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| Originales |
| Marketing | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 18 de Enero de 2002 09:58 | |||
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En la cafetería de un hotel de Filadelfia está una hostess afro-americana que amablemente te recibe y te sienta en la mesa correspondiente. Lo que intriga es su forma original de vestir: un turbante de muchos colores, una túnica larga y unos aretes grandes de tonos festivos. No parecía una afro-americana nacida en los Estados Unidos, tenía una mística especial de originalidad, autenticidad y relajamiento. El ejecutivo hospedado en el hotel, al tercer día se anima a preguntarle si acababa de llegar de algún país africano, y ella sonriente contestó: "oh no, I was born in south Detroit". ¿Por qué se viste así? Porque forma parte de un movimiento que empezó hace unos 20 años, donde se les invita a los afro-americanos a rescatar la originalidad de su cultura y a mostrarse ante el mundo como únicos y especiales. Esta mujer, aparte de su originalidad en el vestir, llamaba la atención por su porte, su manera de sonreír y sus movimientos ecuánimes. Ella era una original. Una ejecutiva publicista norteamericana fue promovida a hacerse cargo de la oficina en París. Su hija de 16 años, sufrió una crisis; a esa edad dejar atrás amigas y al novio es considerado como fatal; además, su forma de vida iba a cambiar por completo. ¿Qué ropa iba a usar? ¿Cómo entenderle a la moda parisina? Madre e hija se fueron a la calle a observar los atuendos de las jóvenes francesas, y pensaban basarse en eso para comprar la ropa. Al final decidieron que se vestiría igual como lo hacía en los Estados Unidos. Que era cool esa forma de vestir y que simplemente fuera ella. Al principio era el bicho raro, pero con el tiempo, lejos de sentirse desadaptada, sus compañeras empezaron a imitarla y los jóvenes a bombardearla con invitaciones. De repente, se había convertido en moda y era original en este contexto. Hay un deseo natural por ser únicos, distinguirse y una fantasía privada por trascender. Ser diferente es un anhelo que se frena por los convecionalismos sociales o por el script psicológico que se desdobla cuando somos adultos. En los primeros seis años de una persona generalmente se decide si va a ser seria o bromista; triunfadora o perdedora; honesta o mentirosa, etc. Suena duro y determinista, pero es un hecho que lo que forma la personalidad, además del componente genético, es cómo el niño decidió interactuar con el ambiente para sobrevivir. La personalidad es el resultado de la supervivencia de la niñez. Por supuesto que la gente puede cambiar y hacerse consciente de las decisiones que tomó, pero esto no es sencillo, el problema empieza con reconocerlo como una posibilidad. Entre las decisiones más importantes está la de pertenecer, afiliarse y ser normal. Es mejor ser como todos, así se pertenece. Dependiendo del nivel social o el entorno, parece que aspiramos a lo mismo. Como si fuera un diskette que nos hubieran metido en el cerebro. En inglés le llaman the rat race, en español borreguismo. El asunto es atreverse a ser un original. Porque el mundo realmente le pertenece a los originales; a los que se atreven ser, a los que son ellos mismos. Para cierto grupo social la vida de los hombres se podría resumir así: estudiar una carrera, luego una maestría, tener un buen empleo, casarse, tener hijos, nietos y ya. En las mujeres están las que estudian y/o trabajan mientras se casan, y las que estudian porque pueden y quieren trabajar. Desde chicos se dibuja un camino que al desviarnos nos sentimos perdidos, diferentes, raros. ¿Por qué no hacer lo que uno quiere? Si se tuviera todo el dinero y todo el tiempo del mundo, ¿qué haríamos con nuestra vida? Si la respuesta es rápida, sencilla y está enfocada a roles, seguramente no ha existido un cuestionamiento profundo. Es penoso que hombres y mujeres cambian su vida a los cincuenta o setenta porque sufrieron algún accidente o les dio un infarto. Es hasta entonces que deciden vivir o hacer "lo que siempre han querido". Cambian de profesión, de ciudad, de pareja, de filosofía, de hábitos, y es hasta entonces que descubren su potencial de ser originales. Ser un original tiene su costo. No siempre se tiene éxito, no es fácil lidiar con un entorno cuyas métricas están enfocadas a la normalidad estadística. Incluso en el camino de ser uno mismo hasta los grandes también sufren, ahí están Van Gogh, Mozart, Allan Poe, Nietsche, Gandhi. Pero en cualquier caso la vida no es sencilla, está llena de lucha, victorias, fracasos y sufrimiento. Si como quiera es así, pues mejor vivir en la pelea por ser uno mismo, que en la pelea por ser alguien que ni conocemos o que decidimos ser en otro contexto y en otra edad. Inspirado en un modelo de Warren Bennis, gurú de liderazgo, a continuación se generan algunas distinciones entre una persona que pudiera calificarse como copia (uno más del montón) y un original. Se aclara que el juicio sobre si una persona, o empresa para el caso, es una copia o una original, reside exclusivamente en la persona misma. Una copia administra, un original innova. Una copia mantiene, un original desarrolla. Una copia se controla y quiere controlar; un original se libera. Una copia piensa en el corto plazo; un original en el largo. Una copia pregunta cómo y cuándo; un original pregunta qué y por qué. Una copia acepta el status quo; un original lo reta. Una copia se mide conforme a las métricas predominantes; un original las inventa. Una copia hace las cosas bien; un original hace cosas únicas. Una copia cumple un rol; el original inventa su propio rol. En los negocios Jack Trout lo resume diciendo: diferenciarse o morir. En lo personal se podría decir que es mejor vivir una vocación y ser un original, que pasar por la vida sin haberla realmente vivido. Artículo leído: 1613 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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