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Vector de opuestos I
Oportunidad, Innovación y Crecimiento
Escrito por Horacio Marchand   
Viernes 10 de Agosto de 2007 15:14
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SAN FRANCISCO.- En un rincón de China Town había una tienda repleta de obras de arte. Ahí estaban las pinturas más famosas del mundo en “original”, pintadas a mano, en lienzos enrollados listos para llevar. Predominaban obras de Van Gogh, Monet, Matisse, algo de Miró. Me parecieron increíblemente bien pintadas. Tras una negociada, me llevé un cuadro de Van Gogh; caminando me alejé pensando que su genio fue también su ocaso.


La historia de este cuadro (un cuarto, una cama, dos sillas, una ventana) es que al pobre de Van Gogh, atormentado por la esquizofrenia, y mal diagnosticado, como muchos de los problemas personales, organizacionales y empresariales en la vida, lo encerraron en una institución mental. En su desesperación y soledad se puso a pintar lo que tenía enfrente: su cuarto, no podía controlar su compulsión a pintar.

Es que tu gran cualidad es también tu gran defecto; y viceversa. Lo que te hace grande es lo que te puede hacer pequeño, lo que te hace crecer es justamente lo que te puede arrastrar hacia abajo.

Un empresario audaz, desordenado, creativo, impulsa al negocio pero lo descontrola en lo administrativo. Un administrador eficiente, conservador, ordenado, consistente, organiza al negocio pero lo asfixia en lo comercial. Es una paradoja interesante, bella, escalofriante, misteriosa.

Como especie, tenemos una propensión hacia la normalidad. El “chip” de la imitación está entretejido en nuestra configuración; si nos parecemos a la tribu, la tribu nos acepta y no nos agarra de chivo expiatorio ni nos convierte en oveja negra (ve artículo anterior: Chivos y Ovejas).

Pero es justamente el exceso obsesivo-compulsivo el que finalmente logra sobresalir y crear algo nuevo para el entorno. No hay un emprendedor exitoso que no tenga exceso de algo; que no haya pecado de extremista, de radical, de terco.

Si todos los competidores ofrecen lo mismo, de la misma manera, al mismo precio, con el mismo empaque, con la misma garantía, con el mismo servicio, entonces nadie ganará dinero. Se caerá en una guerra de precios inevitable. Dos compañías no pueden ganar dinero de la misma manera y subsistir. Una se acaba comiendo a la otra.

Todavía no son las 6 de la mañana y elegí un Starbucks para escribir esto, porque sabía que estaba abierto y no solamente porque me quedaba enfrente. Incluso, hace unos días, estando en un pueblito californiano de 3,000 habitantes, en una noche de insomnio decidí mejor levantarme a trabajar; eran las 4.30 de la mañana y ya habían abierto, me cayó como gloria del cielo.

A esta hora ya estaban ahí un par de rubias sonrientes, jóvenes, como si fueran las 4 de la tarde, atendiendo a tipos desfasados (había otros dos que llegaron antes). No creo que este horario sea rentable para Starbucks pero ahí estaba el local iluminado, fresco, con música. También suena extremoso eso de abrir una sucursal a escasos metros de otra, a veces en la misma acera.

La expansión de Starbucks tiene su precio. Algunos académicos en el área de negocios ya insertaron el discurso de que la calidad puede estarse erosionando, que la uniformidad no es como antes, que el personal no tiene el mismo espíritu inicial, que hay retos enormes de control; la historia se sigue escribiendo.

Es que en las decisiones extremosas también está el costo. Por ejemplo hace décadas la compañía Apple buscó balancear la explosión creativa de Jobs y contrataron directivos que metieran orden en la casa. Entraron Sculley y Amelio, que hicieron lo propio en la parte administrativa, pero nunca pudieron replicar la innovación y el estilo de Jobs. Hasta que el Consejo acordó reinstalarlo.

Lee Iacocca, el héroe de Chrysler, salvó de la bancarrota a la compañía pero tan pronto tuvo dinero se puso a invertir en negocios diversificados, incluyendo la aeronáutica, y por poco los lleva a la quiebra otra vez; algo parecido le ocurrió a Jan Carlzon con Scandinavian Airlines. La compañía Iridium, comunicación satelital, tenía conectividad pero no flexibilidad.

Como si fueran chipotes en personajes de caricatura, que aplastas uno y se baja, pero aparece en algún otro lado.

China se ha convertido en la gran maquiladora del mundo provocando una explosión de crecimiento, y de contaminación ambiental. Estados Unidos tiene el sistema económico más fuerte del mundo, pero “el chipote” es que tiene el liderazgo mundial en consumo de drogas. México logró la democracia pero la clase política se convierte en un freno para el desarrollo.

Un vector implica otra en la dirección opuesta: expansión versus consolidación; innovación versus estabilidad; rentabilidad versus liquidez; variedad versus eficiencia; diversificación de mercado versus penetración. Cada característica positiva a nivel estratégico, trae consigo una semilla de desventaja.

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