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Víctor Hugo lo decía: “no hay nada más poderoso que cuando a una idea le llega su tiempo”. Yo le agregaría que no sólo es cuestión de tiempo, sino también de espacio; cuando le llega su tiempo a algo es que el espacio se abrió y está listo para llenarse.
Los espacios se ocupan, los vacíos se llenan, las cosas se ajustan, los recursos se utilizan. A continuación una serie de ejemplos.
En el mercado el vacío se llena con productos que en ocasiones resultan “fenómeno” porque tuvieron la sensibilidad, la inteligencia, y más frecuentemente, la suerte, de haber tocado un punto latente cargado de energía. YouTube se convirtió en uno de los más recientes fenómenos porque rápidamente llenó un espacio que Yahoo, Google y otros, dejaron disponible.
Otro fenómeno es el Ipod que ocupó la posición de la portabilidad musical (con el sello característico cool de Apple); y también está Starbucks que llenó con un formato de interacción personal y de encuentro a través de una experiencia glamorosa.
Esta es justamente la esencia del posicionamiento, una vez ocupada la posición el que le sigue es eso: un seguidor. Nos acordamos del primer beso pero no del segundo; de la primera persona que pisó la luna pero no de la segunda; del primer hombre que llegó a América pero no del segundo; si Coca Cola is the real thing entonces los otros serán copias.
Y de repente ocurren cosas inexplicables: Marylin Monroe posa desnuda para la Playboy y se adueña de la posición de la eterna femme fatale (ahora parecen serlo Paris Hilton y la fallecida Anne Nicole Smith); el Ché Guevara es ampliamente reconocido por diferentes generaciones de adolescentes; Einstein se convierte en un fenómeno de cultura pop (extra-ciencia). Algún vacío estarán llenando, alguna fibra del inconsciente colectivo estarán conectando.
En la empresa cuando hay un vacío de poder, se llena con fuentes alternas. Me ha tocado ver cómo un director funcional despacha como director general, incluso con la aceptación tácita del mismo director general. También he visto como la secretaria de años acaba por tomar el control de la empresa; el espacio se ocupa de una manera o de otra.
En la familia cuando alguno de los cónyuges se debilita o está ausente, alguien de los hijos asume la posición y toma decisiones, coordina, disciplina, provee.
En psicología ocurre algo similar. A través de la terapia el síntoma disminuye su impacto y eventualmente “suelta” al paciente pero no necesariamente queda resuelto; lo que ocurre es que gradualmente se desvanece para quedar rebasado por uno más actual que ocupa su lugar.
Bajo la concepción de energía psíquica de Jung, la energía no desaparece sino que se reubica y llena otro espacio. Como si tuviéramos una cantidad específica disponible que se aboca a lo que se tenga en turno, hasta que venga una situación nueva.
También se relaciona a la idea de retroflexión utilizada por algunos gestaltistas, que afirman que si no existe una descarga adecuada de la ansiedad hacia el objeto propio de la experiencia (deseo, miedo, enojo, etc), o no se integra conscientemente, la ansiedad se ocupa y se va hacia “dentro”, contra el cuerpo, y potencialmente aparece manifestada en cuestiones psicosomáticas.
En logística y movimiento de materiales ocurre algo relacionado. Si se tiene un almacén repleto y se decide mudarse a uno más grande, al cabo del tiempo éste también acabará repleto. Si es lo doble de tamaño se doblará el inventario.
En el manejo de fondos y presupuestos es igual: si se asignan 100, se gastarán los 100; si se asignan 200 para el mismo propósito, se gastarán los 200, y así sucesivamente.
Si a mis alumnos les pido un trabajo final con tres meses de anticipación o con dos semanas de anticipación, ocurre exactamente lo mismo.
En resumen: la gente se adecua al recurso que tienen disponible. Es en la mente que se define la posibilidad, el alcance, la capacidad de logro. No es quien tiene más sino quien hace mejor.
Las personas intuitivamente calculan y ejecutan lo que tiene que hacerse con lo que tienen a la mano. Y paradójicamente, al mismo tiempo, la gente tiene una propensión a pedir más “porque lo necesita” cuando ni siquiera se ha retado a sacar determinado proyecto con menos o a hacer mucho más con lo mismo.
La abundancia te hace perezoso, te atrofia los sentidos, te limita en tu potencial, te hace bueno para las excusas; la escasez, por el contrario, reta tu inteligencia, activa tus sentidos, libera tu potencial, desencadena al espíritu.
A veces lo que se requiere son dosis de escasez. La sobreabundancia puede confundir a la gente y la enfrenta a una holgura que no sabe manejar y opta por llenarla sobre-ocupándose, que como quiera ya tiene “muchísimo trabajo”.
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