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| Estimulación Óptima |
| Psicología del Consumidor | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 21 de Marzo de 1997 17:08 | |||
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El ser humano parece que pasa de un anhelo a otro. Más, siempre sí, siempre no, menos, otro, diferente, nuevo. Nunca se llega, se obtiene, y ya. Se quiere más y se sigue luchando por obtener, por ser, por hacer; "si pudiera...", "si hubiera...", "si fuera...".
Una de las necesidades más humanas es la de la estimulación. En este contexto, podemos entender estimulación como el conjunto de: retos, problemas, oportunidades, pendientes, exposición a nuevas situaciones, emociones, etc. Csikszentmihalyi, autor, psicólogo, y catedrático estadounidense, asegura que la "eterna disatisfacción" de las personas se debe a un mandato predominantemente biológico que tiene su origen en la guerra de las especies. Hace casi 50 mil años que apareció el homo sapiens (existen diversas teorías), y de ahí que aproximadamente el 90 por ciento de la historia de la humanidad, hemos sido cavernícolas rodeados de un ambiente físicamente hostil (hoy es más psicológicamente hostil). Los instintos de sobrevivencia y de lucha de la raza humana siguen con nosotros. Es como si tuviéramos un cuerpo equipado para otro mundo no civilizado; que nos obliga siempre estar a la expectativa y anticipando el próximo ataque de animales salvajes, el mal clima, conflictos con tribus enemigas, problemas territoriales, etc. Otra explicación de la constante inquietud humana la da Eric Berne, padre del Análisis Transaccional, que nos dice que más que un equipamiento biológico que nos domina, es una cuestión de carácter psicológico. El hombre tiene la necesidad de estructurar su tiempo y de buscar reconocimiento; y en ambos casos la estimulación es el medio. Independientemente de la explicación, lo que es un hecho es la característica inquieta del humano. Un niño que apenas aprende hablar, lo primero que dice es: "¿y ahora qué hacemos?; ¿a dónde vamos?". En Navidad, bajo el pinito repleto de regalos, el niño abre primero uno, lo explora, lo suelta y se va sobre el otro; hace lo mismo, y luego se va sobre el otro. Cuando se acaban los juguetes, y el encanto, el niño empieza a anhelar los regalos del hermanito o del amigo. Y este tipo de comportamiento parece prolongarse hasta la vejez, aunque con otro tipo de juguetes. No quedamos satisfechos. Tan pronto llegamos a un nivel queremos otro. Queremos atención, reconocimiento y actividad. Todos necesitamos ciertas dosis de estimulación. En un extremo del continuo podemos poner a los boxeadores, corredores de autos y abogados que viven del litigio complicado y peligroso. En el otro extremos ubiquemos a contadores, científicos, investigadores, y recoge-boletos de cines. La mayoría de nosotros estamos ubicados en medio de estos extremos. Una señora aburrida en su casa, o un activo señor que trabaja medio tiempo, se la pasan inventando cosas, aunque sean líos, con tal de estructurar su tiempo. Un ejecutivo o empleado que se siente que nadie le hace caso y le llega a sobrar tiempo, puede dedicarse a crear crisis tras crisis, con tal de obtener más estimulación, aunque sea negativa. Una persona que le gustan las películas de terror invita a otra al cine para "asustarse juntas". Lo relevante de la estimulación se presenta cuando a ciertos niveles, los humanos encuentran una dosis adecuada que los lleva a su nivel óptimo; a ese punto en donde se es más productivo y se está rebozando de salud. Pongamos un ejemplo ficticio con algunos números arbitrarios para ilustrarlo mejor. Pancho, un vendedor de autos, a un nivel, digamos, de 500 unidades de estimulación está a todo dar; pero Walter, un investigador de la Universidad, requiere de tan sólo 250 para desempeñarse óptimamente. En una situación de "carga" de 520 unidades, Pancho saldrá adelante, mientras que Walter tendrá una crisis emocional. Ahora hablemos de Camila. Ella es abogada y le gusta andar en los juzgados lidiando con amenazas y triquiñuelas de todo tipo. Le gustan las emociones fuertes y se siente bien en situaciones antagónicas. Donde Pancho se siente cómodo, a 520 unidades de estimulación y donde Walter "truena", Camila se siente mal y aburrida; pero porque su nivel óptimo es de mil 200 unidades, más del doble de Pancho. Camila aguanta que le caigan más broncas y lejos de abrumarse, crece y se acerca más a ese nivel óptimo donde se sentirá como pez en el agua. Cada nuevo problema, mientras se encuentre abajo de su nivel óptimo de mil 200 unidades, le sacará una discreta sonrisa de anticipación. En otras palabras: un exceso de estímulos, arriba del nivel óptimo de la persona, la hará sentirse tan mal, como si hubiera una deficiencia. ¿Cómo detectar ese nivel óptimo de desempeño y de salud? ¿Cuál es el secreto para identificarlo y para encontrar una profesión apropiada a ese punto? Infelizmente, se descubre a base de prueba y error. Quizás convenga hacer una reflexión sobre el tiempo (pudiera ser el actual) donde nos sentimos más productivos, felices y sanos; seguramente en esa época habrá indicios de lo que nos gusta y del nivel de estimulación que nos hace florecer. ¿Y si llegamos a encontrar nuestro nivel óptimo? ¿Ya acabamos? No, aún hay más. Para cuando logramos detectarlo, las circunstancias usualmente ya cambiaron. La edad cambia la perspectiva y a las personas. Lo que nos propusimos alcanzar hace algunos años, parece perfecto para hace algunos años, pero no para hoy. Es un proceso dinámico. Algunas preguntas... ¿Qué tan lejos nos encontramos de nuestro nivel óptimo de estimulación? ¿En la época actual estamos sub o sobreestimulados? ¿Cuándo trabajamos mejor? ¿Cuándo somos más felices? Qué consumimos en las diferentes etapas? ¿En qué circunstancias estamos más sanos y llenos de energía ? Y sobre todo, ¿qué estamos haciendo al respecto? Conviene estar atentos a la forma en que manejamos nuestros impulsos; si tendemos hacia el incremento o hacia el decremento de estimulación. Esta lucha de estímulos que libramos cotidianamente, puede ser una perspectiva más para explicar el comportamiento humano y algunos de sus patrones de consumo. Las implicaciones comerciales de la Teoría de la Estimulación son vastas; pero se acabó el espacio. En otra ocasión entramos de lleno a este asunto. Artículo leído: 2038 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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