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Chino-mexicano
Oportunidad, Innovación y Crecimiento
Escrito por Horacio Marchand   
Viernes 04 de Marzo de 2005 10:13
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Yo no lo dudaba, ni un instante: si tuviera entre 20 y 30 años –soltero y sin hijos-, agarraba mi título universitario, empacaba mis maletas y me iba a vivir a China. Los “qués” y los “cómos” no importarían, yo me iba; aprendería mandarín y cantonés y me convertiría en uno de los primeros mexicanos expertos en ese país.

Pero mi situación actual es totalmente otra, y por eso voy sólo unos 10 días. Asistiré a un par de ferias comerciales y a darme una zambullida sobre las posibilidades de negocio. Tengo la impresión de que si no voy me perderé de algo, quedaré fuera, y dejaré pasar oportunidades.

Es que China, hasta ahora, luce imparable (ha crecido a un promedio anual del 9% durante los últimos 20 años, mientras que en ese mismo lapso de tiempo América Latina ha crecido en promedio 0%) y lo considero uno de esos eventos claves que le tocan a una o dos generaciones.

Y esto se nota porque vivimos en un mundo donde casi todo viene de China: la computadora donde escribo; el teclado ergonómico que le instalé; la taza de café que tengo al lado (el café es chiapaneco); mi agenda personal; los zapatos, calcetines, camisa, pantalón; el sillón sobre el cual estoy sentado; el marcador con el que corrijo mis textos, el abanico que tengo prendido.

China produce más ropa y zapatos que nadie en el mundo, y lo mismo ocurre con productos electrónicos como televisores, aparatos DVD, y celulares. Y para los que pensábamos que China es sólo una gran maquiladora, nos sorprende enterarnos de los miles de millones de dólares que invierte en la generación de conocimiento y en áreas como la biotecnología, sistemas de información y la construcción de cohetes espaciales.

Solamente este año, China producirá 325,000 ingenieros; cinco veces más que los norteamericanos.

Algunos datos adicionales.

1.- China es la economía número 7 del mundo, aunque algunos estiman que en realidad es la 5 o la 4 en función de que todavía no se pulen esquemas de medición. La CIA (Central Intelligence Agency) calcula su valor en 6.6 trillones (dos terceras partes de la economía norteamericana).

2.- El crecimiento chino no tiene comparación alguna en la historia moderna. Está por completar un ciclo de 30 años donde su economía se ha duplicado cerca de 3 veces. Ni Japón ni Corea en sus buenos tiempos.

3.- Gana la carrera de atraer inversión de capital; en el 2003 China atrajo 53 mil millones de inversión extranjera, por 40 mil millones de Estados Unidos.

4.- Kelle Tsai de la Universidad de Johns Hopkins, asegura que uno de los secretos chinos son los millones de emprendedores que arrancan negocios y desmitifican la idea del gigante esquema centralista.

5.- Cada vez es más común que el precio chino sea el estándar para la negociación y la base para el intercambio. General Motors -por el lado de autopartes y una de las industrias importantes para México- está agregando una cláusula en sus contratos que dice que el proveedor tiene 30 días para igualar el mejor precio.

6.- Los precios de materias primas e insumos se han disparado gracias al consumo chino. Cálculos estiman que China compró en el 2003, el 7% del petróleo mundial, el 25% de todo el aluminio y el acero, el 30% del hierro y el carbón y 40% del cemento.

7.- China obliga a que las empresas que quieran parte del pastel transfieran tecnología. Por ejemplo Motorola prácticamente inventó el mercado de los teléfonos móviles pero aceptó la transferencia de tecnología hacia compañías chinas como Ningbo Bird, Haier, y TCL Mobile.

10.- Una forma de ver el terrible problema de piratería y robo de propiedad intelectual, es que contribuye a que el crecimiento chino sea más rápido y menos caro. De seguro, ya en desarrollo pleno, ésta ventaja eventualmente les morderá la mano, pero hoy representa una lidia futura.

La conexión del progreso chino tiene que hacerse con el mexicano (el intercambio China-América Latina fue de 27 mil millones en el 2004 y se estiman 100 mil millones para el 2010).

Su mercado tiene el potencial de convertirse, por donde se mida, en el más grande del planeta. Hambrientos de conocer y con ganas de demostrar y disfrutar su progreso, el chino estará abierto a probar el tequila, los tacos al carbón, el cabrito al pastor, entre otras cosas; y querrá venir a México a conocer este bello territorio que es destino favorito de gente culturalmente sofisticada y mundana, o que simplemente le atrae el reventón.

Extrapolando, y tomando en cuenta la naturaleza sui generis del fenómeno chino, es cuestión de años que en lugar de japoneses viajando por el mundo con sus cámaras fotográficas, tendremos chinos; que la nación con mayor número de patentes registradas será China; y que incluso, con el transcurrir del tiempo y el progreso, les acabará por llegar la democracia.

Además de negocios, en este viaje espero pasármela bien y disipar-espero- los prejuicios y estereotipos que habitualmente tenemos los humanos entre nosotros.

Aprovecharé y les preguntaré a los chinos, con respeto, si sus ojos rasgados les permiten ver cuando sonríen; que por qué en sus caricaturas –como las japonesas- los personajes tienen ojos grandes y redondos; también les preguntaré si ellos piensan que nosotros hablamos inglés tan mal como lo pensamos de ellos. Por su parte, de seguro me preguntarán sobre la costumbre mexicana de la siesta y me pedirán les explique exactamente qué tipo de sangre corre por mis venas, con eso del mestizaje.

Me llevaré dos botellas de tequila para ver su reacción y les pediré que me recomienden un buen restaurante mexicano en la ciudad, ¿china-mex? Y espero que exista la comida china en China, que no sea la acostumbrada fast food.

Aparte de restaurantes, preguntaré dónde puedo comprar mis encargos: bolsas Louis Vuitton piratas y unos bastones de golf, también piratas, marca Callaway.

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