Los jefes, infelizmente, tienden a alejarse de la realidad. Se encierran en sus oficinas, no salen al campo, no van a la fábrica, al almacén u oficinas regionales. Están aislados y solos. El diseño del organigrama lo confirma: todo parte de una sola cabeza y desde ahí se desprenden los directores funcionales.

Nada de esto es tan grave como el que renuncian a hablar con clientes ya que, a final de cuentas, "para eso tienen gente". Tampoco hablan con la fuerza de ventas que recorre el territorio enfrentando llamadas no devueltas o puertas que se niegan a abrir. Además, se envuelven en presentaciones de Power Point y parecen manejar el negocio a base de filminas no auditadas.

Esa parece ser la naturaleza de la jerarquía: oficinas aisladas de la operación y secretarias para filtrar llamadas indeseables y bloquear citas a cualquiera que no sea de su círculo establecido. De ahí que entre más se aíslan, más tienen la necesidad de confiar en su cuerpo directivo y, en especial, de su mano derecha.

La mano derecha, esa persona sobre la cual el líder descansa, delega y frecuentemente se hace acompañar, adicionalmente tiene la responsabilidad de disparar iniciativas al resto del equipo.

Por eso es clave que al analizar una empresa, además de observar cuestiones de mercado, industria y competencia, se observe al equipo directivo y en particular al que está cerca del director general. Una buena mano derecha es una bendición, y una mala, una maldición. Por ejemplo, están los llamados yes-men que lo único que hacen es coincidir y alabar los juicios y decisiones de sus jefes, independientemente de lo acertados o relevantes que sean. Sí señor, qué buena idea, lo felicito, sí adelante; se convierten en acaricia-egos que actúan bajo su propio interés y la preservación del statu quo, ajenos a las dinámicas del entorno y al vertiginoso cambio que sufren todo tipo de industrias.

Esta situación provoca a su vez otro fenómeno: el group think que consiste en que cada miembro del grupo conforma su opinión hacia el consenso comunitario en aras de la cohesión y un espíritu de solidaridad. Esto puede ser gratificante en el corto plazo pero auto-destructivo en el mediano. "Seguir la corriente" acaba por estandarizar a sus miembros y evita conflictos y tensión: al precipicio, pero tomados de la mano. ¿Qué perfil tienen esas manos derechas? ¿Qué tipología pudiera delinearse, por qué razones se tiene cerca a este tipo de personas? Me permito proponer cuatro que espero sirvan de discusión.

Competencia. Se tiene cerca a esta persona por su conocimiento del negocio, experiencia y buen juicio. Ser competente en estos días implica una cierta robustez académica y, sobre todo, lucidez. Este es un ejecutivo que piensa "fuera de la caja" y sirve como referencia y cuidado del mono-pensamiento. Puede opinar diferente al jefe y utiliza argumentos persuasivos para influir en su pensamiento y toma de decisiones.

Compatibilidad. Esta mano derecha es la favorita para conversar y pasar el tiempo; ya sea para temas de negocio o asuntos personales. Típicamente este individuo y su jefe han realizado viajes juntos, conocen a sus respectivas familias, intercambian regalos navideños y para ponerlo sencillo, se caen bien.

Carisma. Si el jefe no es carismático, ni extrovertido o le cuesta trabajo lidiar con la gente, se busca una mano derecha que sí lo sea. Que lo complemente, que no tenga problema de hablar en público y de inspirar al equipo hacia la dirección correcta. En ocasiones el carisma es tan importante que incluso puede minimizar la falta de competencia.

Confianza. Es obvio. Si no hay confianza difícilmente habrá algo más. Una falla a la confianza es el fin de la mano derecha. Se le puede perdonar por un error en la toma de decisiones, por antipático o caprichoso, pero nunca por una pérdida de confianza.

Si alguno de estos cuatro elementos es lo suficientemente fuerte y complementario del jefe, será razón suficiente para que se le tenga cerca. Conviene resaltar la parte complementaria porque por ejemplo, un líder carismático valorará más a uno competente que tener a otro carismático al lado. Lo deseable naturalmente es que las manos derechas tengan los cuatro elementos en un grado o en otro.

El interés por preservar el statu quo grupal le puede ganar a la eficacia de la organización. El trabajo en equipo es deseable, pero el exceso coarta a la innovación, al pensamiento original y la orientación exploratoria. Los segundos de abordo suelen ser la esencia del primero.


Texto generado sin IA

Siguiente
Siguiente

La lucidez empieza contigo