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| Un Buen Cuento |
| Marketing | |||
| Escrito por Horacio Marchand | |||
| Viernes 17 de Abril de 1998 10:27 | |||
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A un país, a una empresa, a una persona, se le puede conocer por el tipo de historias que cuenta, por los héroes que admira y por las características de los que consideran villanos. No hay nada como un buen cuento. Nada. Desde pequeños nuestros hijos condicionan la hora de dormir a que se les cuente un cuento. Y desde hace cinco mil años la civilización se desarrolló en torno a los viejos narradores de historias alrededor del fuego entreteniendo gentes con relatos de guerra y triunfo. Una buena historia ilustra, inspira, mueve y produce. Por ejemplo, ninguna cultura idealiza tanto a los empresarios como Estados Unidos. El american dream habla de hacerla, de triunfar, de acaudalar riqueza. La afición a los hombres de negocio es evidente. Pocas cosas tan interesantes cuentan los norteamericanos como la vida de Warren Buffet, Donald Trump, Ted Turner, David Rockefeller, Malcolm Forbes o Bill Gates. Algo mucho más interesante es la afirmación de Claude Steiner, un discípulo del desaparecido Eric Berne, fundador del Análisis Transaccional, que afirma que las gentes, como los actores de cine, vivimos un script o guión de vida que nos formamos en los primeros años de vida, y que posteriormente nos dedicamos a vivirlo. En otras palabras, decidimos la historia de nuestra vida antes de los 10 años, y nos dedicamos a vivirla el resto de nuestros días. Hacemos imágenes mentales de nuestra vida y las reproducimos y desdoblamos después. Bajo esta perspectiva, un triunfador simplemente vive la historia de triunfo que visualizó, consciente o inconscientemente desde pequeño; un perdedor lleno de vicios se derrotó desde muy temprana edad, ya que así escribió la historia de su trayectoria. Una misión o una visión en la empresa sirve justamente para eso, para que los empleados vean la historia de la empresa hacia el futuro y para que la hagan realidad. Nada cautiva como una buena historia para construirla. Los líderes excelentes, según algunas investigaciones, son excelentes para contar cuentos, hacer analogías y utilizar metáforas. Uno de los ejemplos clásicos es la historia que contó John F. Kennedy en relación a la conquista de la luna, dijo: ôantes de que termine la década de los 60, llevaremos a un hombre a la luna, y lo traeremos sano y salvo a la tierraö. Sencillo, directo y claro. Se cuenta una historia, se comprende por todos (entre más sencilla mejor), se visualiza por todos, y cada quién sabe lo que tiene que hacer para que el cuento se desdoble y ocurra tal y como se describió. Cómo olvidar al Maquío Clouthier con su lenguaje directo y franco, cómo olvidar a Luis Donaldo Colosio. Y respecto a Carlos Salinas de Gortari, en lo único en lo que no hay controversia es en reconocer la facilidad para comunicarse y contar historias de un país triunfador y desarrollado (México: el nuevo tigre latinoamericano), y esto convenció no solo a mexicanos sino a extranjeros. Tampoco podemos dejar de mencionar la facilidad con la que Ronald Reagan, actor de cine en otros tiempos, utilizaba metáforas que claramente señalaban el rumbo de la nación más poderosa del mundo. Los grandes líderes, y las grandes ideas, comunican imágenes claras a través de sencillas narrativas. La Biblia y la historia del cristianismo es un compendio de buenas historias. Sansón y Dalila, Caín y Abel, David y Goliat, Adán y Eva, Noé y su arca, Moisés y los Diez Mandamientos. Una de las más grandes religiones del mundo construida en base a historias con las que todos nos podemos relacionar, que podemos contar, con las que nos podemos identificar. Fantástico. La alineación del personal de una empresa o de cualquier grupo depende del grado de articulación que se dé sobre la misión que se persigue y la forma en que se comunica y se vende dentro de la organización. Contar el cuento de la empresa exitosa es una forma poderosa de centrar a la compañía. Pero contarlo una vez no basta. Hay que contarlo muchas. Además contarlo con pasión, con convencimiento. Se tiene que crear una mística alrededor de la historia. ¿Cuál es la historia de tu vida? ¿Hay algún común denominador, existen patrones o tendencias? ¿Cuál es la historia que se está escribiendo en la empresa en la que trabajas? ¿Es una historia positiva, fuerte, orgullosa? ¿O es una historia vaga, gris y sin dirección? La gente procesa en imágenes. Aunque la neurolingüística nos dice que hay gentes visuales, auditivas y kinestéticas, la realidad es que la predominancia visual del mundo actual es impresionante. Una buena historia es una excelente guía Todos aprendemos de alguien y de sus historias. Imitamos, consciente o inconscientemente. Nuestros modelos pueden ser los Power Rangers, Barbie, La Sirenita, Hércules; así como Claudia Schiffer, Angeles Mastretta, Salma Hayek. En otro plano, nuestros modelos pueden ser Eugenio Garza Sada, Carlos Slim, Juan Sánchez Navarro. No hay nada como ser parte de una buena historia. No hay nada como ser uno de los héroes de la película. Limosneros convertidos en príncipes, nobles llenos de humildad, guerreros con buen corazón, luchando, triunfando. Que no nos den, que mejor nos inviten a formar parte de un buen cuento. Y que con el tiempo nuestra historia sea parte de las que se cuentan alrededor del fuego. Queremos líderes que convenzan, que seduzcan nuestro intelecto y que muevan nuestra emoción. Todos queremos ser parte de una buena historia. Artículo leído: 1368 veces. Te invitamos a participar opinando en la sección de Comentarios (0)
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