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Ego-lógico Descargar como PDF
Escrito por Horacio Marchand   
Viernes 18 de Diciembre de 2009 12:07
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Entre el genio y el loco, el persistente y el terco, la auto-estima y el narcisismo, hay un filito muy delgado que a veces no se alcanza ni a ver.

Aclaro que no he visto talento que llegue lejos sin un toque de vanidad y es muy difícil encontrar un líder que no tenga un ego fuerte y dominante. Es que un líder requiere de auto-estima y seguridad en él o ella misma, pero ¿dónde está la frontera?

¿En qué momento, o en qué grado, un ego productivo se convierte en narcisista? ¿En uno maníaco y autodestructivo que se lleva a una organización, o incluso a un País en el caso de la política, al abismo?

Algunos ejemplos a considerar: Jean Marie Messier, otrora líder de Vivendi Universal, celebrado en un tiempo por la expansión excepcional del conglomerado (a través de adquisiciones y deuda) por poco lo lleva a la quiebra; el consejo de administración optó por removerlo de su puesto.

Lee Iaccoca salva a Chrysler pero es despedido por su plan de diversificación y algo parecido le pasa a J. Carlzon de SAS. A la lista se le suman aquellos que en su afán de crecer y acumular gloria tuvieron problemas con la ley: G. Winnick de Global Crossing, K. Lay y J. Skilling de Enron, D. Kozlowski de Tyco, B. Ebbers de WorldCom, entre otros.

El narcisismo está cada vez más en la mesa de discusión y algunos sociólogos la perciben como un mal de esta era: yo, mi, me, conmigo.

Nos hemos condicionado a tenerlo todo, a ser felices, ricos, jóvenes y guapos. Creemos que con dinero casi todo se puede conseguir. Los niños ahora manejan a sus padres y los jóvenes dictan el presupuesto familiar.

Posteamos nuestras fotos y videos en Facebook, enviamos mensajes de lo que hacemos, pensamos, sentimos, en Twitter. Tenemos páginas personales en web y nuestra dimensión pública parece ganarle a la privada.

Hacemos y buscamos éxito con el no aceptado interés de convertirnos en una mini-celebridad en nuestro grupo de referencia y estar un tanto mejor que nuestro prójimo cercano. El "qué dirán" se come a lo que realmente queremos. Y es más, se nos dificulta saber lo que realmente queremos porque estamos montados en un tren a toda velocidad pero que paradójicamente nosotros no diseñamos; es el entorno el que se encargó de instalar las vías y construir el tren.

Como no nos podemos bajar, optamos por acelerar y crecer en ese mismo vector para lograr algo y sobresalir, aunque no sepamos qué.

Narciso, dice el mito griego, era un joven hermosísimo, ensimismado en su belleza que un día, al mirar su reflejo en el agua, se enamoró de su propia imagen y así se quedó hasta su muerte.

El narcisismo entonces se convierte en una conducta que sólo mira a uno mismo sin tomar en cuenta los demás. Se trata de individuos que, en el fondo, se tienen en escasa consideración y que buscan constantemente atención (esquema compensatorio). Algunos psicólogos admiten que este complejo también puede formarse por lo contrario: demasiada atención y halagos en la infancia.

Entre las características de un narcisista están: - Tiende a desarrollar fantasías irreales de poder, dinero, éxito, belleza o amor ideal.

- Cree que es especial y que esto no es comprendido por nadie.

- Requiere admiración constante, y se rodea de gente que lo alabe.

- Se siente merecedor de todo.

- Explota a la gente y no tiene empatía.

- Es altamente sensible a la crítica.

- Niega sus errores.

Este último punto es el más grave de todos desde el punto de vista de liderazgo. Un líder que no tiene la capacidad de aceptar errores, no tiene la capacidad de adueñarse de ellos, y por ende, de solucionarlos.

No basta con que no los solucione sino que busca a chivos expiatorios y los lincha o expulsa, con todo el drama necesario, con la creencia falsa de que expurga al fracaso.

He visto empresas que perdieron momentum, que quedaron sin estrategia y desincronizados del mercado (donde los líderes narcisistas no saben qué hacer), y entonces la energía se vierte hacia dentro y en contra. Se enfilan los chivos y son expulsados con deshonra. Los primeros en la lista son los que muestran iniciativa y dicen lo que piensan.

Finalmente el narcisista se acaba rodeando de gente que agacha la cabeza, que no tiene iniciativa y se dedica a reforzarle su ego alimentando así el templo a la ceguera, donde ya no hay claridad de pensamiento ni perspectiva y el sistema se hace obsoleto hasta que truena.

Si un líder con un gran ego se convierte en narcisista, se convierte en una bomba de tiempo.

horacio@horaciomarchand.com

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Última actualización el Lunes 03 de Mayo de 2010 12:17
 

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