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¿Destino inalterable?
Oportunidad, Innovación y Crecimiento
Escrito por Horacio Marchand   
Viernes 20 de Julio de 2001 16:12
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Hay varias formas de ubicar a México en el contexto del mundo y en el flujo de valor entre las regiones. Una de ellas, es que los países del tercer mundo, sistemáticamente y por diseño, siguen constantemente desplazados por las grandes potencias. Como si México -y Latinoamérica- fuera siempre un paso atrás y estuviera atrapado en una inercia que no lo deja avanzar ni crecer en la riqueza.

La fiebre del oro y los metales
Primero fue la conquista del nuevo mundo. América Latina se convierte en una fuente casi inagotable de oro y plata que financiaba al Nuevo Imperio Español.

Estos metales preciosos salían en forma bruta sólo para ser transformados en piezas de lujo y era en este último proceso que se maximizaba la utilidad y se creaba riqueza. El valor no se generaba ni se quedaba en México.

En tiempos modernos el petróleo llena este perfil: materia prima que se vende al extranjero y que con procesos de transformación y de mercadeo, el margen se genera fuera del país.

La fiebre de la agricultura
Al organizarse la agricultura, las frutas y especies más exóticas se iban a España. Nuevamente la riqueza se generaba en Europa con los mercaderes que se las ingeniaban para transformar estos productos en algo más apetecible y extravagante para su mercado.

La fiebre de la industria
Pasaron los años, y la idea de nuestro país fue industrializarse para satisfacer la demanda del consumo doméstico y ahí creció una masa crítica de fabricantes, que finalmente quedaron reducidos a un grupo limitado de empresarios afiliados de alguna manera u otra, y en un grado u otro, al Estado o lo que algunos llaman el Sistema.

Pero a partir de 1987 se empezó a abrir el mercado, se firmaron tratados comerciales y los industriales tuvieron que enfrentar al mundo entero y sacudirse el conformismo que genera la poca competencia. Al permitirse importaciones, empresas e industrias completas -como la del juguete, dulces y zapatos- se colapsaron.

Al recibir golpes del extranjero, la gran estrategia de la industria se centró en la exportación. Exportar se convirtió en una moda, en una necesidad, en un acto heroico y se le apostó como el futuro de la industria mexicana. El cliente más prometedor fue Estados Unidos, y de ahí el fenómeno de rehén de la economía mexicana.

Casi en paralelo nace la maquiladora. Aunque bien intencionada desde el punto de vista de generación de empleos, la medida es francamente cortoplazista. Este proyecto por su mismo diseño limita la generación de riqueza para México. Muchas cosas se dieron gratis a los inversionistas que se decidieron venir con ese esquema: condonaciones de impuestos, pagos diferidos, infraestructura ya creada, etc. El valor y el margen una vez más se ganaban allá afuera.

Los industriales de México que apostaron a la exportación y al suministro de insumos directos o indirectos se convirtieron en gastos variables para norteamericanos y europeos. Se les baja la demanda allá, y congelan pedidos, punto.

Además de la desaceleración estadounidense, la amenaza China está arrasando a los industriales y las economías de escala parecen contar poco.

Como lo señalan funcionarios de Gobierno y el mismo presidente, es cierto que por ahora no hay mucho que hacer aparte de rezar por la recuperación estadounidense y aguantar. Pero la pregunta es ¿cómo hacerle para que esto no pase otra vez, y ¿si Estados Unidos quiebra algún día? Ya le pasó a los romanos, a los ingleses, a los macedonios, a los alemanes y a los españoles.

¿No será que siempre estamos un escalón abajo en la cadena de valor? ¿Estaremos inmersos en una dinámica determinada por la historia del país?

Como una reencarnación que se da 500 años después, los europeos, sus descendientes (los norteamericanos) y hasta los asiáticos continúan con su lucha por el continente americano, pero del que empieza al sur del Río Bravo. Como si debajo de los elegantes trajes de los ejecutivos viviera el espíritu, si acaso más civilizado, de Sir Francis Drake, Champlain, Balboa, Cortéz y Pizarro; listos para aprovechar las oportunidades de la región más prometedora del mundo.

Ahora la conquista es comercial. Y los extranjeros están sacando de sus empresas a billetazos a los empresarios mexicanos.

Un buen número de empresarios mexicanos, ante el determinismo, la globalización y la confusión han empezado a vender empresas. Se ven por lo menos dos direcciones: 1) Esfuerzos serios por desinvertir en áreas no estratégicas y concentrarse a incrementar su competitivad mundial y ojalá innovando con nuevos negocios donde capitalicen sus habilidades core; y 2) Esfuerzos basados en la idea de vender antes de que nos aplasten y muchas gracias.

De ahí el movimiento tan acelerado de adquisiciones y fusiones que ha vivido el país: Grupo Iberdrola con Gas Natural; CitiBank con Banamex; BBVA con Bancomer; Teléfonica de España con Infosel, y la red de celulares de Cedetel; Wal Mart con Cifra; Vodaphone y Bell Atlantic con Iusacell; Home Depot en Total Home; ING Baring con Seguros Comercial America, entre muchas otras.

Para romper el círculo vicioso, se necesita fuerza propia, creatividad, responsabilidad de que somos dueños de nuestro destino y sobretodo una perspectiva fresca

Aquí van algunas: ser la máxima potencia mundial en turismo -pocos como México en diversidad-; explotar el fenómeno de la tortilla, del tequila y de la cuisine mexicaine; pegarnos a Silicon Valley y especializarse en algo -pero no como maquiladores-; levantar la frente como Cemex, Bimbo, Corona, Sol y atacar al mundo, no sólo a Estados Unidos; encontrar nichos donde la economía de escala no juega, sino la flexibilidad y la innovación.

Seguro hay mejores ideas que estas para romper el determinismo histórico de México ¿Alguna otra? ¿Alguien?

El destino no puede estar en manos de alguien fuera de nosotros. Hay que sacudirse, con inteligencia más que con machismo, lo sumiso, lo agachado y lo “harto manso” como describió Díaz del Castillo a los habitantes del Nuevo Mundo.

El subdesarrollo es una condición mental y una actitud.

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