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Marca y Poder Personal (V)
Psicología del Consumidor
Escrito por Horacio Marchand   
Viernes 30 de Mayo de 2008 11:11
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El patito feo no era patito, era cisne. El asunto es que nació entre patos y por más que luchó por acomodarse a la "patitud", le fue imposible. Entristecido, existencialmente confundido, aislado, un día miró pasar a un grupo de cisnes y finalmente entendió.

Es que la naturaleza acaba por imponerse a la formación: el que es, es; el que no es, no es y, como dice el dicho popular: el que nace para tamal, del cielo le caen las hojas. El ADN parece contener nuestro "programa" completo para el resto de nuestros días y simplemente es cuestión de tiempo para que se desdoble y ocurra.

En función de esto, tu química genética determina si eres una persona agresiva, pasiva, acelerada, introvertida o extrovertida, o si conquistas en los negocios, al sexo opuesto, acumulas poder y dinero.

Esta idea parece regresarnos al concepto del destino griego, donde Edipo inevitablemente cumpliría con la profecía de matar a su padre y casarse con su madre, donde Aquiles efectivamente obtendría la gloria pero a cambio de una vida corta, y donde el oráculo, a través de ricas metáforas, simplemente articulaba lo que el destino ya había fijado.

La diferencia es que los griegos atribuían a los dioses el diseño del destino personal, personificado por las Moiras: Cloto, la que hila el destino; Láquesis, la que lo asigna, y Átropos, la inflexible (que corta el hilo para finalizar con la vida); mientras que ahora - sumergidos en la era científica- se le atribuye a la biología más que a la mitología. ¿Las Moiras están en los genes?

Steve Pinker, psicólogo de vanguardia de Harvard, afirma que: "es una falacia pensar que el hambre, la sed y el deseo sexual son biológicos, pero que la capacidad de raciocinio, la toma de decisiones y el aprendizaje son no-biológicos".

El ADN (DNA) parece explicar la conducta y el correspondiente éxito o fracaso de un individuo, incluso de cómo los define y los mide.

En el debate de si los humanos somos por el determinismo psicológico (lo que aprendemos) o si es un tema de determinismo biológico (nuestros genes), Pinker y otros científicos apuestan a este último.

Y así como Darwin con su teoría de la evolución sacudió al mundo en su tiempo afirmando que prácticamente éramos hermanos de los simios, ahora la neurociencia especula sobre la predominancia biológica.

El afilado de Thomas Wolfe hizo lo propio para agitar el caldero con su famoso artículo: "Sorry, But Your Soul Just Died" -inspirado en Nietzsche con su "Dios Ha Muerto"- donde explica con detalle los avances de la neurociencia y las implicaciones para la condición humana.

Con tecnología moderna, que tanto Charcot, Freud y Jung hubieran deseado tener cuando desarrollaron sus teorías del psique, ahora puede rastrearse al cerebro (su composición y su proceso) para explicar conductas, reacciones, decisiones, pensamientos y sentimientos.

Sofisticadas herramientas de medición, como la tomografía axial (PET), resonancia magnética (RMF), espectroscopia por resonancia magnética (ERM), entre otras, permiten observar el funcionamiento del cerebro con una claridad impresionante, analizar al cerebro en tiempo real, y explicar su desempeño frente a estímulos, o bien, su misma condición.

Un neurocientífico llegó tan lejos que asegura haber inventado un "casco" que al colocárselo la persona y al conectarle unos electrodos al cráneo, podía determinar -en segundos- su nivel de Coeficiente Intelectual y sus propensiones.

Hasta al pobre de Descartes (cogito ergo sum) sería descartado y en lugar de decir: pienso, luego existo, vendría más al caso decir: según existo, es lo que pienso.

Los mercadólogos, entre otras disciplinas, corren a incorporar estas herramientas en sus investigaciones y concluyen, por ejemplo, que en pruebas ciegas los vinos tintos percibidos como más caros saben mejor que otros percibidos como más baratos (aún siendo el mismo vino), y que ciertas marcas activan zonas del cerebro asociadas al placer o a la familia.

Esta revolución tiene sus orígenes en la psico-química y se remonta a cuando el psiquiatra John Cade administró -accidentalmente- litio a un paciente que llevaba 20 años encerrado en una clínica, y, 3 meses después, lo acabaron dando de alta al exhibir un comportamiento normal. Un "loco", al aplicarle un químico, se curaba y era reabsorbido por la sociedad. Como apuntalando esto, otro grupo de científicos contemporáneos liga la deficiencia aguda de vitamina B a enfermedades del sistema nervioso, incluso cierto tipo de patologías.

Naturalmente que la idea del determinismo biológico suena escandalosa y conlleva riesgos, al grado que pudiera "disculparse" a un asesino, minimizarse un acto heroico, crearse una nueva taxonomía humana y agudizarse la discriminación. Esto da más que susto.

Y también hay opositores que están indignados con la propuesta de la mente biológica, entre los que se distingue Stephen Jay Gould, que en su calidad de biologista evolucionario califica a todo el movimiento como absurdo.

Pero si en realidad somos lo que nuestra biología determina, el libre albedrío, la capacidad de autodeterminación, la lucha por ser más y mejores sería casi inútil. Además esta noción impactaría de manera contundente a temas trascendentales como el significado y el propósito personal.

A la hora de elegir nuestra profesión, y por ende nuestro grado de pasión por un oficio o una actividad, ¿es nuestra parte psicológica la que está siendo activada ante esta decisión? O ¿es nuestra parte biológica? O ¿quizá sea nuestro instinto primitivo que rebase a todo y simplemente optemos por un impulso no meditado ni racional?

O quizá, como suele suceder, sea un poco de todo y el asunto sería uno de ponderación.

 

Pero hay otro elemento asociado: la vocación.

 


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