Hoy te recomiendo
-
Capital de Clientes
Los flujos de ingresos no vienen de las funciones, ni de la maquinaria, ni de la tecnología;... -
Compro las vegas
Mientras los estadounidenses siguen distraídos con el tema de las elecciones en su país, yo ando... -
Lenguaje es destino
Las palabras tienen peso y son destino. El vocabulario y lo que la gente articula reflejan... -
Nueva Industria
Entre todos los problemas que ha enfrentado GM en las últimas dos décadas, poco se menciona a la... -
¿Riqueza?
Nadie los puede medir, a veces ni siquiera nosotros mismos. -
Ley del péndulo
Lo importante es el dinero, la salud como quiera va y viene. - Albur entre comerciantes
Recomendaciones de Usuarios
Busca por palabra clave
Artículos Relacionados
Regístrate y obtén contenido exclusivo
| Ese gran vacío IV |
| Psicología del Consumidor | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 12 de Enero de 2007 11:42 | |||
|
A diferencia del materialista que consume bienes y servicios, del narcisista que consume vehículos de vanidad, del hedonista que consume placer; el fundamentalista se aboca a consumir ideales, creencias, pasiones, movimientos. El fundamentalista convertido en fanático es, sin duda, el mercado meta principal del marketing político porque se convierte en la palanca y en la plataforma de lanzamiento; un puñado de fundamentalistas activos tiene el potencial de mover a toda una masa pasiva. Pero el fundamentalismo tiene su lado oscuro ya que rara vez es materia prima para el desarrollo y el crecimiento; más bien paraliza. Históricamente, el respeto o la aceptación a formas heredadas y tradiciones han suprimido la innovación y el descubrimiento. Este principio aplica a los continentes, a los países, a las compañías, a las familias y a los individuos. Es que una vez que algo, lo que sea, se establece y se instala, se convierte en “lo anterior”, en lo que “siempre se ha hecho” y queda activado un proceso limitativo y potencialmente castrante que invita a la entropía y, en la peor de sus manifestaciones, al fundamentalismo. Sin entrar en detalle, el término fundamentalismo surge a principios del siglo XX en los Estados Unidos y tuvo que ver con aspectos religiosos. De ahí se ha extendido la denominación a otros movimientos recientes de casi todas las religiones y movimientos del globo. En el concepto amplio, los fundamentalistas son de todos los tipos y aplica a aquellos que obsesivamente abrazan una causa, una creencia, un líder, un movimiento; como si optaran por fusionarse con el objeto de su obsesión a costa de su individualidad. Un ejemplo: en el año 529 D.C. el emperador Justiniano ordenó la clausura de diferentes escuelas paganas en Atenas. En este acto se condenaba a la desaparición, por más de 700 años, a las ideas de Aristóteles, Hipócrates, Galeno, Euclideo, Arquímedes, entre otros. Es a partir de este momento que la humanidad empieza a caer en la polarización, quedando subordinada la Ciencia y, para el caso, cualquier otra cosa, a la Fe y a la promesa de salvación. En pleno Oscurantismo se exacerban las guerras santas, la quema de infieles, prejuicios, asesinatos. Fue hasta 1143 en Toledo, bajo Ramón de Sauvetat, que un grupo de traductores afanosamente se encargó de difundir los escritos de pensadores griegos y romanos. Y ese esfuerzo germinal tardó otros 3 siglos para florecer y culminar con el Re-nacimiento (el “volver a nacer” de los clásicos). Joseph Campbell, experto en mitología y religiones comparadas, hacía una referencia a lo que está escrito en los Salmos (14:1; 53:1): “el tonto dice en su corazón: no hay un Dios”; sin embargo, asevera Campbell, hay otro tipo de tonto, el que dice: “No hay un Dios, excepto el mío”. En contraste a lo anterior, y en la paradoja humana, quizá estemos entrando, con el Siglo 21, a una era con tintes fundamentalistas dominada ahora por la Ciencia. También hay fundamentalistas de la Ciencia; de los que no creen en nada que no pueda ser visto ni tocado y perdieron su capacidad de imaginación. Ya sea la ciencia o la fe, una religión o la otra, un líder u otro, una idea u otra, el fundamentalista prefiere el anonimato racional y aleatorio en lugar de la búsqueda personal y al conflicto que esta búsqueda necesariamente conlleva. Un fundamentalista está a un paso de ser un fanático, y viceversa. Y el fanático no piensa. Quiere secretamente morir por su causa, desvanecerse en un movimiento y quedar libre de responsabilidad para dejar de cargar con él mismo. Eric Hoffer, sociólogo de principios de siglo, decía: “Allá en el fondo del psiquis predomina la frustración personal y un sentido de vacío, por lo que el fanático se aferra a algo externo que promete cambiar al mundo, porque el mundo actual está equivocado y es culpable de que él sea un fracasado”. El Fundamentalismo entonces constituye la cuarta manera sintomática y contemporánea para lidiar con el vacío existencial y la constante lucha contra la angustia, la ambigüedad y la ambivalencia, que son parte esencial de la vida y están implícitas en la condición de ser humanos. Cuando no se tiene la fuerza o el deseo de lidiar con la tensión de fuerzas, es fácil caer en el extremo del síntoma. Sobre los primeros 3 ya hablé en columnas pasadas: 1.- Materialismo, 2.- Narcisismo, 3.- Hedonismo; en la siguiente hablaré sobre: 5.-Experiencias Extremas (antes le llamaba gratificación de los sentidos) y en la que le sigue cerraré con 6.-Fuga por Entretenimiento. Con esto quedaría completa la serie. Artículo leído: 1465 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
![]() Utiliza el siguiente formulario para escribir tu comentario
|





