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| La Receta |
| Estrategia y Management | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 22 de Agosto de 2008 00:00 | |||
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Somos una sociedad de consumo inmediato y queremos una pastillita para todo: bajar de peso, dormir, incrementar la energía, facilitar una erección, promover la digestión, agilizar la memoria, disminuir el dolor, reducir la ansiedad, aliviar la depresión, mejorar la piel, y así sucesivamente. Sólo nos falta una pastilla que nos haga exitosos. Como todavía no ha sido inventada, en su lugar consumimos gurús, libros, revistas y cursos de negocios, aunque hay que tomarlo todo con la debida suspicacia. Por mi parte creo que todo lo que digo o escribo es irrelevante. Lo que escribo sólo adquiere sentido y vida cuando el lector encuentra algo que le resuene en su interior y es a partir de ahí que se hace relevante; es su situación y subjetividad la que le da el "soplo divino" a cualquier idea. Entonces la relevancia la determina el lector, no el escritor; el alumno, no el profesor; el que escucha, no el que habla. En todo caso, a lo que nos podemos limitar los que escribimos es a hacerlo de la manera más clara y atractiva que podamos. Bajo esta perspectiva el proceso de escribir y leer es uno solo, y es uno de co-creación. La fuerza de la letra permanece latente y sólo cuando la energía que provee el lector se activa, cuando trabaja una idea, la comparte, lo mueve, lo posee, es cuando finalmente se cierra el ciclo. Por eso hay que desconfiar de la industria de la receta que recurrentemente promete transformar a una empresa. Le llamo industria de la receta a la que componen -debería decir componemos- profesores, escritores y consultores de negocio apuntalados con la abrumadora cantidad de escuelas de negocios que ofrecen grados, posgrados y capacitación ejecutiva. Sin dejar de reconocer y hacerle reverencia a determinados conceptos que reescribieron la forma de hacer gestión en las empresas, la industria de la receta no es perfecta y hasta funciona de una manera preocupante. Muchas de las investigaciones toman una serie de empresas exitosas, digamos Apple (por el momento) y las utilizan como unidades de análisis para des-construirlas y "encontrar" los elementos clave de éxito. A estos elementos los investigadores los bautizan con nombres rimbombantes para decir: mi concepto se encuentra en todas las empresas exitosas que investigué. ¿Harvard produce profesionistas excepcionales, líderes universales, innovadores audaces y lo mejor de lo mejor en el mundo empresarial o es que Harvard sólo acepta alumnos excepcionales, líderes universales, innovadores audaces, y lo mejor de lo mejor? Si estudias a los egresados de Harvard encontrarás no sólo dos o tres características en común, sino cientos o incluso miles, dependiendo de la taxonomía y las variables que decidas estudiar. Respecto a las empresas que los investigadores estudian, frecuentemente son las mismas. Una búsqueda online de los artículos del Harvard Business Review (HBR) reveló que cerca del 50 por ciento de los artículos publicados desde 1922 mencionan por lo menos a alguna de las siguientes compañías: IBM, GE, Dell, Wal-Mart, Southwest Airlines (McFarland, Breakthrough Company). Estas 5 compañías produjeron mil 304 resultados en cerca de los 2 mil artículos publicados en el HBR. ¿Será que el conocimiento de negocios viene de sólo 5 compañías? ¿De 10? Los libros de negocio y el resto de las publicaciones igual: suelen elegir sistemáticamente al mismo grupo de empresas. Analizar retrospectivamente una o varias empresas, para luego cruzarlas con una matriz e intentar explicar el éxito y el fracaso me parece temerario, casi especulativo. Es como estudiar las vidas de Winston Churchill, Shakira, Albert Einstein, Da Vinci, Isaac Newton, Nelson Mandela, Virginia Wolf y encontrar los factores comunes, publicarlos e incitar a la gente a que sean como ellos. Paradójicamente el factor más común entre ellos es que fueron originales, y esto tampoco es la respuesta, quizá no exista ninguna. No dudo del poder inspiracional de las historias exitosas ni de la fuerza que tienen para activar la imaginación y la posibilidad. Hasta los formatos conceptuales presentados pueden formar masa crítica para ser utilizados cuando llegue la oportunidad; pero son recursos, no mandamientos; son ingredientes, no el platillo. Una empresa cambia por día. El contexto, las gentes, la cultura, la competencia, el mercado; todo es diferente al día siguiente. Y están los fanáticos. Aquellos que se emocionan tanto con un autor, una idea, un esquema, que lo utilizan obsesivamente para esconder su ansiedad, eliminar artificialmente la incertidumbre y aliviar temporalmente el stress natural que acompaña a la vida personal, profesional y de negocios. Dicho lo anterior, yo le sumo mi propia interpretación de lo que he visto de compañías exitosas. No puedo criticar solamente y a pesar de lo que señalo, en una franca contradicción, me veo obligado a aportar algo a esta industria de la respuesta. Lo que presento no son pasos, ni recetas; tampoco realicé una investigación científica, ya que frecuentemente están sesgadas, además de que se hacen obsoletas al poco tiempo.
Una empresa exitosa se enfoca en: * Permitir a través de mecanismos sistémicos la detección y explotación de oportunidades. * Diseñar y ejecutar el tradeoff entre estas dos fuerzas según el contexto y la trayectoria de la empresa. Hablaré más de esto en otra ocasión, pero quería dejar claro las limitaciones y lo que considero son los vicios que existen en la industria de la respuesta; así es que incluso lo que acabas de leer, créelo bajo tu propio riesgo. Artículo leído: 747 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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