers, de Cisco Systems; Michael Capellas, de Compaq; Carly Fiorina, de Hewlett Packard, y Bill Gates, de Microsoft.
Pero a pesar de los avances no se aprecia una estrategia práctica y decidida que refleje un marco mental alrededor de la tecnología y sus implicaciones para la competitividad a nivel país. Mientras otros mercados hacen la cuenta de los daños causados por el rompimiento de la burbuja especulativa del mercado de tecnología, en México la fase tecnológica apenas empieza.
La metodología que utiliza el EIU, aunque útil para la discusión, no deja de ser un índice aplicado con una óptica foránea. Pondera sus variables con frialdad y con cierto grado de ignorancia sobre países en desarrollo, esto se refleja asignando por ejemplo el 30 por ciento de la ponderación final al renglón de conectividad y sólo 5 por ciento a la infraestructura social y cultural.
Parece ilógico que este punto -que incluye aspectos como educación y alfabetismo- tenga un peso marginal en la calificación, porque al final es la gente la que impulsa a la tecnología.
Entrar de lleno en la Nueva Economía requiere definir prioridades y el origen de todas las prioridades es la educación.
En un país como México, la posibilidad de ganarse su "e" depende en buena medida del grado de avance que se tenga en educación. Si se aceptara el modelo de la EIU como válido, las ponderaciones de la infraestructura social y el nivel de educación deberían de ser mucho más altas. Una población educada demanda más conectividad y acceso. No al revés.
Y al hablar de un eMéxico, de lo que se trata es de esbozar y poner en práctica un plan secuenciado y lógico que acelere el proceso, cimentado en la incorporación de tecnología para educar a un país atrapado en la ignorancia.
La meta en consecuencia debería ser convertir a México en el más grande proyecto de e-learning del mundo. Y para ello se debe lograr el apoyo de las corporaciones tanto extranjeras como nacionales que han hecho grandes negocios en el país. Si se concreta este objetivo, además de atacar el subdesarrollo crónico, se puede dar un brinco, cuantitativo y cualitativo, hacia la era de la información.
Un país que trabaja demasiados frentes, que no prioriza, es un país gris. En esto, la educación es crucial, y no hay mejor amigo de la educación que la tecnología. Artículo leído: 2672 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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