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| Fábrica de Mitos |
| Psicología del Consumidor | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 23 de Enero de 2009 17:44 | |||
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Somos una fábrica de mitos. Cada Era tiene sus dioses, sus héroes, sus personajes inspiradores; y también cada Era tiene sus demonios, sus antihéroes, sus personajes decadentes. Estos personajes van y vienen, pero lo que prevalece es el proceso psico-evolucionista que sistemáticamente los inventa. Hoy en día pocos hacen honor a los dioses del Olimpo y sus templos están abandonados, pero los sistemas humanos que los crearon están más vivos que nunca. Quizá cambiemos de dioses o de héroes, pero el proceso sigue siendo el mismo de siempre. Obama es un héroe de estos tiempos y, como todos los héroes, está idealizado, romantizado, y es el blanco de las proyecciones -de deseos y anhelos- que depositamos en él millones de personas. En este caso las proyecciones están cargadas de ideales nobles, así como de creencias, inconscientes o conscientes, de que lo extraordinario existe, de que los underdog pueden triunfar sobre los topdog y de que sí es posible ser mejores. En la festiva toma de protesta de Obama había un testigo silencioso pero omnipresente: una estatua gigante de Abraham Lincoln como marco central del evento. Ahí estaba este enorme mito norteamericano sentado en una silla que más bien parece un trono, muy parecido a las imágenes que se han visto de Zeus sentado en el Olimpo. Entre las majestuosas columnas, inspiradas en la arquitectura grecorromana, se asomaba Lincoln para mirar desde su templo la celebración. Y digo templo con toda la intención porque es uno muy parecido al que concibió el ateniense Pericles cuando quiso honrar a los dioses, en particular a la diosa Atenea; como el que se construyó en Efesos para honrar a la diosa Artemisa; como el que mandó edificar Justiniano y que llamó Santa Sofía en honor a la divina sabiduría; como el que se construyó en París para honrar a la Virgen y que lleva por nombre Notre Dame. Desde las historias épicas más antiguas se reflejan la imaginación de la Era y la idea del héroe mítico. En su tiempo fueron Hércules, Aquiles, Ulises; en otro tiempo fue Alejandro el Grande que se inspiró con estas historias e incluso llegó a Anatolia para buscar la tumba de Aquiles y rendirle tributo. En la Edad Media muy probablemente fueron los artistas y arquitectos de los grandes monumentos e iglesias, al tiempo que en el Renacimiento los héroes eran los que buscaban recuperar el pensamiento libre -sometido en el nombre de la religión; en la Ilustración sin duda lo fueron los humanistas que abordaban desinhibidamente los temas existenciales. Luego llegaron los científicos, aquellos que depositaban en el método sus creencias y que sólo a través de experimentos explicaban al mundo; es que la ciencia también puede alcanzar niveles míticos. Más recientemente aparecieron los ingenieros fieles a las economías de escala y a personajes como Henry Ford, democratizadores de productos. Finalmente, la nueva mística se centra en el capitalismo y por el mundo se reconoce por igual a Bill Gates y a Steve Jobs, como a Elvis Presley y Mick Jagger; los empresarios convertidos en celebridades. En el caso de Obama, difícilmente puede ser más mítico y simbólico. Hoy estamos en una época que requiere de síntesis, de integración, de suma. Estamos cayendo en un proceso de entropía y desmembramiento en diferentes frentes y se requiere un líder que pueda ver el mundo de una manera holística. Estados Unidos hace negocios con el planeta entero; es un país cosmopolita, multirracial y ahí se encuentran prácticamente todas las razas, idiomas, costumbres e ideologías del mundo. Lo último que necesita un país con estas características es un líder con una mente unidimensional. Es cierto que Obama está idealizado -yo mismo lo estoy haciendo en este momento-, sin embargo su historia es una de síntesis, integración y suma. Su madre -la mayor influencia en su vida- era de raza blanca, nacida en Kansas, creció en Hawai, estudió antropología, se casó con un estudiante originario de Kenia -audaz para la época- y de esta unión nace Barack Hussein. Su padre los abandona y el abuelo hace las veces de figura paterna. Su madre se vuelve a casar, ahora con un indonesio, y viven durante seis años en Yakarta hasta regresar a Estados Unidos. Un hombre multirracial, multicultural y multinacional, con estudios en Harvard, donde conoce a su actual esposa, parece ser el bálsamo para un mundo polarizado por el instinto etnocentrista de la tribu y la rivalidad irracional entre religiones y nacionalidades. Obama ya fue ascendido a nivel de héroe mítico y la estadística muestra que ningún Presidente norteamericano había llegado al poder con tanta mística y capital político. Esto es consistente con la propensión humana de fabricar mitologías y símbolos que transmutan lo profano para convertirlo en divino. Queremos creer que nuestra existencia tiene sentido y que podemos, a través del esfuerzo, la voluntad, la imaginación y la disciplina, mejorar y hacer una diferencia. Ante un mundo carente de líderes creíbles y particularmente inspiradores, el vacío tiene que ser llenado; la energía tiene que otorgarse a alguien. Y en este sentido soy un creyente del liderazgo por determinismo histórico. El liderazgo no es tanto producto de las características intrínsecas de una persona, sino de la necesidad que se respira en determinado momento y de cómo esa persona, por serendipia, suerte o destino, puede llenar ese hueco. Pero en el caso de Obama las estrellas se alinearon y llegó su tiempo. Aparte suertudo: el país está hundido en una crisis y difícilmente las cosas podrían ser peores. El espacio abierto apunta sólo hacia arriba y hacia la mejora. El racismo, el obstáculo más grande que tenía Obama para triunfar, fue noqueado por la crisis económica. Sin crisis jamás hubiera ganado Obama. Una crisis es campo fértil para crear una figura mítica para la historia: Barack Hussein Obama. Artículo leído: 1486 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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