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El éxito y la diferenciación necesariamente demandan excesos. Ser normal conlleva justamente eso: a ser normal. Los casos extraordinarios se encuentran allá en las puntas de la curva de la distribución normal, no en la media. Lo interesante es que un extremo produce una energía contraria, otro producto inherente al proceso, como si fuera un vector que se desplaza en direcciones opuestas simultáneamente.
El psique es un sistema de auto-regulación y no hay balance sin oposición. Fue Heráclito, uno de los genios del período clásico griego, quien descubrió una de las leyes más maravillosas: la función regulativa de los opuestos. Le llamó enantiodromia, que significa que todo eventualmente fluye hacia su opuesto.
Todo empieza con la guerra; sólo en el conflicto de opuestos se puede llegar a la armonía. Lo uno no existe sin lo otro y la vida es flujo permanente.
Carl Jung, influido por Heráclito, afirmaba que la carga psíquica no desaparece sino se transforma –un principio moderno de física—y explica: “el principio de equivalencia significa que por cada unidad de energía que se expende o se consume en traer determinada condición, una cantidad igual de la misma o diferente tipo de energía aparecerá en otro lado; mientras que el principio de constancia significa que la suma total de energía permanece constante, y no es susceptible de incrementarse o decrementarse.
Este principio puede relacionarse a una multiplicidad de ámbitos y cito algunos ejemplos que espero simplifiquen las ideas:
A nivel biológico, las enfermedades comunes, expansivas, que andan por todo el mundo como la gripe, no suelen ser mortales; mientras que las enfermedades raras, concentradas, que sólo las adquieren pocos como el SIDA, suelen ser mortales. El tradeoff es dispersión versus severidad de daño (un clásico ejemplo del vector expansión/ penetración).
A nivel psicológico, bajo la óptica fenomenológica y sin ánimo de juzgar, hay hombres y mujeres ateos y “pecadores” que súbitamente se hacen devotos y hasta fanáticos, y viceversa; hay homofóbicos que acaban por ser homosexuales, y viceversa; hay padres de familia serios, fieles, responsables, que de repente abandonan su vida y les da por la parranda y la promiscuidad, y viceversa; hay mujeres puritanas que inexplicablemente realizan actos malévolos o abandonan a sus hijos.
A nivel cultura pop, está el ejemplo del cada vez más popular Manga, dibujos animados japoneses, con sus historias cargadas de imaginación, magia, fantasía mitológica, así como sus vertientes pornográficas. Este género es producto de una sociedad sumamente reprimida y marcial como la japonesa: sólo en una sociedad con este grado de control pueden producirse este tipo de imágenes.
A nivel macro-cultural: De las ruinas del Medievo se recogen las semillas del Renacimiento y la Ilustración; de los hippies (amor y paz, somos uno) se pasa a la Me Generation (egoísmo); la dictadura férrea invita a la democracia y la democracia caótica invita a la dictadura; del monumental descubrimiento de Einstein nace la capacidad de producir una bomba atómica; del fin de la era petrolera surge la necesidad de fuentes de energía ecológicas y auto-sustentables.
A nivel empresarial, también existen un montón de vectores: el orden excesivo en una empresa genera a su vez una energía que frena la dinámica de crecimiento; el crecimiento llevado al extremo genera a su vez una energía que frena la dinámica de control y estandarización.
La innovación requiere de caos, serendipia, descubrimiento, y por lo mismo es ineficiente, mientras que la administración lo quiere controlar todo, hacer rutinas, enmarcar, y por lo mismo es contraria al liderazgo que mueve al cambio organizacional.
Y siguen los vectores: un margen de comercialización alto sacrifica al volumen de ventas; la expansión de negocios trabaja en contra de la consolidación.
En la obsesión por el presente suele sacrificarse al futuro; en la obsesión por la productividad se sacrifica a la estrategia; en la obsesión por la rentabilidad de las unidades de negocio se sacrifica a las que se podrían obtener en conjunto; en la obsesión por los gastos se sacrifica la inversión.
Y está el vector de vectores: la muerte. Tiene que ser uno de las vertientes de mayor trascendencia porque renacer implica tenerse que morir primero; en la destrucción está la creación. Joseph Schumpeter, un economista brillante de los años 40, acuñó un término sencillo pero ingenioso: Destrucción Creativa, donde implícitamente lo dice todo.
Hay empresas, proyectos, ideas, relaciones, ambiciones, que hay que dejarlas morir y despedirse de ellas para que surjan nuevas; y hay que ser prácticos y honorables al respecto, como en los mejores entierros. En el caso de las compañías este “entierro” sería presenciado por las empresas nuevas (hijos y nietos), que salieron del negocio madre, así como por empleados y fundadores.
Los verdaderos actos de heroísmo tienen que venir del sacrificio absoluto, del que abre el espacio para la vida nueva.
No es fácil asimilar la idea de que la gracia que nos trae la consecución de un vector también puede llevarnos a la desgracia; es decir, lo que hacemos con disciplina y tenacidad no sólo produce la ventaja competitiva que deseamos sino que al mismo tiempo se convierte en la semilla de la desventaja.
¿Cómo hacerle para anticipar los bandazos, entender los vectores, gestionarlos e incluso utilizarlos en la generación de estrategia? ¿Cómo identificar patrones y configuraciones que, en cierta forma, son predecibles?
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