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| ¿Riqueza? |
| Vida y Marca Personal | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 16 de Junio de 2000 12:43 | |||
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Nadie los puede medir, a veces ni siquiera nosotros mismos.
Y no todo tiene que ver con economía. La riqueza verdadera no se define solamente en términos de dinero. La unidimensionalidad en un individuo es tan grave, que puede destruirlo o por lo menos privarlo de una vida plena.
Si ya hay un coeficiente intelectual y diferentes tipos de inteligencia; también ya hay un coeficiente emocional y diferentes formas de interactuar con nosotros mismos y con la gente; y hasta en las empresas se habla del balanced scorecard y las diversas formas de evaluarlas, ¿por qué no un coeficiente personal de riqueza? Este coeficiente se podría integrar de diferentes tipos de riqueza, y a continuación se esbozan tímidamente algunas posibilidades. Riqueza de energía.- La ausencia de enfermedad no es sinónimo de salud. Una vida plena está dotada de altas dosis de energía, pasión, y determinación. Si algo en común han tenido los grandes personajes de la historia es su vitalidad y la disciplina para perseguir sus sueños. Un prestigiado ejecutivo mexicano de 58 años que acaba de arrancar su negocio de consultoría parece entender esto muy bien. Se levanta todas las mañanas y lo primero que hace es Tai Chi. "Nada como balancear la energía para generar energía", dice con relación a su hábito. Correr, meditar, tenis, golf, caminar o simplemente alejarse de vicios, son formas de recargar energía y esto posibilita la ejecución de planes, deseos y anhelos. Una persona apagada es una persona pobre. No hay libertad para el débil. Riqueza de tiempo.- Hay quien no tiene tiempo para nada. Ni para vacaciones, ni para la familia, ni para hacer ejercicio, ni para leer, ni para ver la televisión, ni para ir al cine. Vivir saturado implica desconectarse de cosas que pudieran parecer más confusas e impredecibles que la rutina de trabajo, como tener contacto real con la familia o tener tiempo libre y no saber qué hacer con él. Recientes estudios en Europa y Estados Unidos han confirmado la tendencia de que cada vez hay más profesionistas, sobre todo los jóvenes, que estarían dispuestos a sacrificar algo de sus ingresos por mayor tiempo libre. Otra forma de pobreza es la falta de tiempo o la inhabilidad de manejarlo. Riqueza de creatividad.- La creatividad es una extensión de la persona y satisface las fibras más profundas del ser. La gente quiere hacer, construir, modificar, inventar. No lo quiere hecho. Necesita plasmar su sello. Este es el caso de Linus Torvalds y su ejército espontáneo de programadores que han creado para el mundo, de manera gratuita, el sistema operativo de Linux, la primera alternativa real al software de Microsoft. Quizá en el futuro Torvalds se agrupe con otros genios creativos al nivel de Mozart, Van Gogh, Colón, Da Vinci, todos millonarios en riqueza creativa y héroes de su destino. Cuando se vive constantemente reaccionando al mundo, no se puede vivir el proceso de creación. Cuando se está sobrestimulado en lo urgente, no se puede crear en lo importante. El privilegio de toda una vida es ser uno mismo. Riqueza de relaciones.- Suena a cliché, pero por algo será: el éxito significa poco si no tiene con quién compartirse. Jurgen es un empresario alemán que es workaholic. Constantemente le llama a sus empleados a sus casas y en cuatro meses le renunciaron tres secretarias. El éxito económico de Jurgen es respetable. El problema es que vive solo. Su esposa, que hasta la fecha se preocupa por él, vive en otra casa con sus dos hijas adolescentes. La convivencia era simplemente imposible. Abundan los casos de los viejos moribundos que en su lecho de muerte lloran arrepentidos por su desinterés en las relaciones familiares o de amistad. La gente a veces se tiene que morir para aprender. Riqueza del gozo.- Héctor, un ciudadano de Metepec, se queja mucho de sus vecinos. Son ruidosos, gritones y siempre tienen la música a todo volumen. Seguido huele la carne asada que preparan, además de escuchar sus carcajadas, chistes y canciones. Una vez entre semana y otra vez el fin de semana, siempre hacen lo mismo. De lo que no hay duda es que ríen mucho, gozan mucho y disfrutan mucho. Héctor ya no los aguanta. No soporta que le recuerden con tanta frecuencia que él no sabe gozar lo que tiene. Que, como se supone debe ser, se la pasa pensando en el mañana: en sus hijos, en el trabajo, en el retiro; mientras que sus vecinos, casi de manera irresponsable, se la pasan disfrutando de la vida. Si Héctor tuviera varios millones de dólares, a lo mejor les tocaba la puerta a sus vecinos y les compraba su capacidad de gozo. Aunque realmente duda que le llegue al precio. En conclusión, quizá la búsqueda por la riqueza personal deba empezar por definir qué tipo de riqueza y en qué grado la queremos. Todavía hay tiempo. Artículo leído: 1630 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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