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Prohibido Inventar
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Escrito por Horacio Marchand   
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No están entrenados para inventar, están entrenados para administrar.

Si el negocio tuviese alma tendría que ser la oportunidad sobre la que originalmente se constituyó. Una oportunidad es el equivalente al soplo divino; del tamaño que sea la oportunidad, de ese tamaño será el negocio (o debería tener), así como el margen de comercialización y el futuro de la empresa.

La oportunidad está definida por una necesidad insatisfecha en el mercado a la cual competitivamente se le asignan recursos. Una oportunidad pasa por los siguientes pasos (aunque no necesariamente en este orden): 1.- detección 2.- exploración, 3.-prueba, 4.- inversión, 5.- administración.

Típicamente los dueños de los negocios están en las primeras cuatro y dejan en las manos de administradores la número cinco.

Y eso puede ser un problema: el mundo de los negocios está repleto de personas calificadas para administrar, no para buscar y explotar oportunidades. Al operar una compañía los administradores se aplican a hacer lo que su entrenamiento les enseñó: bajar gastos, incrementar eficiencia, cuidar la operación.

Y la mejor forma de administrar algo es a través de la estandarización, el establecimiento de rutinas y prácticas, homologación. La consecuencia implícita es restarle flexibilidad a la empresa, eliminando de pasada el “olfato” y la sensibilidad hacia nuevas oportunidades.

Los administradores acaban envueltos en una disciplina de housekeeping, de mantener lo que ya está, de hacerlo lo más rentable posible.

Para crecer se enfocan a replicar y multiplicar el modelo de negocio actual, que ya está probado, a través de diversos esquemas de expansión por el mundo entero.

Y eso no está mal; la administración eficiente de recursos y la expansión requiere de talento y no es cosa sencilla pero el tema es cuando todo el talento se enfoca a esto, entonces ya nadie inventa nada. Se pierde la capacidad de imaginación y sin ella no puede haber innovación y mucho menos estrategia. Se dejan de ponderar oportunidades de mercado, no se sopesan insights comerciales. Es que este proceso no tiene recompensa, lo que es más, interfiere con la operación.

Lo importante es irrelevante ante lo urgente y se deja de hacer. No hay holgura de nada, no hay tiempo para pensar, menos para explorar.

Ah, pero cuando el modelo de negocio se empieza a agotar, cuando la expansión ya no alcanza a cubrir la erosión, cuando la oportunidad original sobre la cual se diseñó el negocio muta, entonces se presiona a los directivos a que “inventen algo”, pero no pueden.

No están entrenados para inventar, están entrenados para administrar. La imaginación la tienen apagada, la capacidad de articular rumbos abstractos les parece incomprensible y recurren, por diseño, a lo mismo de siempre: corridas financieras, extrapolaciones, prácticas incrementalistas, presentaciones estériles tipo SWOT (FODA) en power point.

Ante la frustración y la caída se ponen a hacer, con más ahínco, lo mismo de siempre. Se disparan iniciativas a diestra y siniestra. Se pone la gente marcial, se recortan gastos, se aprietan tuercas, se ensimisman con “nuevas” políticas de personal, y acaba por reforzarse el círculo vicioso del distanciamiento del mercado. Para curar la culpa, mandan hacer investigaciones de mercado que guardan en el librero y acaban por cubrirse de polvo. La organización se desgasta. Se hace cínica al cambio. Los subordinados saben que los directivos “no le atinan” al problema; a los jefes se les puede engañar pero nunca a los subordinados.

Moverse de la cifra dura a la cifra suave confunde a los directivos; pensar en abstracto, en lugar de lo concreto, los descarrila; hablar de oportunidad en lugar de Utilidad Neta los incomoda.

La organización acaba por burocratizarse. Y la burocracia tiene como primer principio el de mantenerse y subsistir; adquiere vida propia y dicta prioridades. Esta entidad maneja a los individuos, en lugar de que los individuos manejen a la entidad.

La inercia se afianza, la trayectoria es cada vez más evidente. Entonces lo que sigue es una crisis en dos posibles vertientes.

La primera, ante la crisis los directivos se aferran en impactar a lo cuantitativo con esquemas incrementalistas: más, menos. La caída no se detiene hasta que llega el final.

La segunda, rompiendo con años de entrenamiento administrativo, los directivos se hacen emprendedores dentro de su organización y le ponen nombre a la crisis, la llevan a la mesa, generan un sentido de urgencia. Se sacude a la organización, se refuerza la discusión de lo cualitativo, se reenfocan esfuerzos hacia el mercado, se “bajan” y lo tocan. Incorporan métricas suaves, empezando por la satisfacción del cliente. Se recupera el paso.

Aliviados se preguntan ¿cómo fue que nos metimos en este problema? ¿Qué hacer para que no nos vuelva a pasar?

Artículo leído: 3687 veces.
Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (4)add comment

Carlos Candia said:

Desarrollar tecnologia y nuevos productos a veces es como amar a dios en tierra de indios
Estimado Horacio,
No me canso de leer tus articulos, actualmente soy gerente de Innovacion en una empresa transnacional con operación en MTY. Agregaria a tus comentarios el hecho que innovar se vuelve un arte de malabarismo, mis mejores y mas grandes proyectos han sido subersivos, sin que la alta gerencia se de cuenta, y de repente... "pum" saco el proyecto. De otra manera las empresas "castran" los proyectos, Frases como "Si me entero que trabajas en ese proyecto te corro!", o "Ese proyecto no es prioridad" Como van a destinar varios millones de pesos al "azar" del desarrollo de productos???. Gracias por compartir sabiduria!!!
 
agosto 01, 2011
Votos: +0

EXATEC said:

...
Muy buen articulo!!! !00% realidad.
 
agosto 04, 2011
Votos: +0

Alejandro Salinas said:

LA INVENTIVA COMO ACTITUD.
Muchas veces, el colaborador considera que una idea en si misma es un negocio. Entonces este feliz individuo se acerca a sus jefes y les comparte su revolucionaria idea con gran entusiasmo y esperanza. Qué sorpresa se lleva al ver que esa gran idea, con la que el negocio saldría adelante, sólo obtiene un “hey, suena bien…”.
A la inmensa mayoría de las personas les cuesta mucho trabajo reconocer que una idea no es un negocio.
Deseo proponer los valores que deben subyacer a la inventiva vista no como capacidad o habilidad, sino como actitud:
Formalidad: Aceptemos algo. Entre más bajo sea tu nivel jerárquico en una organización, más formal debe ser la presentación de tu propuesta. Es cierto, muchas grandes ideas de negocios globales nacieron en una plática de café con un pequeño mapa mental dibujado en una servilleta, eso está muy bien si eres el dueño y tienes los medios y contactos para su realización, pero si no es así, debes ser formal, primero ante ti mismo, y segundo, ante el individuo al que pretendes persuadir, pues la formalidad te permitirá comprobarte a ti mismo y a los demás, que tu propuesta tiene sentido, es viable, es factible, es deseable y es pertinente. Si al final de una deslumbrante presentación quieres darte el lujo de enseñar tu mapita mental en una servilleta para sentirte Herb Kelleher, adelante, puedes hacerlo, pero antes, dale sustento formal a tu idea. Si te tomas en serio, los demás te tomarán en serio.
Paciencia: Nada sucede de la noche a la mañana. Si le preguntas al dueño de la empresa donde trabajas, cuanto tiempo y esfuerzo le tomó crearla, te darás cuenta que no es rápido. Bueno, “tu idea” requerirá el mismo tiempo para su maduración. Si no eres capaz de superar la prueba del tiempo, entonces estas demostrando que “tu idea” era tan débil, que antes de enfrentarse a la guerra del mercado, ya había muerto de desesperación en las barracas.
Humildad: Tener ideas es un atributo de todas las personas. Somos entes sociales, culturales, y tenemos en la parte de arriba del cuerpo, exactamente arriba de los hombros, una pelota de sesos que funciona a base de interconexión y asociación. La única manera de ser auténtico autor original de una idea, es habiendo nacido en una isla desierta sin contacto con nadie, de ahí en fuera, todas las ideas son producto de otras ideas, son parte de una evolución de la que todos somos partícipes. Por eso comúnmente escuchas a otros expresar esa idea que pensabas era solo tuya y hasta dices “ah mira, esa era mi idea…”. Pues no, tu idea, no es tu idea, es nuestra idea, es de la humanidad, es de todos. Por lo tanto nunca presentes tu proyecto diciendo “mi idea es esta”, pues por si fuera poco, a los jefes no les gusta financiar con su dinero, las ideas y sueños de otros; se han partido el rostro y les ha costado mucho trabajo crear sus empresas como para que de la nada surja un muchachito que quiera sentarse sobre un montículo de oro sólo por una idea que emergió durante una deliciosa ducha mañanera. Es mejor si comienzas tu presentación diciendo: “En la empresa, todos nos hemos percatado de que existe “x” necesidad/oportunidad, que si es atendida, podría generar “x” beneficios para esta empresa”. Deja de ser “tu idea”, y se convierte en “una necesidad” que “todos ven”. La magia emerge, el jefe sonríe, la posibilidad aflora...
Preparación: Hasta para hacerse de una morra se prepara uno. Vas al gimnasio, te perfumas, te arreglas y ¡¡¡hasta te bañas a diario!!! Bueno, si haces eso por una chica, imagínate lo mucho que debes arreglar tu idea para que conquiste al jefe, el cual todos los días está siendo seducido por las ideas de puro zorrazo en el arte de la persuasión. El tamaño y naturaleza de tu idea, es una clara medida del tamaño y naturaleza de la preparación que necesitas para llevarla a cabo. Sin embargo, hay padres que no merecen a sus hijos… oh sí.
Perseverancia: Estudiando la historia de las invenciones, un patrón que se repite es que ninguna idea por más revolucionaria que sea, es implementada y adoptada socialmente de manera inmediata, más aun, muchas veces hace falta que antes se presenten otros “requerimientos mínimos de sistema” para poder hacerlo. Abrirle paso a lo nuevo puede tomar años. Perseverar significa “Mantenerse constante en la PROSECUCIÓN de lo comenzado, en una actitud o en una opinión.”. Si la prosecución se da, siendo paciente, humilde, formal y orientado a la preparación, tarde o temprano tu rol como intrapreneur se verá recompensado con una primera pero incipiente oportunidad de ser escuchado y tomado en serio. Esa pequeña rendijita luminosa que vez a lo lejos al final del pasillo de la oficina, es algo más que la puertita entreabierta de la sala de juntas, es la pequeña primera oportunidad que se te abre para ser tomado en serio, lo que suceda una vez abriendo de par en par esa puerta, está en ti.
¿Sientes la emocioncita? Bueno, pues ponte a darle.
 
agosto 27, 2011
Votos: +0

Christian Holm said:

importan los centavos y no los pesos.
La filosofia empresarial en una importante cantidad de empresas mexicanas, tiene que ver con un enfoque contable, me gusta describirlo como la optica del cubo, en 3 dimensiones pero cuadrada al final. Es decir, la filosofia de la empresa no esta regida por la invención, se rige por la tediosa locura de los números duros. Nadie se permite arriesgar porque no hay como medirlo, la dinamica de las empresas es 100% social, entonces ¿cómo podemos medir a los humanos por números?. Para mi el error esta en intentar medir todo, cuantificar. Los grandes cambios, siempre vienen acompañados de un alto riesgo. No digo que no se debe planear, la innovación no debe estar sujeta a los pesos y centavos, debe estar sujeta a la necesidad humana de inventar, de imaginar.

saludos Horacio, excelente tu blog!!
 
septiembre 01, 2011
Votos: +0

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